Monclova Región Centro
Publicado el sábado, 3 de enero del 2026 a las 04:00
Nadadores, Coah.- Los artistas tenemos una desventaja, dijo Jorge Enrique, reconocen nuestras obras, justo después de nuestra muerte.
En la zona semidértica en el municipio de Nadadores, nace un escultor y pintor, que todos los días al levantarse, después de agradecerle a Dios un nuevo día, toma su café y empieza a luchar para participar en exposiciones, buscando que sus obras sean reconocidas; anhela un apoyo que lo lleve a dar a conocer una gran cantidad de obras que ha creado a lo largo de 10 años.
Le basta un poco de sarro, algunas rocas del río Nadadores, hasta escoria de Altos Hornos y en general, cualquier piedra que pueda cincelar y obviamente, sus inseparables compañeros, el mazo y el cincel, cuyas manos mueven a la perfección para esculpir no solamente una imagen, sino tallar un sentimiento de alegría, dolor, frustración, depresión y demás emociones que plasma en cada una de sus obras.
Jorge Enrique García Cedillo, tiene 40 años de edad y desde hace 10 años busca abrirse paso en un camino complicado, donde la cultura y menos aún la escultura, tienen el apoyo suficiente para proyectar el talento y el reconocimiento de un artista.
En su sencilla vivienda en el corazón de Nadadores, Coahuila, Jorge Enrique ha montado un pequeño taller, ahí en sus jardínes, rodeado de árboles frutales, en medio de la naturaleza talla rocas, sarro o escoria, con lo que ha creado verdaderas obras de arte.
Hay una escultura en particular que le despierta un sentimiento de sufrimiento, pero también de lucha y esperanza, es una piedra del río Nadadores que retrata un corazón sangrante y que lo remonta a la lucha que enfrenta junto con su esposa Berenice, para cuidar a su hija Briseida de 14 años, quien sufre arritmia cardíaca, padecimiento que los ha llevado a recorrer hospitales para darle calidad de vida a su pequeña.
“Cabeza Olmeca, el Último Grito”, es su obra maestra que ha expuesto en algunos eventos, pero que la cinceló durante la pandemia por el Covid-19, cuando la depresión por el encierro causó estragos en su estado emocional.
“Antes de la pandemia sólo pintaba, pero el Covid como a muchas personas me afectó y encontré en la escultura una forma de sacar el estrés, el miedo y todo lo que provocó esa pandemia y fue en ese tiempo cuando cree la mayor parte de mis obras”, reveló mientras señalaba algunas que con mucho orgullo resguarda en su galería.
Como padre de tres hijos y ante la imposibilidad de “vivir” del arte, divide su tiempo entre crear sus obras y trabajar en una factoría de la región para llevar un sustento seguro a su familia.
“Nadie -agrega- me ha dado apoyo, por mi cuenta y con mis propios recursos busco opciones para exponer mis obras y que la gente las conozca y venderlas, porque desafortunadamente nuestras obras se conocen y se valoran hasta que el artista muere y yo no quiero eso, yo quiero que en vida todos conozcan mis creaciones, ya muerto para qué me sirven los reconocimientos”.
Pero también piensa en el futuro de sus hijos y dice con cierta melancolía: “igual, yo sigo creando, porque mis obras son la herencia de mis hijos y el día que yo ya no esté, los puede sacar de un apuro”.
Sin duda, Nadadores tiene un gran artista, pero como él dice “no se me reconoce”, sin embargo, con gran humildad agradece a su tío José Cedillo, quien le heredó el talento y lo apoya a superarse cada día.
Pero, además de la escultura, Jorge Enrique también es hábil en el manejo de los lienzos y pintura al óleo, todas sus obras llevan un mensaje y reflejan la crudeza de los problemas sociales.
En su galería tiene un cuadro que él llama “El Último Camino” que refleja una mano sangrante con un pañuelo, en medio de una silueta que simula un camino, el artista del pueblo refiere que es el recorrido a la muerte y la sangre que se derrama en ese proceso, con problemas que dañan a la comunidad como la sobre exposición a las redes sociales.
Al observar cada una de las obras en un angosto pasillo que alberga una gran riqueza cultural, llama la atención un cuadro con cruces y sangre que se llama “Ni una Más” y que rinde un silencioso homenaje a las miles de mujeres muertas y desaparecidas.
Igual destaca un feto en tonos rojizos que se refiere al aborto; otra obra cruda pero real, es la silueta de una mujer con un seno fracturado y el artista menciona que quiso rendir tributo a las mujeres que se han ido y a las que mantienen una férrea lucha contra el cáncer de mama.
Hay un cuadro en particular que llamó El Río Escondido y dijo: “Esa obra me gustaba mucho, pero cuando andábamos en Cardiología con mi hija chiquita en Monterrey, mi cuñada me ayudó mucho y en agradecimiento se la regalé, no me dolió separarme de la pintura, porque se trataba de la salud de mi niña y de lo que ella me ayudó”.
“Yo me enamoro de todas mis obras por el tiempo y la pasión que pongo en cada una, además, siempre busco que lleven un sentido de identidad, que transmita una reflexión, un mensaje, quiero dejar un legado en quienes aprecien mis obras y ojalá que no sea hasta después de muerto, yo quiero que me reconozcan en vida, ya muerto para qué”, concluyó la entrevista, con la esperanza de que su voz, su esfuerzo y sobre todo su gran talento, sea reconocido y valorado.
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