Considero que una explicación que puede ser útil por su pragmatismo, para entender la tecnología 5G (Quinta generación de red móvil), es revisar el desarrollo de los teléfonos celulares, hace años esos “aparatitos”, operaban con tecnología llamada 1G, (Primera generación), y sólo podían comunicar a los interlocutores por medio del audio, pero a medida que las innovaciones tecnológicas fueron surgiendo, sus funciones se diversificaban, y se añadían al chip telefónico capacidades como compartir videos, fotografías, y toda clase de amenidades que, ahora ofrecen las redes sociales.
Gracias a la 5G, la capacidad de las comunicaciones, se ha ampliado y sofisticado, será utilizada en intervenciones quirúrgicas remotas, teleasistidas, donde el paciente puede estar en un quirófano de hospital localizado en la Ciudad de México, y el cirujano en Houston, o que una bomba hidráulica o la válvula de un oleoducto, se pueda controlar vía satelital, a muchos kilómetros de la misma. Inclusive la Real Academia de la Lengua Española, en un futuro cercano incorporará a su acervo varias palabras surgidas de la revolución tecnológica, como latencia (tiempo de respuesta de la WEB ante cambios en la cantidad de información).
No obstante, sus beneficios a un sector muy focalizado de la población mundial, no han convencido a un grupo de escépticos, que sin evidencias científicas causales, asocian la 5G, con efectos negativos sanitarios y ecológicos, entre ellos, la susceptibilidad a la exposición de radiaciones electromagnéticas, y que pueden incrementar los riesgos en contraer cáncer, u otro tipo de padecimientos en la salud del usuario internauta. Inclusive han acuñado la frase: teoría de la conspiración, que aventura hipótesis sobre las causas no naturales de Covid-19, el virus durante su manipulación “in-vitro” se salió de control, y rápidamente se trasmitió entre los seres humanos trascendiendo fronteras y culturas, semiparalizando las actividades económica a escala planetaria.
Por otra parte, también son protagonistas y dan su versión sobre el advenimiento del coronavirus, los fobia-capitalistas, aseguran sin pruebas fehacientes, que el sistema económico dominante y depredador es el culpable de la deforestación, la caza furtiva de animales exóticos, contaminación ambiental, y otras actividades legales o proscritas, que atentan contra la sobrevivencia del hombre, atribuyendo el origen de Covid-19, a este tipo de acciones; para ellos (sectores), el incentivo principal es obtener poder político y económico, aunque el ecosistema tierra se desmorone. Todo parece indicar que cada grupo da su opinión, en función de sus beneficios, en ocasiones anteponiendo la ideología sobre la racionalidad; y en otras los intereses de carácter económico y político antes que los aspectos técnicos y sociales. Quizá las opiniones de ambos grupos sean valiosas, y en el futuro ayuden a controlar oportunamente este tipo de propagaciones de virus o bacterias.
No obstante, para los científicos especializados en virología, debe resultar relevante investigar el origen del virus, pero para la mayoría de los seres humanos, lo más trascendente es tener la vacuna al alcance, contra Covid-19, y así poder volver a las actividades cotidianas que restablezcan la dinámica económica y social.
Desde el pensamiento económico los escenarios que se contemplan en la lucha económica para patentar la vacuna contra el terrible virus son sumamente despiadados. Para los “lobbys” farmacéuticos, oligopólicos desde que surgió la mundialización de la economía, representan una fuente abundante de recursos el sacar la vacuna el mercado y que tenga éxito entre la población.
Algunos mal pensados aplican la lógica “tridente” del filósofo Hegel, para ejemplificar la voracidad de los laboratorios: “solución-problema-reacción”. “Explotar” un problema (la letalidad del virus), generar pánico entre los ciudadanos, y ofrecerles una probable solución (vacunas) que alivie o mitigue su enfermedad. Negocio sin desperdicio.
Federico Muller
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