Unicef señala que justicia social se basa en la igualdad de oportunidades, que además es imprescindible para que cada persona desarrolle su máximo potencial. Sin embargo, el concepto no es tan simple, ya que su significado ha variado a lo largo de la historia.
Algunos afirman que el concepto coincide con la idea de “la justicia distributiva” de la que hablaba Aristóteles, quien la concebía como lo justo o lo correcto, respecto a la asignación de los bienes y cargas de una sociedad. Esto es: el modo en el que en una sociedad se reparten los beneficios, deberes y oportunidades, para determinar si es lo justo y lo aceptable.
La justicia distributiva en principio es igualitarismo estricto, dar igual cantidad de bienes a todos los miembros de una sociedad. Jhon Rawls propone un principio distributivo alternativo, uno al que él mismo denominó principio de la diferencia, que permite sus diferencias con el igualitarismo estricto, de manera que la desigualdad tenga efectos positivos en los menos favorecidos y que materialmente resulten en una mejor situación, lo que estaría bajo el igualitarismo estricto.
La justicia social se evidenció como un reclamo a los monarcas europeos del siglo 18, y en la época de la ilustración aparece como sinónimo de mayor justicia en la sociedad. El término se retoma por teólogos italianos católicos y empieza a hacerse frecuente a mediados del siglo 19, adoptado por los fabianos y recogido por la socialdemocracia. Posteriormente, el concepto se integró a movimientos partidistas laboristas, por lo que su concepción quedó ligada a clases obreras y sindicalistas. Hasta que la Organización Internacional del Trabajo incorporó la concepción de justicia social a su Constitución.
En 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 20 de febrero de cada año como Día Mundial de la Justicia Social, recomendando que las actividades que se desarrollen con este motivo deberán orientarse a “erradicar la pobreza, promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos”.
Hoy muchas organizaciones políticas del mundo empuñan como un estandarte el término de justicia social, sin encontrar aún formas para hacerla efectiva. En este momento, nos encontramos ante un escenario mundial adverso, ya que la pandemia amplió los índices del desempleo, reduciendo con ello los márgenes de seguridad social, vivienda y educación, ampliándose por lo tanto, los de desigualdad y pobreza, ya que la productividad en las empresas y su sostenibilidad se ve paralizada.
Los principios de la justicia social no son universales (y es ahí donde radica el problema según algunos de los teóricos), pero hay signos característicos que podemos distinguir, como:
• Igualdad social; en la que el estrato social, no defina las oportunidades de las personas.
• Estado de bienestar; en el que el Estado provea lo necesario a sus ciudadanos, en busca de una sociedad mas igualitaria.
• Redistribución de la riqueza; dar más a quien más lo necesita, y;
• Defensa de los derechos sindicales y laborales; mediante la protección de sindicatos y gremios que permitan la defensa de sus derechos económicos y frenen la desigualdad.
Sin duda hasta ahora, las respuestas y propuestas para alcanzar la justicia social a nivel global no son suficientes. México se encuentra entre los países con más desigualdades en América Latina y hoy que se celebra el Día Mundial de la Justicia Social nos toca a nosotros reflexionar la forma en la que podemos contribuir en este mundo globalizado, con diversidad ideológica y cultural, a que estas desigualdades no se sigan repitiendo.
He aquí algunas ideas; el apoyo a los menos favorecidos, contribuir diariamente al cuidado del medio ambiente, procurar en todo momento en espacios públicos y privados, la igualdad de trato entre hombres y mujeres, promover la educación y capacitación contante y para todos, contribuir al cuidado de los recursos básicos, y hasta pagar puntualmente mis impuestos. Excelente Domingo.
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