Mis antepasados oaxaqueños y mi padre eran totalmente juaristas. No había comida familiar en que no se hablara de don Benito Juárez. En ellas mi madre siempre acababa defendiendo a don Porfirio Díaz, también muy cercano a la familia Loaeza. Tengo la fortuna de tener en mi propiedad varias cartas dirigidas a mis tíos bisabuelos, tanto de Júarez como de Díaz, dos personajes históricos totalmente opuestos y a la vez semejantes en sus orígenes; ambos procedían de un ámbito de pobreza.
Cuando me enteré que hoy se inauguraría, a las 19:00 hrs, en la Escuela Libre de Derecho –donde por cierto estudió mi padre–, la exposición titulada “Juárez por la libre”, del pintor Sergio Hernández, me sorprendió la feliz coincidencia de que el artista también fuera oaxaqueño, juarista y que, por añadidura, expusiera justamente en ese recinto.
La muestra se compone de 5 obras de gran formato y 32 fotografías del siglo XIX intervenidas con el rostro del Benemérito. Una de ellas, por ejemplo, muestra a don Benito Juárez con un fondo azul cobalto, vestido con su eterna levita negra en medio de dos mulas de carga, llamadas Venus y Canaria; con ellas, viajó hasta el norte. Ambas burritas portan emblemas y símbolos masónicos. Muchas de las carretas que acompañaban a Juárez estaban repletas de papeles que contenían los Archivos de la Nación. “La caravana era custodiada por unas tres centenas de soldados bien petrechados” (Wikipedia). El mismo carruaje aparece, en otra de las obras de Hernández, con el Palacio al fondo, y en la fachada descubrimos las sombras de Venus y Canaria.
Otra de las obras de la exposición representa a Juárez vestido con camisa blanca y pantalón café, y cuya sombra no es la del héroe de la patria, sino la del nahual de Hernández, el oso hormiguero. En la carpeta Benito Juárez, en la que tuve el privilegio de ver todas las fotografías históricas del expresidente, y siempre intervenidas por Hernández con sus colores característicos, vemos a don Benito aparecer repetidamente con su “Santo nahual”, o lo carga sobre los hombros o está reflejado en los muros. En la fotografía “El Santón”, advertimos al Benemérito como un dios; a sus pies están arrodillados muchos campesinos. También vemos a Juárez en medio de un rebaño de muchos borreguitos frente a Palacio. Juárez, de niño, atravesando en “La chinampa” un lago. Juárez, al lado de doña Margarita Maza, “Por la mañana”, observando un pinocho. Juárez con el pelo largo y una corona de flores sobre su cabeza, en medio de dos indígenas, igualitos a él. El Juárez “Rey de bastos” lleva un traje con muchos colores y un sombrero naranja. “Juárez en la logia” está vestido de masón, con una boina negra. En esta fotografía hay muchos nahuales a punto de salirse de unos lavaderos. Tal vez mi preferida sea la que se intitula “El mero, mero”, en donde vemos a don Benito vestido de calzón blanco, con un sombrero de paja en las manos, descalzo; sobre la espalda carga un petate y cubre sus hombros un jorongo, como los que vende Remigio en Oaxaca. Al fondo, los portales de la ciudad de Oaxaca, de donde salen muchos pinochos y uno cae de un cielo precioso, todo azul.
No hay duda que con esta colección de obras a partir de fotografías intervenidas, el pintor Sergio Hernández nos quiere mostrar un Benemérito más cercano, más actualizado y humoroso. Un Juárez más de carne y hueso, menos oficial y acartonado que el que aparece retratado en los billetes. El rostro de Juárez aparece con otras facetas, con otros cuerpos y vestimentas. Siempre asociadas al héroe, pero moviéndose en otros ambientes: con sus dos mulitas de carga, en medio de las pirámides o rodeado por pinochos.
Lo que me llama mucho la atención de la exposición –que permanecerá hasta el 15 de enero del 2023 en la Escuela Libre de Derecho, en Dr. José María Vértiz 12, colonia Doctores– es el título, “Por la libre”. Me pregunto si don Benito Juárez solía irse “por la libre”. Es cierto que era un político de colmillo muy largo, pero siempre respetuoso de la ley y de la Constitución. Uno de sus maravillosos dichos lo dice todo, y López Obrador debería de aprendérselo de memoria: “Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes, porque el poder termina y el recuerdo perdura”.
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