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Coahuila

Javier Alviso Flores, maestro de la tijera y bohemio de afición

Por Héctor Reyes

Hace 6 meses

Conocí a Javier, como le decía con cariño y aprecio, desde la época de los 90, cuando tenía su peluquería en la calle de Obregón, casi llegando a Victoria.

Hablar de Javier Alviso Flores es hablar de un hombre con historia, que amó a su esposa y familia, los presumía cada vez que salía algún tema, pero además un hombre bohemio y ameno en su plática.

Por muchos años, Javier me cortó el cabello, y desde hace casi 10, a mi hijo también. Muchas generaciones pasaron por sus manos, ya que Javier perteneció a una camada de peluqueros de antaño, de esos que ya solo existen pocos.

Amante del beisbol, sus pláticas eran interesantes e interminables, muchos saltillenses de antaño, así como hijos y miembros de esas familias estuvieron presentes en esos sillones de peluquería, que ya casi no existen.

Tengo varios conocidos que por años lo frecuentaban, varios de ellos hasta presumían su foto con él, que después le regalaron, como mi compadre Homero Hernández, otros, como decía él, eran unos “sinvergüenzas” en el buen sentido de la palabra, ya que llegaban sin cita sólo a darse una “rebajadita” como Poncho Treviño.

Javier servía de buen comunicador también, dado que cuando llegaba a la cita de corte, me decía: “te dejo un recado Paco de la Peña… lo bueno, le decía, es que salgo a las pláticas de ustedes”. Gracias a esos recordatorios, principalmente de mi amigo Paco, cada enero le dejaba un calendario que hago año con año con mucho gusto a Javier, a Paco y a otros amigos.

Siempre amable, cortés y bonachón, hubo sábados que me tocaba ser el último y me decía: ¿cómo ves, mi Héctor, nos echamos una cervecita? Y bueno, la plática seguía…

Javier deja un legado importante, una familia sólida, pero también, nos deja un vacío, sin duda.

Extrañaré sus palabras, recuerdos y pláticas, además de oírlo cantar, ya que en son de broma le decía a mi hijo: “¿Cómo canto, Hectorín?”

Hoy es propicio dejar esta reflexión, que no se la comenté a Javier, pero lo que lo pude conocer sé que le hubiera gustado…

De los padres a sus hijos:

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

Sin embargo… En cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado.

Bien dijo mi amigo Pancho Tobías, el cielo necesitaba un peluquero.

Misión cumplida estimado Javier Alviso Flores.

Buen fin de semana, la frase: Ni en tiempo vuelve, ni la vida se repite. Sé feliz. ¡Ánimo!

 

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