Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Celebran a Joaquín en su cumpleaños Arriba Josefa a sus 50 años Preside Dulce fiesta por su despedida de soltera Arriba Nahiara a la edad de las ilusiones  Maestro limpio

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

Hombres necios…

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 semana

‘Las mujeres son la buena conciencia de nuestra época’.
Jean-Marie Le Clézio

 

 

Con el poema de Sor Juana Inés de la Cruz leído en francés por Melissa Polonie, de la Comédie-Française, empezó el programa de “La Grande Librairie”, uno de los más vistos del canal TV5 de Francia conducido por Augustin Trapenard. Entre los entrevistados -escritores, poetas y periodistas-, se encontraba nada menos que el Premio Nobel de Literatura Jean-Marie Le Clézio (2008). Esa noche, el autor y eterno enamorado de México presentaba su más reciente obra: “Trois Mexique” (“Tres entradas a México”), un homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz, a Juan Rulfo y al historiador Luis González y González. Después de “Le Rêve mexicain ou la pensée interrompue (“El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido”, 1988) y de “Diego y Frida” (1994), optó por escribir estas tres biografías de un país que hoy “está confrontado por la brutalidad de los narcos y del régimen policiaco del vecino del norte”.

Desde que el escritor llegó a México a finales de 1967, se obsesionó con Sor Juana (1648/1651-1695), la figura más importante del siglo XVII, una gran feminista y una monja mestiza que hablaba náhuatl. Le Clézio iba a comer diario a un restaurante regentado por los jerónimos de la congregación a la que pertenecía la poeta. Este establecimiento se encontraba en el interior del Convento de San Jerónimo. No obstante ya no estaba la celda de la Décima Musa, Le Clézio se la imaginaba frente a su ventana escribiendo su poesía. Para entonces, ya había leído prácticamente todas sus obras; más adelante se devoró el libro de Octavio Paz “Las trampas de la fe”: “Me preguntaba si tenía algo que añadir a ese ensayo. Y la respuesta es sí, era la parte mexicana, es decir, la parte indígena de Juana Inés de la Cruz, de la que Octavio Paz no habla, o casi”. Fue en esa época que empezó a traducir algunos de sus poemas.

“Sor Juana estaba entre dos mundos, el prehispánico y el del mundo del Siglo de Oro español. A los 17 años, decide entrar a un convento para educarse y como un refugio estratégico para defender su derecho al conocimiento y a la escritura. Fue la primera en declarar que México era un país mestizo, y la primera en ver por las mujeres y decir que tenían derecho de expresarse. En virtud de su audacia, su sinceridad y su entrega, es la primera autora moderna que afirma la libertad de las mujeres”, dice Le Clézio

Hay que decir que Sor Juana siempre mantuvo la negación del matrimonio. No quiso casarse porque quería saber. De niña se sentía sola y perdida entre los mayores; andando el tiempo se convirtió en una muchacha muy solitaria y decidió cambiar el bullicio del mundo por el de claustro. El convento se le apareció como la solución a su dilema. Si verdaderamente su destino eran las letras, no podía ser ni letrada casada, ni letrada soltera. En cambio sí podía ser monja letrada. Por ello tomó los votos el 24 de febrero de 1669, antes de cumplir 21 años.

Cuando los grandes estudiosos de Sor Juana nos hablan de su poesía amorosa, nos dicen que, de un modo u otro, la poeta supo del amor quizá antes de ordenarse como monja. Leamos lo que dice al respecto Octavio Paz en su maravilloso libro “Las trampas de la fe”: “Su vida erótica fue casi enteramente imaginaria, sin que por esto haya carecido de realidad e intensidad”. Cuando sus superiores le reclamaban acerca de sus poemas humorísticos o bien eróticos, Sor Juana contestaba que ella escribía porque casi se le daban los versos de manera natural, pero sobre todo porque se los pedían. Si los virreyes le solicitaban uno que otro soneto, ella los tenía que hacer, y además estaba obligada a hacerlos según las convenciones. Eso quería decir que se tenía que presentar como una sierva, como una admiradora y una servidora.

El próximo domingo 8 de marzo, les recomiendo a todas mis lectoras que lean en voz alta y fuerte el poema de Sor Juana “Redondillas”, que como saben comienza así:

 

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 23 horas

La Copa del T-MEC y la desunión

Hace 23 horas

Cifras sospechosas

Hace 23 horas

Pemex define el déficit