Durante la catastrófica inundación del 28 de junio de 1954, en Piedras Negras se presentaron algunos hechos heroicos de personas que arriesgaron sus vidas para salvar las de otros.
José Eduardo Schober Fregoso, mazatleco, meteorologista de carrera y radio aficionado, había llegado a Piedras Negras el 7 de septiembre de 1942, donde fundó el Observatorio Meteorológico de la SARH. El 26 de junio, se había alertado de que se acercaba un fuerte golpe de agua que inundaría la población, el día 27, el Sr. Schober, entonces de 53 años de edad, tomó la determinación de resguardar a su esposa con un embarazo de 3 meses y a su hijo de un año de edad, en el aeródromo de la ciudad, ubicado en las partes altas, donde estuvieron las instalaciones de la Feria Regional y actualmente la base de la Policía Preventiva, luego regresó a su domicilio en la calle de Juárez No. 23, trepó al techo de dos aguas de su vivienda de 5 metros de altura, acompañado de su radiotransmisor, dos acumuladores eléctricos de automóvil, agua y algunos bocadillos.
Ahí le sorprendió la inundación y desde ese sitio, se tuvo el único contacto con el exterior.
Su radiotransmisor, utilizando sus siglas de XE2NS dirigió las operaciones de rescate y salvamento de quienes todavía luchaban por escapar de las aguas, además de informar al exterior sobre la situación real que guardaba la ciudad.
El techo de su vivienda estuvo a punto de ser derribado por grandes árboles arrastrados por las aguas a gran velocidad y de ser cubierto por la inundación, esa noche conversó con su vecino José Galván desde los techos de sus viviendas, quien posteriormente fue entrevistado por un reportero norteamericano de una revista de San Antonio, Texas, que tenía su residencia en la acera de enfrente, en la esquina con la calle Xicoténcatl y se animaron mutuamente, se negó a ser rescatado y prefirió arriesgar su vida, que apagar su radiotransmisor, fue la única fuente veraz que desmentían las informaciones nacionales, de que la ciudad había muerto y que podía ser borrada del mapa.
Suspendió su labor hasta que las aguas bajaron al mediodía del día siguiente.
En octubre de ese año, la Liga Mexicana de Radio Experimentadores, A.C. le entregó en emotiva ceremonia un reconocimiento y una hermosa medalla al valor y heroísmo. Su hijo de un año de edad, que puso en resguardo junto con su madre, era yo, José Eduardo Schober, era mi padre. Piedras Negras, aún, no le han hecho justicia.
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