Coahuila
Publicado el lunes, 11 de julio del 2011 a las 14:00
Minas de Barroterán, Coah.- El 3 de mayo de 2011 pintaba para ser un día como cualquier otro en la vida de Jesús, como todos los días, desde que su padre biológico le consiguió el empleo como ganchero en el Pozo 3 de la empresa BIMSA, se levantó apenas clareaba el alba para emprender una jornada más de trabajo.
Decidió buscar un empleo a sabiendas de que no tenía la edad para ello, “no me gusta la escuela”, dice mientras dibuja tímidamente una sonrisa en su rostro duro e inexpresivo, auténtico de un verdadero minero.
Lleva puesta una gorra, viste camisa a cuadros de manga corta y pantalón de mezclilla roto, es robusto, aunque sus familiares dicen que está “gordito”.
¡Es un niño!, su mirada y tono de voz evidencian su edad, es muy callado a tal grado que entablar un diálogo parece ser una misión imposible.
Sentado junto a su mamá en un pequeño jardín a la entrada de su domicilio en Minas de Barroterán, Jesús Lara Ruiz, el niño minero de tan sólo 15 años, que sobrevivió “de milagro” a la explosión ocurrida en el pozo 3 en el ejido Sabinas, concede a Periódico Zócalo la primera entrevista desde aquel fatídico día.
Inquieto observa a su alrededor y demuestra cierta indiferencia ante la presencia de sus visitas, es de pocas palabras, su abuelo, don José Lara, es quien toma la palabra en la entrevista y poco a poco lo involucra en ella.
“Cuéntele mijo, ¿cómo fue ese día?, ¿de qué se acuerda?”, le dice como animándolo a que exprese lo que sólo ha confiado a sus familiares más cercanos.
Las palabras le fluyen con dificultad, pero deja entrever un claro interés por ser escuchado, aún no entra en confianza, pero poco a poco hila dos, tres, cuatro, cinco palabras,
paulatinamente se suelta, “recuerdo que ese día, -dice-, me levanté muy temprano, por lo regular me sentaba a esperar se llegara la hora para irme a la parada, donde nos recogía el camión que nos llevaría a la mina, ese día, -prosigue- no me senté como otras veces, simplemente me levanté, me vestí, agarré mi lonche y me fui…”
-Para Jesús no había nada extraño en el ambiente que pudiera alertarlo de algo, salió esa mañana de su hogar con destino a su trabajo, sin saber que el rumbo de su vida daría un viraje inesperado que trazaría una nueva ruta a su destino.
… “Llegamos a la mina, -recuerda- y pos’ como no teníamos horario para lonchar, decidimos hacerlo antes de empezar a trabajar… Yo casi siempre esperaba a que todos bajaran y que el malacatero les bajara las herramientas para después subirme al castillo, pero ese día, no sé por qué, después de comer mi lonche decidí subirme, ya estando allá arriba, me puse el arnés que me mantenía sujetado de la cintura a la estructura del castillo, observé desde arriba que salió del pozo Elías Moreno, él era el encargado de bajar antes que los trabajadores para medir los niveles de gas en el interior, subió, nos dijo que existían las condiciones para bajar y empezaron los mineros a descender…”
-Mientras hace una pausa, es evidente que se esfuerza por recordar, se talla los ojos con su mano izquierda, sonríe con cierto nerviosismo, pero no se dobla; es un niño excepcional, entero y sin bacilar continúa contando lo que vivió esa mañana.
“Apenas habían pasado unos 10 minutos desde que salió Elías… yo creo que los muchachos allá abajo todavía ni se acomodaban en sus lugares de trabajo, cuando de pronto algo pasó…”.
-El recuerdo de ese momento parece transportarlo a otro lugar, levanta la mirada hacia el cielo y sin decir más sonríe y enmudece, no expresa ningún sentimiento, simplemente parece hacer un alto en el momento que ha cambiado para siempre el rumbo de su vida.
-Se han dicho muchas cosas de lo que sucedió ese día, asegura don José Lara, abuelo materno y tutor de Jesús, pero lo cierto es que está vivo de milagro, la base donde él se encontraba en el castillo quedó totalmente destruida, de hecho, creemos que eso lo salvó de morir, porque si no, sí hubiera recibido el impacto directamente.
…“De lo único que me acuerdo, -continúa Jesús-, es que estaba colgado y le pedí a mi papá que me bajara, me bajó y me amarró una camisa en mi brazo, sentía calientito todo el cuerpo, me subieron a una camioneta y me llevaron al Centro de Salud de Sabinas, de ahí me mandaron al IMSS de Nueva Rosita, donde me atendieron y prepararon para enviarme en una ambulancia acompañado de dos doctores y dos enfermeras a Piedras Negras, de donde me llevaron en avión hasta Guadalajara, de lo demás… ya no me acuerdo…”
Junto a él, sentada y muy callada se encuentra su madre, Rosalba, de 33 años. Mientras Jesús narra lo sucedido, ella parece revivir los momentos difíciles que pasó al lado de su hijo, pero se presta a compartir su experiencia, “fueron momentos terribles, dice, escuchar de los médicos que lo atendían decir que su situación era grave me dolía mucho, él se durmió y duró tres días en despertar, fueron 72 horas de angustia”.
Para don José Lara lo sucedido aquella mañana fue un milagro, “lo que pasó fue que cuando ocurrió la explosión, salió la onda expansiva y lanzó por los aires a Jesús, por fortuna estaba sujetado al arnés… fue tan fuerte la explosión que el cable que llevaba sujetado a la cintura chicoteó y lo azotó en repetidas ocasiones en la estructura del castillo, cuando lo vimos, recuerda, estaba todo hinchado de su cara y de su cuerpo, temíamos lo peor”.
“Su brazo, -prosigue-, creemos que se le cercenó a la altura del codo de su brazo derecho porque se ha de haber enredado con la misma cuerda que lo sujetaba, de hecho también temíamos que perdiera la vista, porque le sacaron muchas piedritas que se le incrustaron en el ojo, además de que en un principio se pensaba que había respirado lumbre”.
Las lesiones que presentaba Jesús al momento de ser valorado por los especialistas no daban esperanza alguna a sus familiares de que pudiera superar la crisis, sin embargo, ya estando internado en el Centro Médico de Occidente, en la ciudad de Guadalajara, al tercer día despertó, el doctor comunicó a sus familiares que había reaccionado y que además tenía hambre.
FUTURO INCIERTO; PENSION DE 78 PESOS DIARIOS DE POR VIDA
En cuanto a la atención médica y al trato recibido por parte de las autoridades, don José Lara se muestra complacido, no hay nada de qué hablar, sin embargo, su preocupación es otra, por ahora sabe que su nieto recibe el pago de su incapacidad al cien por ciento, unos 4 mil pesos al mes, sin embargo, le preocupa la pensión.
Sabe que la pensión que se le asigne a Jesús por parte del IMSS será definitiva y de por vida, por ahora pide a las autoridades se considere el bajo suelo que percibía y hagan algo por ayudarlo, ya que de calcular su pensión en base a lo que se le está pagando por la incapacidad al cien por ciento mientras dura su recuperación, lo que recibirá por mes serán poco más de dos mil pesos mensuales.
Al respecto, el artículo 58 de la Ley del Seguro Social en su sección tercera, párrafo segundo, dice que el accidentado recibirá durante 52 semanas posteriores al accidente el cien por ciento del pago de su salario, tiempo que dura la atención médica consecuente al accidente, además dice que: “Al declararse la incapacidad permanente total del asegurado, éste recibirá una pensión mensual definitiva equivalente al sesenta por ciento del salario en que estuviere cotizando”.
Esto quiere decir que de tomar en cuenta los 130 pesos que actualmente se le pagan por incapacidad total a Jesús, al término de las 52 semanas que marca la ley, recibirá tan sólo 78 pesos diarios, que en total suman 2 mil 340 pesos de pensión mensual por el resto de su vida.
El futuro de Jesús es incierto, hasta ahora no ha recibido la indemnización que por ley le corresponde, y es que aún no ha quedado claro quién y cómo se pagará, tampoco sabe con certeza cuánto le darán como pensión de su incapacidad parcial permanente.
Lo cierto es que en este asunto han salido a relucir los nombres de políticos encumbrados que podrían estar involucrados como propietarios del predio donde se explotaba el Pozo 3.
Un informe emitido por la familia Pasta de Conchos el 30 de mayo del año en curso, del que Periódico Zócalo tiene copia, señala que la concesión del lote minero 218000 es originalmente entregada por la Dirección de Minas de la Secretaría de Economía a Alfonso González Garza y Jesús María Montemayor Seguy, padre del actual presidente municipal de Sabinas.
En el expediente, dice el informe, se destaca que en el acta constitutiva de la empresa BINSA, están asociados Melchor González Vélez y su esposa Hilda Griselda Montemayor Marines, señala también que ni la empresa ni el centro de trabajo tenían 18 días de estar operando cuando ocurrió el siniestro, ya que la empresa está constituida desde 2007 y que el centro de trabajo donde ocurrió la tragedia, tiene más de un año en operación.
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