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La Administración del presidente Andrés Manuel López Obrador: luces y sombras (I)

Por Federico Muller

Hace 1 mes

“Claro que hay que enseñar a pescar, pero también la justicia es atender a la gente humilde, esta es la función del Gobierno”
Andrés Manuel López Obrador

 

Cuando faltan menos de seis meses para que concluya la Administración que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), por el tiempo transcurrido del régimen, se puede hacer una sucinta evaluación de lo que fue su desempeño frente al país.

Para ello, se seleccionan tres sectores, que inciden indefectiblemente en el bienestar de la población. 1) Crecimiento económico; 2) Atención al sector social; 3) Seguridad pública. 1) Crecimiento económico.

En esta parte del artículo, se hace un repaso del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) a lo largo de seis años.

 

La economía antes de la pandemia

Es necesario decir, que durante 2019, no se supo o pudo, atajar la desaceleración económica que se gestaba desde la Administración anterior.

Variables claves del crecimiento económico como inversión privada, tecnología y gasto público, a pesar de las políticas formuladas por las secretarías de Hacienda y Economía, no lograron revertir la tendencia a la baja, que traían desde finales de 2017.

Además de la desconfianza que privaba en los sectores productivos de la economía, ante un modelo económico diferente, y que se acentuaba con la cancelación de la construcción del aeropuerto en Texcoco.

Cuya obra se iba a financiar con la emisión de bonos verdes por 6 mil millones de dólares. Todo lo anterior influyó para que el sector secundario retrocediera en menos 1.8%, mientras que el de servicios y actividades primarias tuvieron avances marginales.

La suma de los tres sectores dio como resultado, un PIB negativo de 0.2% en 2019, en el inicio de la Administración de López Obrador. Sin duda un mal comienzo.

Sería injusto no considerar la pandemia por Covid-19, que paralizó varios sectores de la economía nacional, entre ellos, el de comercio y servicios. A recluirse las familias en sus viviendas durante más de 12 meses, por la contingencia sanitaria la demanda agregada cayó abruptamente, lo que se reflejó en el crecimiento económico de 2020, que fue de menos 8.3 por ciento.

La mayoría de los gobiernos y sus bancos centrales de los países desarrollados implementaron políticas fiscales y monetarias expansivas para tratar de amortiguar la caída de la actividad económica por la pandemia, a costa de más endeudamiento público y alza en los precios de los productos de la canasta básica.

La intervención del Gobierno mexicano durante la inédita debacle de salud pública se limitó a atender las demandas extraordinarias de la población, a través de campañas masivas de vacunación contra el coronavirus, y ampliar la cobertura de camas en los hospitales del sistema nacional sanitario.

Apoyos económicos universales y directos a las familias, para dinamizar su consumo, no fueron contemplados como parte de las políticas públicas. Se sacrificó crecimiento económico por estabilidad macroeconómica.

Es probable que por el manejo incompetente y poco transparente de la deuda pública de los gobiernos, que precedieron esta Administración, se haya descartado esa opción económica.

El endeudamiento ha traído consecuencias de precarización en la calidad de vida de la población en el presente e hipotecado su futuro al cubrir financieramente las obligaciones financieras, antes de satisfacer las necesidades públicas de la sociedad en materia de educación y salud, entre otras.

Después del decrecimiento tan acelerado que tuvo el PIB en 2020, por lo general el siguiente año hay un “rebote”, y el PIB registra cifras positivas. En 2021 fue de 5%, crecimiento que se debe dimensionar en forma mesurada, pues se está comparando con el año previo que fue de encogimiento de las actividades productivas.

En los años posteriores del sexenio se lograba dejar atrás los números negativos del PIB; este, se comportaba de la siguiente manera: 3.1% en 2022; 3.2% en 2023, y se estima para 2024, que oscile entre 2% y 2.5 por ciento.

Si no surgen sucesos geopolíticos que alteren la economía mundial en lo que resta del año. En el sexenio del presidente López Obrador, el crecimiento estimado promedio anual del PIB fluctuaría entre 0.15% y 1 por ciento.

Crecimiento marginal, inferior al de los dos sexenios que le presidieron. Al parecer hubo tres factores que explican el raquítico crecimiento de la economía mexicana: Dos de ellos, ajenos a la SHCP, la pandemia y la guerra entre Rusia y Ucrania, y el último, la mesura con que se manejó el gasto público ante un fenómeno sanitario nunca visto en la historia reciente del país.

 

El Covid-19

Son irrefutables, los logros que se tuvieron con la formulación de las políticas sociales, en beneficio de la población olvidada por los regímenes gubernamentales anteriores a 2018. Los datos estadísticos lo evidencian.

De 2018 a 2024 se dio una variación real del salario mínimo de 110%. (Conasami). En términos nominales, un trabajador en 2018 ganaba por mes 2 mil 650 pesos, mientras en 2024, recibe 7 mil 470 pesos. La subida del salario, puso en evidencia, uno de los postulados de la teoría económica: Los incrementos salariales deben darse en función del índice General de Precios y de la productividad del trabajador.

La tasa salarial aumentó más del 15% por año, cifra muy superior a la de la inflación y del rendimiento laboral, 2022. De acuerdo con el informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la pobreza multidimensional disminuyó de 2018 a 2022 en 36.3%, que representó una población de 5.1 millones de mexicanos menos pobres.

Más de 10 millones de adultos mayores han sido beneficiados con la pensión no contributiva y universal. Esta pasó de mil 275 pesos mensuales a 3 mil pesos por mes.

De 2019 a 2024, la población con algún tipo de discapacidad en el país, asciende a 7.1 millones de personas, de las cuales alrededor del 10% reciben becas mensuales, para paliar sus necesidades primarias. (Continuará…)

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