Espectáculos

Publicado el jueves, 5 de febrero del 2026 a las 04:00
Ciudad de México.- En 1917, Lionel (Paul Mescal) y David (Josh O’Connor), dos jóvenes estudiantes de música del Conservatorio de Boston, se unen gracias a su pasión por la música folk y a un amor desmedido.
Años más tarde, se reencuentran para emprender un viaje a pie por los bosques e islas de Maine, recopilando canciones populares con el fin de preservar grabaciones para las generaciones futuras.
Es la trama de La Historia del Sonido, dirigida por Oliver Hermanus y basada en un relato de Ben Shattuck, que llega este jueves a los cines mexicanos.
Los amantes utilizan cilindros de cera, el primer soporte masivo para la grabación sonora, algo que en la actualidad se da por sentado y se hace masivamente, destacó el irlandés Mescal en entrevista.
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Estos personajes no sólo están grabando estas canciones, sino que, esencialmente, están inmortalizando la voz que hay detrás, porque se preserva por primera vez en la historia. “Y creo que eso es algo que teníamos que recordarnos a nosotros mismos, a las personas que vivimos en el mundo actual: se trataba del invento más extraordinario a nivel científico, pero también emocional”, contó.
La relación de los dos hombres será intermitente: tras su encuentro inicial, David será reclutado para la Primera Guerra Mundial, conflicto del que regresará con secuelas; y Lionel, por su parte, intentará rehacer su vida en su casa familiar.
El momento definitorio será al volverse a ver, en ese viaje musical durante un crudo invierno, donde las canciones y el renacer del amor convierten la travesía en una experiencia casi religiosa.
Más tarde, a pesar de la distancia y la ausencia, lo que sienten el uno por el otro les dejará marcados.
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Las canciones de esta película no sólo tratan sobre la interpretación, sino también sobre comunicar algo a la otra persona. Y creo que eso es lo que eleva esta película de ser un musical a convertirse en una especie de drama. Es el intento de estos personajes de expresar algo que quizá sería difícil con palabras”, explicó el británico O’Connor.
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Nuestro guionista lo describe como algo divino. Y creo que, si piensas en la época, escuchar una grabación era como un fantasma; era espiritual. Poner sonido o voz a lo único que tienes, que es la memoria, es muy poderoso”, agregó.
El drama romántico, que compitió por la Palma de Oro en Cannes, retrata la conexión en los aspectos más simples y no precisamente en lo carnal, pues utiliza la música y cada sonido grabado como un medio de comunicación sentimental.
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Lo que realmente está pasando ahí es que no están diciendo lo que sienten o lo que piensan. Y eso se puede hacer en el cine de una manera que no se puede en otros medios, porque podemos decir mucho con los ojos o con el lenguaje corporal. “A menudo, eso puede ser mucho más profundo de lo que pueden expresar las palabras”, añadió Mescal.
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