De un tiempo a la fecha, y cuando participamos en alguna mesa en la que se habla de feminismo –que es casi siempre–, uno de los amigos del grupo –al que hoy admiro más por su honestidad– pregunta invariablemente y sin remordimientos después de haber externado su sentir sobre el tema: ¿me expresé correctamente?
Tras muchas negativas a su interrogante, rápidamente empezaban a surgir –en la misma mesa– todas las recomendaciones atinentes al tema. Ahora –después de algún tiempo–, cuando se expresa más acorde a su forma de ser, pensar y actuar, las recomendaciones se hacen de igual forma, pero con la finalidad de que articule aún mejor su criterio, explicándole las diferencias entre feminismo radical, feminismo liberal, feminismo pro sexo, eco feminismo, etc.
¿Cuántos hombres conoce que hacen ese ejercicio? ¿Cuántos analizan, investigan o profundizan en sus preguntas acerca del feminismo? ¿Por qué muchos no participan o no quieren participar? ¿Por qué algunos incluso prefieren el aislamiento de estos temas?
Hoy en nuestro entorno, muchos hombres dicen estar convencidos de los derechos de las mujeres, pero su forma de entender el feminismo varía de manera muy radical.
Cuidar a los hijos, “apoyar” en las labores de la casa o hasta “permitir” que la esposa trabaje, para ellos es estar del lado del feminismo.
No son conscientes de la desigualdad que sufre la mujer, ni la cuestionan. Otros asumen la igualdad, pero no quieren y señalan no querer hablar ni de machismo, ni de feminisimo.
Los avanzados, los que entienden las diferencias entre empoderamiento, lucha de género, patriarcado y estereotipos, pero desafortunadamente solo replican los discursos construidos por mujeres y los expertos –que son muy pocos–, son los que tratan de construir nuevas masculinidades o masculinidades alternativas, sin embargo, estos no han alcanzado una gran influencia social.
¿Por qué hombres y mujeres entendemos el feminismo de manera diferente? ¿Cuál es la causa? ¿El mensaje sobre el feminismo no se comunica eficazmente a los hombres?
Efectivamente, la forma de comunicarnos tiene mucho que ver con la forma en la que los hombres externan su feminismo, para ellos es un ejercicio difícil reconocer su masculinidad, ya que la identidad masculina se ha construido socialmente por siglos.
Su pensamiento, su sentir y su actuar están en función de sus vivencias, su entorno familiar o social, sus valores y principios, deben romper con muchos de sus valores preestablecidos para estar convencidos de la causa.
Por ejemplo: ¿cuántos hombres participaron en el 8M? El feminismo debería estar orientado a romper esas estructuras preconcebidas. No deben los hombres sentirse excluidos de un movimiento feminista, ya que eso también es machismo, los hombres también son víctimas de su propia concepción. La masculinidad tradicional les impone cómo deben actuar, según el estereotipo de su género.
La masculinidad tradicional les dice que solo hay una forma de ser hombre. Fuerte, valiente, rudo, sin mostrar sentimientos. Se basa en cómo lo ven los demás hombres, ya sea en forma consciente o inconsciente, derivado del constructo social.
El cambio de mentalidad para generar nuevas masculinidades no solo debe quedarse en el ámbito personal o individual, debe trascender a las estructuras políticas, educativas y económicas que generen un cambio de mentalidad.
El concepto de nueva masculinidad tiene que ver con el deseo de los varones de crear y vivir en una sociedad igualitaria y estar conscientes en que ser hombre o ser mujer se construye culturalmente.
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