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Iberdrola y Lula

Por Sergio Sarmiento

Hace 3 años

“Si uno conoce a un izquierdista muy viejo es porque debe tener problemas. La gente se transforma en el camino del medio”.

Luiz Inácio Lula da Silva

 

El presidente López Obrador hostigó a Iberdrola hasta forzarla a vender 13 plantas de generación de electricidad, 12 de ciclo combinado de gas y una eólica, que representan 80% de sus activos en México.

Según el anuncio, que se dio a conocer el 4 de abril, la empresa española recibirá alrededor de 6 mil millones de dólares por estas plantas, una vez que concluya la transacción.

AMLO se refirió a la compra como una “nueva nacionalización”, a pesar de que la está realizando una firma privada de inversión, Mexico Infrastructure Partners (MIP), con apoyo de un fideicomiso gubernamental, el Fondo Nacional de Infraestructura. Se trata de una desinversión muy importante en el sector energético nacional.

Unos días antes, el 22 de marzo, Ignacio Galán, presidente de Iberdrola, se reunió en Brasil con el presidente Luiz Inácio Lula, ante quien se comprometió a realizar allí inversiones por 30 mil millones de reales, unos 5 mil 300 millones de euros, en nuevos proyectos renovables y de redes.

El encuentro entre Galán y Lula Da Silva se llevó a cabo en el Complejo de Energías Renovables Neoenergía en el que se ubican una zona de generación solar y otro de eólica.

“Hacer realidad proyectos como este –comentó Galán– requiere de un liderazgo político capaz de establecer una planificación a largo plazo, una política energética clara y una regulación estable y alentadora”. Eso es precisamente lo que Iberdrola no encontró en México.

Es falso que los activos que Iberdrola vendió en México sean fierros viejos. Tiene razón el Presidente cuando afirma que las plantas que se están comprando tienen una vida útil tres veces mayor que las de la Comisión Federal de Electricidad. Chatarra es lo que tiene la CFE.

El precio parece justo para las dos partes. Yo supongo que, de haber tenido opción, Iberdrola hubiera preferido mantener la propiedad y operación de sus plantas en México. Ese es su negocio; el problema es que el Gobierno no le permitía hacerlo.

Ahí está como ejemplo el freno a la operación de las plantas 3 y 4 de la central de Dulces Nombres en Monterrey, Nuevo León, a pesar de que los tribunales una y otra vez fallaron a favor de Iberdrola. Entre tener plantas paradas, o venderlas a quien sí podrá operarlas, la decisión de Iberdrola es perfectamente razonable.

La objeción a la compra de MIP, que presumiblemente venderá las plantas con el tiempo a la CFE, no es que el monto haya sido excesivo. El problema es que la CFE estará gastando recursos para comprarlas o alquilarlas, que producen electricidad 40% más barata que la suya, cuando simplemente la pudo haber seguido recibiendo de Iberdrola.

El poco dinero que tiene la CFE, que ha registrado pérdidas todos los años desde 2020, debería usarse en este momento para mejorar y ampliar una red de transmisión sobre la que tiene un monopolio, en la que no puede haber inversión privada, y que se encuentra en malas condiciones.

Iberdrola ha rescatado 6 mil millones de dólares de activos cuya rentabilidad estaba amenazada por el acoso del Gobierno mexicano. Los usará ahora para invertir en países que sí están comprometidos con el estado de derecho y con la construcción de un futuro con energías limpias.

No es nada más el Brasil de Lula; Iberdrola tiene un programa de inversión de 2023 a 2025 de 17 mil millones de euros para energía renovable y 27 mil millones para redes.

La empresa sigue viendo hacia el futuro, como lo hace Lula. AMLO está empeñado en regresar a un pasado en el que CFE tenía un monopolio.

 

Rescate

El “rescate” que Manuel Bartlett está haciendo en la CFE está costando muy caro. De 2020 a 2022 la empresa ha registrado 231 mil 959 millones de pesos en pérdidas netas, 12 mil 886 millones de dólares a un tipo de cambio de 18, más del doble de los 6 mil millones que se pagarán por las plantas de Iberdrola.

 

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