Coahuila
Hace 6 meses
Por: Jesús Carlos Mena Suárez
La comida que consumimos ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Lo que antes eran ingredientes naturales y métodos de conservación tradicionales, hoy se ha transformado en una industria marcada por químicos, aditivos y procesos artificiales que han alterado la esencia de nuestros alimentos.
¿Por qué ya no pueden comprar carne, pollo y huevos?
El precio de los alimentos básicos ha aumentado considerablemente. Factores como la inflación, las enfermedades animales (como la gripe aviar y el gusano barrenador) y el encarecimiento de los insumos han impactado la producción. Esto ha llevado a que muchas familias opten por consumir productos más económicos como tortillas, frijoles y chile, como sucedía en el pasado.
De la conservación artesanal a la química industrial
Durante décadas, el ser humano utilizó métodos como la salmuera y el ahumado para preservar los alimentos. Posteriormente, las vitaminas añadidas mejoraron la nutrición.
Pero todo cambió entre los años 50 y 60, cuando empezaron a aparecer los productos ultraprocesados, cargados con conservadores y aditivos para extender su vida útil y mejorar su apariencia.
Ejemplo de esto es la manteca vegetal hidrogenada, promovida como una alternativa saludable en los años 40, pero hoy considerada perjudicial. En los 50 apareció Volupan, una manteca industrial que duplicaba el tamaño del pan, y con el tiempo surgieron las harinas preparadas, cuyos ingredientes reales sólo conocen los fabricantes.
Los ingredientes ocultos que afectan nuestra salud
La mayoría de los productos procesados contienen químicos agregados que afectan nuestra salud, incluyendo:
1. Nitritos y nitratos: Comunes en embutidos y carnes procesadas, están relacionados con enfermedades cardiovasculares y riesgos de cáncer.
2. Endulzantes arfificiales: como el aspartame y la sucralosa, pueden alterar el metabolismo y aumentar el riesgo de diabetes.
3. Colorantes artificales: Presentes en bebidas, golosinas y postres, se ha sugerido que afectan el desarrollo neurológico en niños.
4. Espesantes y estabilizadores: Mejoran la textura de productos como mermeladas y salsas, pero algunos pueden tener efectos inflamatorios en el cuerpo.
5. Aceites hidrogenados: Cargados de grasas trans, aumenta el riesgo de enfermedades del corazón.
La industria alimentaria ha normalizado estos ingredientes, creado un mundo donde ningún producto parece ser completamente natural. Incluso los huevos de granja pueden perder su color si no se les agrega pigmento a la alimentación de las gallinas.
¿Qué podemos hacer?
Los expertos recomiendan volver a lo natural y optar por alimentos frescos y minimamente procesados. Algunas recomendaciones clave:
– Leer las etiquetas: evitar productos con listas interminables de ingredientes y químicos desconocidos.
– Consumir alimentos sin aditivos: priorizar frutas, verduras, carnes sin procesar y cereales industriales.
– Reducir el consumo de ultraprocesados: buscar opciones caseras en lugar de productos industriales.
En el pasado, las galletas contenían sólo dos aditivos; hoy tienen más de 22. El impacto de estos cambios es evidente: El aumento de enfermedades como diabetes, problemas cardiácos y artritis está directamente ligado a la alimentación.
En un mundo donde la comida se ha convertido en una fórmula química más que en un alimento real, es momento de cuestionarnos: ¿Qué estamos comiendo realmente?
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