En la columna pasada se relató cómo fue que El Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, se convirtió el el líder y comandante del movimiento insurgente. Ya que los mexicanos debemos recordar y ser conscientes del desarrollo y acontecimientos de nuestra lucha de Independencia, considero que no es necesario hacer un recuento puntual de lo acaecido paso a paso, sin embargo hay que hacer notar que el Ejército Insurgente creció con gran rapidez hasta llegar a contar con 70 mil integrantes, y que después de grandes triunfos empezó a perder batallas importantes y decisivas contra el sanguinario comandante de las fuerzas realistas, Félix María Calleja, —quien por sus contundente triunfos, eventualmente fue nombrado virrey de la Nueva España—. La derrota decisiva del Ejército Independista fue la del 16 de enero de 1811, en Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, Jalisco, lo que propició que los líderes insurgentes tuvieran que desplazarse hacia el norte, hacia los territorios de Coahuila, Nuevo León y Texas, donde eran respaldados. Los rebeldes se dirigieron primero a Zacatecas y luego a Saltillo, donde decidieron dirigirse a EU de América para comprar armas. Llegaron a Saltillo, el 5 de marzo, donde recibieron el ofrecimiento de un indulto decretado por el virrey Francisco Venegas, beneficio que fue rechazado por Hidalgo y Allende con la siguiente expresión: “El indulto es para los criminales, no para los defensores de la Patria”. La historia de la humanidad esta dictaminada por la aparición e intervención en ella de grandes mujeres y hombres, grandes héroes y heroínas, y como contraste, la nefasta participación de grandes y cobardes traidores, grandes miserables, en medio están los políticos, y cada uno define, no con sus palabras, sino con sus hechos y acciones trascendentes, de qué lado de la historia se posicionan y serán juzgados eternamente. Y en contraposición con la heroica respuesta de Hidalgo y Allende al indulto del virrey, daremos cuenta a la artera acción cometida por Francisco Elizondo.
El 17 de marzo de 1811, Hidalgo y su grupo sale de Saltillo y se dirige a Monclova, después de transitar lugares desérticos y sin agua, en el camino fueron informados que el criollo, y capitán de milicias realistas, Francisco Elizondo, se había pasado al bando Insurgente y los invitaba a pasar a Acatita de Baján para reunir aliados, descansar y reabastecerse de agua y provisiones. A las 9 de la mañana del día 21 de marzo de 1811, los Insurgentes llegaron a su destino, sin embargo, atrás de una loma, se encontraba el traidor Ignacio Elizondo con 350 soldados realistas que por sorpresa atacaron a los insurgentes quienes fueron tomados prisioneros, en la refriega fue muerto el hijo de Allende, Indalecio.
Acatita de Baján, Coahuila, es conocido y famoso por esta execrable acción, sin embargo, yo creo que muchos mexicanos, e inclusive coahuilenses, —incluyéndome a mí— no sabemos exactamente dónde se encuentra esta pequeña población, que inclusive a la fecha cuenta con muy escasos habitantes, desde entonces, a la fecha, según los censos efectuados, siguen habitando este lugar alrededor de sólo 40 habitantes. Las Norias de Acatita de Baján —como también se le nombra—, está en el municipio de Castaños, a 158 kilómetros de la carretera que va de Saltillo a Monclova, y yo supongo que es poco conocida porque a 18 kilómetros de Castaños es necesario tomar una desviación por una brecha a la derecha, al oriente, rumbo a la carretera de Monterrey a Monclova. Como coloquialmente dicen los propios habitantes del desértico lugar, “están en medio de la nada”. Aun y cuando es este un acontecimiento negativo en nuestra historia, el Gobierno de Coahuila, orgullosamente no puede dejar de resaltar este acontecimiento como parte de nuestro acervo cultural, ya que los insurgentes arribaron a Coahuila porque el estado los respaldaba en su lucha, y por ello dignamente se encuentran ahí un asta bandera junto a un obelisco de 9 metros, este valioso monumento de piedra, en la parte frontal tiene el Escudo Nacional y una placa conmemorativa con los nombres de Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo.
Elizondo, además de robarles a los insurgentes mil 500 pesos en dinero y barras de plata que traían para comprar las armas en EU, el general realista Félix María Calleja, lo felicitó honrándolo por su traición, y como premio, recibió el grado de coronel del Ejército español.
Los héroes luchan hasta el grado de ofrendar sus vidas por nobles ideales y en aras del bien común, del pueblo. Los traidores se conducen con perfidia en busca de recompensas económicas y beneficios personales, sin dudar en realizar acciones ruines en perjuicio de sus congéneres o compatriotas.
En esta época aciaga de nuestra historia nacional, es muy claro distinguir quienes de los políticos mexicanos son héroes o traidores a la patria. En la Biblia dice “Por sus hechos los conoceréis”. ¿Quiénes se han dejado someter por el poder traicionándose a sí mismos, a sus compañeros y al pueblo de México? ¿Quiénes mienten cínicamente y hasta el extremo de la burla día con día? ¿Quiénes han aceptado puestos públicos y hasta gubernaturas por sus viles traiciones? La historia y el pueblo de México consciente ya sabe quiénes son, y tiene su juicio formado.
¿Quiénes serán los siguientestraidores de aquí a las próximas elecciones?
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