Saltillo

Publicado el domingo, 5 de julio del 2026 a las 06:11
Parras.- Al conmemorarse este año el centenario del inicio de la Guerra Cristera (1926-1929) entre agosto y diciembre se registraron 64 levantamientos, principalmente en Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas. En Coahuila, los mártires cristeros de Parras tomaron las armas los primeros días de enero de 1927, varios fueron apresados y ejecutados el día 10 de ese mes.
Previamente, el presidente de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa de Parras, Francisco Guzmán Hernández, e integrantes de la Acción Católica Juvenil Mexicana (ACJM) de Parras, reunían firmas para pedir al Congreso de la Unión reformar los artículos de la Constitución que atentaban contra la libertad religiosa.
El 31 de julio de 1926, entró en vigor la Ley Sobre Delitos y Faltas en Materia de Culto Religioso, del presidente Plutarco Elías Calles, que impedía enseñar religión en escuelas y limitaba el número de sacerdotes, a quienes prohibía criticar al gobierno y vestir hábitos afuera de los templos, entre otras restricciones.

Por recabar firmas, Francisco Guzmán Hernández fue apresado y enviado a Torreón, días después fue liberado y regresó a Parras. En otra ocasión el alcalde Jesús Adame ordenó encarcelar a Isidro Pérez Vázquez y Ricardo Morales Padilla, miembros de la ACJM, y luego los dejó libres.
La ACJM de Parras publicaba el periódico semanario Gladius, cuyo último número apareció el 19 de septiembre de 1926, el cual dirigían Benito Ceballos, Manuel Avila Verástegui y Emilio Vargas, hijo de Pedro Vargas, dueño de la imprenta, y el boletín lo vendían en dos centavos.
El 2 de enero de 1927 se reunieron 35 personas en una casa para prepararse espiritualmente antes de tomar las armas, y pidieron al padre Bernardo Portas darles un retiro espiritual, porque ya sólo quedaba la lucha armada para defender la fe católica.
El 3 de enero, en el kiosco de la Plaza Hidalgo se levantó un altar, donde el padre celebró la eucaristía. Los cristeros, llamados libertadores por los callistas, a la hora de la consagración presentaron armas y gritaron “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Papa!”, refiere el libro “Cristeros en El Cedrito y en Parras de la Fuente, Coahuila”, de varios autores.
Los cristeros tomaron la ciudad, desarmaron a la policía y un grupo se dirigió a uno de los cerros ubicados al sur de la ciudad para combatir contra tropas federales. El mando cristero estaba a cargo de Antonio Muñiz y lo acompañaban Isidro Pérez Vázquez, Francisco Guzmán y los hermanos Francisco y José Fuantos Solís.
Salieron rumbo al rancho de La Soledad, donde hoy están las Bodegas Barrio Viejo, para organizarse y juntaron poco más de 400 hombres, quienes se enfrentaron a las fuerzas federales en el cañón de La Cachetada. Los cristeros fueron derrotados.
De quienes se salvaron, los de a caballo se dirigieron a Zacatecas, y los de infantería caminaron rumbo a la serranía. Manuel Avila Verástegui y Ricardo Morales Padilla (1906-1927) se unieron a los cristeros de San Luis Potosí. Murieron en combate en la sierra Santa María, en Río Verde.

El día 8, los soldados tomaron prisioneros a un grupo de cristeros, los torturaron y llevaron al rancho San Carlos, hoy ejido Santa María de las Esperanzas.
El 10 de enero, sin juicio alguno, afuera del panteón San José, fueron fusilados Antonio Muñiz Bernal, Francisco y José Fuantos Solís, Francisco Guzmán Hernández, J. Dolores Rodríguez Chacón, José Rodríguez González, Juan Silva García, Plácido Arciniega Perales e Isidro Pérez Vázquez, quienes antes de recibir las descargas gritaron “¡Viva Cristo Rey!”.
Cuando los soldados los despojaban de sus pertenencias, uno dijo en tono de burla “que venga su Cristo Rey a resucitarlos”. Para su sorpresa, Isidro se levantó y le dijo “Cristo Rey me ha salvado. El Sagrado Corazón me devuelve la vida”.
Le faltaba el dedo anular de la mano izquierda, que le fue arrancado, al momento de llevar la mano a la frente antes de recibir el tiro de gracia. La bala se desvió al pegar contra el anillo, el cual le entregó su madre antes de tomar las armas.
El doctor Enrique Ibarra Reyes, comisionado para certificar la muerte de los ajusticiados, constató que uno de los fusilados estaba vivo, lo llevó al Hospital Guadalupano. El jefe de las fuerzas federales ordenó llevarlo al panteón para fusilarlo, pero Ibarra, quien había sido médico militar, se opuso a la orden, dado que ninguna persona podía ser fusilada dos veces por el mismo delito.
Luis Pérez Chacón, hijo de Isidro, refiere que su padre sobrevivió a la descarga de fusiles, pues no recibió ningún impacto, y luego sobrevivió al tiro de gracia. Su padre evadía el tema, al ser una época muy difícil y triste en su vida.
“Pero sí nos enteramos de lo que vivió, porque cuando murió, él tenía 58 años, él se carteaba con un padre de aquí de Parras, el padre Pilo Hernández Arciniega y fue a darle el pésame a mamá y le entregó una de las cartas, dónde él narra desde que se enlistó en la cristiada, cuando fue aprendido, cuando fue fusilado, quién lo rescató”.

En el escrito narra que permaneció hospitalizado varios meses y luego se refugió en Filadelfia, donde vivió de los 20 a los 30 años.
“Al parecer lo que le salvó la vida fue un anillo que traía en el dedo meñique, que para taparse del sol, porque las dos descargas que le dieron primero, no le dieron ningún balazo, sino que él cayó, pues yo supongo que por miedo o por la impresión tan fuerte y luego a cada uno le dieron el tiro de gracia en la cabeza”.
Cuando tocó el turno a su padre, la bala rebotó en el anillo, le voló el dedo, el anillo se incrustó en la frente y le afectó el ojo izquierdo.
“Y de ahí fue rescatado por su mamá que llegó en un coche, que en ese tiempo era muy común las calandrias aquí en Parras, aunque ya había carros. Lo rescató, lo llevó a que lo curaran y creo que estuvo hospitalizado dos meses en el Hospital Guadalupano, que aún existe. En realidad, fue un milagro, aunque no quiera uno creer uno en los milagros, pero sí existen”.
Por años, la gente pensó que se trataba de una leyenda, que no había ocurrido tal suceso, hasta que en noviembre de 1964, cuando falleció su padre el día 23, apareció la carta, donde refería que al momento de las descargas sintió como que si algo lo jalara hacia abajo y no se explicaba cómo las balas dirigidas hacia él pasaron por arriba de su sombrero. Fue sepultado en el Panteón San Antonio.
Sobre los jóvenes cristeros, el señor Luis Pérez señala que “no sabían ni manejar armas, eran unas personas con mucha fe y dispuestos a defender la fe católica”.

Juan García Fuantos, sobrino nieto de los hermanos Fuantos, recordó que estos, como parte de la Acción Católica Juvenil Mexicana, se unieron a la causa para derogar la Ley Calles que restringía cultos de la Iglesia Católica.
“Atienden el llamado del conflicto armado. Se iban a dirigir rumbo a Zacatecas, tengo entendido, en conjunto con otras personas de Saltillo, que también se integraron a esta causa. Ellos se organizan, toman ciertas armas, no iban realmente preparados. Eran jóvenes, la mayoría de ellos entre los 19 y 20 años”.
Los cristeros carecían de armas y municiones, estaban desorganizados, y a los pocos días fueron apresados cerca del ejido Ganivete, donde se encuentra la bodega Barro Viejo.
“Había jóvenes de la ACJM, en particular mis tíos abuelos, y también Francisco Guzmán e Isidro Pérez. Y, bueno, de otras órdenes, otros grupos religiosos que se unieron, hablamos de Antonio Muñiz, de Dolores Rodríguez, de Juan Silva García, de Plácido Arciniega y de José Rodríguez González”.
Antonio Verástegui fue ejecutado en la Alameda. Días después, en Rio Verde, San Luis Potosí, cayeron prisioneros Manuel Avila y Ricardo Morales Padilla, cristeros de Parras que lograron escapar para sumarse al movimiento en aquel estado. Allá fueron fusilados.
En la barda del panteón San José, en Parras, donde el grupo de cristeros fue fusilado, se observan las incrustaciones de los balazos que no impactaron en los cuerpos de los ejecutados. En el cementerio, solamente se encuentran identificadas las tumbas de los hermanos Fuantos, pero no tienen el nombre, al tratarse de una propiedad familiar.

Recuperar la historia cristera de Parras
Sofía Pérez Olague, nieta de Isidro Pérez y promotora cultural independiente, explicó que integraron el Comité de Cristeros de Parras, Amigos y Familiares, para recuperar la historia de los mártires cristeros, quienes atendieron el llamado de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa y tomaron las armas.
“Ese fue un movimiento del Bajío, Centro del país, pero los historiadores nos cuentan que el movimiento también fue algo norteño, porque aquí en el norte de México, existen los cristeros de Parras que también lucharon por nuestra libertad de fe, de creencias e iniciaron el movimiento”.
Historiadores, cronistas, descendientes directos e indirectos de los cristeros, así como la ACJM, el Municipio y la Iglesia Católica, trabajan desde hace varios meses para reconstruir la historia cristera.
Una historia imborrable
El próximo 10 de enero celebrarán misa y develarán la placa de los 100 años que recordará el sacrificio de los jóvenes parrenses por defender su fe:
Otro de los objetivos, es colocar placas conmemorativas en el kiosko de la Plaza Hidalgo y otra en la Alameda, donde ocurrieron diversos hechos.
De esta manera se promoverá el turismo histórico, religioso y cultural, un atractivo más para el Pueblo Mágico.

Recordarán a…
Antonio Muñiz Bernal (1884): estaba casado con María Ana Rodríguez, vecino de la Hacienda El Rosario, fue miembro del Apostolado de la Oración.
• Francisco Fuantos Solís: vivía en el barrio Loma de San Isidro, tenía 18 años.
• José Fuantos Solís: de 20 años, miembro del Apostolado de la Oración.
• Francisco Guzmán Hernández (1891-1927): obrero de la Compañía Explotadora Coahuilense o Hulera. Vivía en la calle Ramos Arizpe, presidente de la Liga por la Defensa de Libertad Religiosa, integrante de la Adoración Nocturna Mexicana.
• J. Dolores Rodríguez Chacón: vecino de la Hacienda El Rosario, casado, trabajaba en la Compañía Industrial, de 25 años.
• José Rodríguez González: casado, miembro de Obreros Católicos.
• Juan Silva García, de 26 años: casado, cuatro semanas antes nació su hijo.
• Plácido Arciniega, de 23 años: soltero, vecino del barrio Sombreretillo, afiliado al Apostolado de la Oración.
• Antonio Verástegui: fue ejecutado el 9 de enero en la Alameda. En la camilla en que lo trasladaron a casa su cuerpo quedó perfectamente delineado, como si estuviera mojado, por lo que la autoridad militar ordenó quemarla.
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