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Coahuila

Kundera y su vida como obra de arte

Por Francisco Tobías

Hace 6 años

Fue la ciudad de Brno, en la República Checa, la que vio nacer al escritor inconforme, hurgador, proscrito y subversivo Milan Kundera. Fue destinado a tiempos agitados, de revueltas ideológicas, de lucha obscena por el poder, de más y menos, de rojo o azul.

Hijo de un pianista, las vicisitudes políticas de su juventud marcaron su vida, lo que lo llevó a interrumpir sus estudios y después su labor docente. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Kundera se afilió al Partido Comunista, del que fue expulsado tras sus tendencias revolucionarias y de critica mordaz contra la ideología predominante –prosoviet era tendencia de la gran mayoría de los partidos comunistas de Europa–. Estos motivos lo obligaron a ganarse la vida como pianista de jazz.

En 1975 emigra a Francia, en donde enseña literatura en la Universidad de Rennes y más tarde en la Escuela de Altos Estudios de París. Milan Kundera, en sus inicios, también circuló sobre la poesía en donde expresaba los sueños de la nueva generación comunista, como lo muestra en su colección El Hombre, amplio jardín publicado en 1953.

El 23 de abril es el Día Mundial del Libro y aprovecho estas líneas para describir –solo un poco– a uno de mis autores favoritos y recomendar cualquiera de sus novelas, la que a usted le guste, yo recomiendo El Libro de la Risa y el Olvido o fácilmente La Insoportable Levedad del Ser.

Kundera, preocupado siempre por los hechos humanos y su realidad social en sus novelas siempre retrata las situaciones de una manera grotesca y risible, al punto que se burla de ellos, de la política, del optimismo, del amor y del desamor, de la ridiculez y estupidez humana en empeñarse en tropezar siempre en los mismos errores… lo mismo sucede en sus artículos que han circulado en periódicos como El País o Le Monde por mencionar los más recurrentes.

Para Kundera, la vida pública, la vida política, está destinada a ser percibida por otros en sus diferentes facetas, la expone a las miradas, la inunda de luz. Es inevitable. Pero si el hombre (el homo politicus) así iluminado, es al mismo tiempo un artista y asume un riesgo: su vida convertida en una obra de arte puede hacer olvidar sus obras y a veces suele ser una pena en el caso de unas personas. En rigor se parecería a lo que la llama “el teatro del absurdo”.

Milan Kundera no es un hombre de convicciones. ¿Qué es una convicción? Es el pensamiento detenido, petrificado, es mejor vivir con preguntas y dudas. En otras palabras: tratar de vivir con sabiduría:

“El hombre atraviesa el puente con los ojos vendados. Solo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido. Aquella noche pensé que estaba brindando por mis éxitos, sin tener la menor sospecha de que estaba celebrando la inauguración de mis fracasos” (1968).

La vida parece ser mejor transitándola entre la risa y el olvido.

“La vida, cuando uno no puede esconderse de los demás, eso es el infierno” (2014).

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