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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 27 de septiembre del 2025 a las 08:12
José Sánchez Ramírez | Saltillo, Coah.- En la colonia La Salle, donde el viento arrastra ecos de jugadas pasadas y el polvo del emparrillado se confunde con los sueños de los niños, late una historia que comenzó en 1972. Cafés de Bóxer, fundado por las familias Solís Galindo y Martínez Muñoz, son más que un equipo, son un símbolo de resistencia, de pasión y de un amor sin fecha de caducidad por el futbol americano.
Desde su primera sede en el Colegio México, Bóxer ha escrito capítulos cargados de gloria contenida, con subcampeonatos que duelen como cicatrices, pero que también forjan carácter, durante más de cinco décadas han sido rivales eternos de las Águilas de Saltillo, compartiendo vecindad en la zona de La Salle, donde sus entrenamientos en la Laguna de Bacalar se han convertido en un santuario para quienes sueñan con levantar el trofeo que tanto se les ha negado.

El legado del equipo
Hoy, el presente del club se escribe con tinta fresca, Miguel Rodríguez, su nuevo presidente, encara con expectativa y entusiasmo su primera temporada al frente de esta institución legendaria. Su misión no es sencilla, cambiar el destino de un equipo que ha acariciado la gloria, pero nunca ha logrado cerrar el ciclo.
A su lado, Ramón Rocamontes de la Peña lleva el timón, hace cuatro años asumió el rol de entrenador en jefe tras haber defendido los colores de Bóxer dos décadas atrás, su visión es clara, formar no sólo jugadores, sino hombres y mujeres de carácter.
“
Trabajo, lealtad, juego limpio, valores y hacer siempre bien las cosas, ese es el legado que quiero dejar en Bóxer”, afirmó con orgullo De la Peña, respaldado por el apoyo de los padres de familia y una nueva directiva que sueña en grande.
El club también apuesta por el futuro académico de sus jugadores. Rocamontes lo dejó claro. “Lo más importante es que nuestros chicos desarrollen capacidades para ser buenas personas y puedan lograr becas para sus carreras universitarias”.

Su propia historia
Nicolás, linebacker en la categoría Moscos, carga no sólo el peso de las tacleadas, sino también el orgullo de sus abuelos que lo siguen desde la grada.
La historia de Nico comenzó con un tropiezo, una fractura en su primer año lo obligó a pasar por quirófano, pero esa adversidad sólo lo hizo más fuerte. Hoy, el niño que alguna vez lloró por no poder jugar, es un guerrero que inspira a sus compañeros, ejemplo del espíritu Bóxer, caerse, levantarse y nunca rendirse.
En otro rincón del campo, Jessica Sánchez alienta a sus hijos Lian y Zoé Trejo, así como a su sobrino Dylan. “Este deporte les ha quitado muchos miedos, los ha hecho disciplinados y felices”, cuenta emocionada. Su hija, que antes animaba como porrista, ahora entra al campo con casco y hombreras, demostrando que la pasión no tiene
un límite.
Alejandro García, corredor de apenas 10 años, representa esa chispa de inocencia que mantiene vivo el legado. “De grande me gustaría jugar en Dinos, es mi equipo favorito, ahí juegan mis jugadores favoritos”, dice con una sonrisa tímida, mientras recuerda a sus abuelos, “Chompi” y “Lalo”, quienes lo inspiran en cada carrera para nunca quedarse atrás.
Mateo Rodríguez Ávila es otra joya en formación, considerado el mejor corredor infantil de la Afais, este joven prodigio ya rompió récords la temporada pasada. “Sí y sí, a romper más marcas y tratar de ganar un campeonato este año”, afirmó con seguridad, también es fanático de los Jefes de Kansas City, y admirador de Patrick Mahomes, por ello sueña con vestir el uniforme de Dinos.

Padres, pieza clave
Las madres y padres son piezas esenciales. “A todos los que conozco y quiero les mando un saludo, en especial a mi mamá Brenda”, agregó Mateo. Así apoyan desde las gradas y forjando en sus hijos valores de respeto y esfuerzo.
La pasión que envuelve al club café se refleja en sus tribunas, donde las emociones hierven en cada jugada, Jennifer Martínez, madre de Nicolás e Isaac, vive cada temporada como una montaña rusa. “Me siento muy orgullosa de que mis hijos porten estos colores, me dan ganas de llorar al verlos sobresalir”.
En la Laguna de Bacalar, el rugido de las tacleadas se mezcla con palabras de aliento, convirtiendo cada entrenamiento en una lección de vida, por ello el Head Coach Ramón cuenta con ellos hasta el final, estar unidos contra todo.

El legado de más de 50 años se construye en esas historias pequeñas, un niño que se levanta después de una caída, una niña que se atreve a enfundarse el casco, un joven que sueña con una beca universitaria, en Bóxer, el éxito no se mide solo en trofeos, sino en carácter que los transforma en soñadores.
La rivalidad con Águilas de Saltillo sigue siendo el hilo conductor de su historia, vecinos y amigos de barrio, enemigos en el campo, ambos clubes han convertido sus enfrentamientos en clásicos que paralizan a la comunidad. Pero en cada partido, más allá de la competencia, se siente el respeto entre dos instituciones que llevan medio siglo empujando el crecimiento del fútbol americano en Saltillo.
Hoy, el “Coraje sin Correa” sigue intacto, Bóxer es un club que no necesita trofeos para ser leyenda, su historia está escrita en cicatrices, risas, lágrimas y abrazos. Aunque el anillo de campeonato aún se resista, el espíritu de lucha de esta familia es la mayor prueba de que en el fútbol americano, como en la vida, la verdadera victoria está en siempre intentarlo.
Cafés de Bóxer
Fundación: 1972
Presidente: Miguel Rodríguez
Socios fundadores: Las familias Solís Galindo y Martínez Muñoz
Lema: “Trabajo, lealtad, juego limpio, valores y hacer siempre bien las cosas”
Acérrimo rival: Águilas de Saltillo
Entrenamientos: Campos en Laguna del Bacalar
Aunque el título se le ha negado, Cafés de Bóxer sigue en búsqueda de lograr su primer campeonato en Afais
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