Cómo no sentir indignación ante la brutal ola de violencia y terror desatada en gran parte de nuestro territorio. Lo hemos mencionado ya en diversas ocasiones y ojalá fuera la última vez que hiciéramos referencia a una situación que está causando tanto daño y dolor en muchos hogares mexicanos.
Ante los graves acontecimientos de todos los días, hechos sangrientos y crueles que han avanzado a pasos agigantados, no podemos ni debemos callar ante la injusticia, ni dirigir la mirada hacia otro lado para creer que en nuestro México no sucede algo que nos pone en riesgo a la gran mayoría.
No tratemos de evitar la realidad que está a la vista de todos y que se pretende esconder con falsedades y “otros datos”.
Existe un gran déficit en todo, pero lo más preocupante es el tema de la seguridad la que se descuidó deliberadamente, para permitir el avance de los grupos criminales que hoy tienen asoladas regiones donde han sembrado el terror entre sus habitantes.
Esa es la realidad que está causando un gran daño a nuestra niñez, a la que se le está arrebatando sus mejores años, su infancia, su tiempo de juego y diversión para convertirlos en defensores de su comunidad, de su patrimonio.
Cómo no indignarse al ver a criaturas que empiezan a vivir, portando un rifle porque están siendo entrenados para el combate. Esos pequeños deberían estar en la escuela, preparándose para el futuro y a la vez disfrutando su niñez y adolescencia.
Todos ellos menores entre 11 y 17 años, a quienes se pretende preparar para defenderse en caso de ser atacados y ante la desesperación e impotencia de los adultos por la falta de apoyo de las autoridades. El gobierno federal ha dejado a expensas de bandas criminales a familias enteras, en comunidades donde había tranquilidad y hoy impera la fuerza destructora del crimen organizado.
Las fotos y videos de los pequeños de una comunidad del estado de Guerrero, ha dado la vuelta al mundo impactando a quienes lo han visto. Sin embargo, yo pregunto ¿acaso no hay menores de edad “trabajando” para bandas criminales? ¿acaso el gobierno ha enfrentado a los delincuentes que atentan contra la niñez?
¡Por supuesto que no!
Si la criminalidad ha crecido peligrosamente es porque la estrategia de seguridad ha fallado. La política de “abrazos, no balazos” no fue de ninguna manera una estrategia para evitar hechos sangrientos sino un gran regalo para los criminales.
Un pacto deshonesto de quien se siente dueño del país, de las instituciones y que, no conforme con la destrucción que ha ocasionado, pretende perpetuarse en el poder.
Dicen que “favor, con favor se paga”; el problema es que, quien realiza un convenio o se somete a la voluntad de criminales pone en riesgo la tranquilidad de comunidades, la vida de sus habitantes y nunca terminará de liquidar el compromiso adquirido.
Lo que está ocurriendo en diferentes estados del país en cuestión de inseguridad ya se veía venir. Los programas sociales, las obras faraónicas no han sido más que distractores. El crimen fue tendiendo sus redes y avanzando, como lo ha hecho, porque se le permitió.
Lo imperdonable es que a la niñez se le está negando el sagrado derecho de vivir y crecer como corresponde a su edad. El derecho a vivir sin miedo, quizás con limitaciones en los hogares, pero sin temor, y sí con ilusiones, con aspiraciones legítimas para un mejor futuro.
Todo ha cambiado para ellos de una manera drástica e injusta. Son víctimas inocentes -por partida doble- de la maldad humana. Por un lado, están quienes se encuentran despojando de su patrimonio, a sus padres y lo hacen a través del cobro injustificado que han dado en llamar “derecho de piso” que no es más que una extorsión, una imposición, un atentado en contra de quien se esfuerza honradamente por salir adelante. Tenemos por otro lado, la indiferencia de autoridades las que, al no actuar en contra de los criminales, han puesto en riesgo la seguridad de todos los ciudadanos.
Las familias que están siendo amenazadas y sin recibir apoyo alguno por parte de las del gobierno, están optando por armarse. Es muy triste la situación que se está viviendo en no pocas ciudades de nuestro México, donde las víctimas inocentes resultan ser los niños.
En el Estado de Guerrero recién se nombró al general Rolando Solano como Secretario de Seguridad. Lo importante no es que llegue, sino que actúe.
Es lo que se debió hacer desde que empezó el problema, actuar y aplicar la ley a delincuentes, no pactar con ellos.
Más sobre esta sección Más en Coahuila