Este miércoles 21 de febrero, el Presidente de la República durante el transcurso de su famosa conferencia mañanera, declaró públicamente ante los medios de comunicación y televidentes de todo lo largo y ancho de la nación, tener conocimiento de acciones que implican intervención directa por parte del expresidente y ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Arturo Zaldívar, en los procedimientos seguidos por los tribunales del Poder Judicial de la Federación y por si fuera poco, a manera de que no cupiera la menor duda de lo que estaba hablando, ilustró su postura con un ejemplo, palabras más, palabras menos, en esencia señaló lo siguiente:
“…Cuando se daban estos hechos y estaba Zaldívar se hablaba con él, y él podía respetuoso de las autonomías de los jueces, pero pensando en el interés general, pensando en la justicia, en proteger a los ciudadanos ante el crimen, hablaba con el juez y le decía, cuidado con esto, sí viene mal la averiguación, por qué el Ministerio Público en vez de poner que detuvo a la persona a las 3:00 de la mañana encontró de que, lo detuvieron a las 11:00, y ya con ese hecho podía dictar la libertad, no reponer el procedimiento, no, ya por ley, explica por qué estamos hablando de un señor que se dedicaba al secuestro, un señor homicida, no es nada mas así de que por un error lo vamos a dejar en libertad, porque lo usan como excusa todo ese tipo de cosas, entonces él ayudaba; llega la señora Piña y dice, los jueces son autónomos, ósea licencia para robar…”
La anterior declaración, realizada por el presidente, lejos de transmitir el discurso tendencioso que constantemente maneja, de que, “todo es por el beneficio y protección del pueblo”; conlleva el reconocimiento público de su intervención como representante del Poder Ejecutivo en la esfera del Poder Judicial, materializa de forma inequívoca un sin número de implicaciones nocivas que impactan en la autonomía del poder judicial, representa la punta del iceberg con el que colisiona la independencia del poder judicial, para dirigirse a una caída sin retorno a su sumisión ante el poder ejecutivo.
Esto que aquí se analiza no es poca cosa, por que hemos llegado como nación, al momento en el que su dirigente, nada menos que el Presidente de la República, no tiene la menor idea de lo que significa la división de poderes vislumbrada por el siervo de la nación hace ya más de doscientos años, cuando don José María Morelos y Pavón plasmó en el postulado 6°, de su ideario político Los Sentimientos de la Nación, jamás pensó que en pleno siglo XXI tendríamos a personas tan soberbias que creen que su visión del mundo es la verdad absoluta y que administran justicia de la forma que debe ser, según ellos por tratarse de delincuentes; violando el principio de Presunción de inocencia y el debido proceso.
Cuando Morelos plasmó su visión de México, lo hizo despojándose de toda arrogancia, y verdaderamente creyó y dio su vida por la independencia nacional, por la división de poderes, por que era un ferviente devoto de la igualdad y dignidad humana.
Por este tipo de acciones, la independencia nacional lograda con sangre de nuestros antepasados se diluye de manera inexorable ante los caprichos de las personas que están en el poder y dicen conocer la verdad de quien es o no un delincuente sin seguirle un debido proceso; pensar eso es caer en subjetividades de quien ordena y no de la justicia.
Esta declaración del Presidente nos deja ver la realidad que impera en la Federación y que parece permear al resto de la República, es inconcebible, deplorable e indignante, que el propio presidente diga algo tan aberrante y lo peor es que ni siquiera entiende la magnitud de su confesión; tristemente ni sus asesores parecen conocer la gravedad de sus palabras, lo que nos deja ante un panorama desalentador por parte de quienes se dicen se deben al pueblo y para el pueblo.
Sin embargo, es importante recordarles desde nuestras trincheras que la democracia también es, que cualquiera pueda acudir a una persona juzgadora para que se decida su caso, sin esperar nada más que justicia, nada más, pero nada menos que justicia.
Además, de que esa persona juzgadora no debe responder a caprichos de sus jefes que pisotean la independencia nacional y la autonomía judicial, contrario a lo que dice el presidente no deben darles línea a los jueces.
La administración de justicia no se impone por conveniencia del sistema, esto es contrario al estado de derecho, no se impone por una cuestión de “seguridad” como dicen los que ondean esta falsa bandera; la justicia es para bien común de los ciudadanos.
Por eso, parece que la única luz de esperanza la representa esa mujer a quien tan despectivamente se refiere el presidente como la señora Piña, olvidándose que ella es la presidenta de la Suprema Corte, nada más que la representante del poder judicial, y nada menos que la defensora de la autonomía judicial que es el bastión de la división de poderes.
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