Coahuila
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Por esa arteria vivían algunos personajes de mi tiempo, como el famoso Ismael Lito Ramos señor, quien participó como diputado local en la planilla que apoyaba al general Lucas González, una de las cuatro veces que quiso ser Gobernador de Coahuila. El Gobierno federal ordenó al entonces inspector de la policía local, Roberto Swain, desalojar a los diputados que estaban a favor de González y en contra de Benecio López Padilla.
El funcionario policial dijo al señor Ramos: “Vengo a suplicar a usted”.
—Nada de vengo a suplicar —contesto irritado Lito—, lo que pasa es que usted debió haber sido inspector de policía en la época de Luis Quince.
Lito Ramos sería posteriormente director de la Policía y gallardo recorría las calles de la ciudad a bordo de un hermoso caballo color blanco. La gente lo comparada con un actor de moda del cine norteamericano, John Wayne. Después, en esa misma calle Victoria, se dedicó a la fábrica de sarapes haciéndole la competencia a don Jesús Santos Barrera y al señor Oyarzabal.
Por la misma calle tenía su negocio de imprenta don Froilán Mier Narro, donde publicaba un periodiquito bajo el nombre de Pica, Pica. Tipo desatacado y altruista de la ciudad de Saltillo, que prácticamente patrocinaba varios periódicos y revistas estudiantiles. Fue director del Diario del Norte y propietario de la Radiodifusora XESJ, “la llamada de la cultura” era el slogan y que pretendía transmitir música clásica, situada en un pequeño local del edificio del Cinema Palacio en Victoria y Acuña. Ahí fue administrador y locutor Antonio Escobedo Casas; la emisora fracasó y don Froylán la vendió a los Quintanilla de Monterrey y, con la nueva administración, Toño siguió en un cargo de segundo de a bordo hasta su partida física de este valle de lágrimas.
En la misma arteria y muy cerca del banco y hotel Coahuila se encontraba la primera distribuidora de la cervecería Cuauhtémoc de Monterrey, a cargo de don Alfredo Villarreal y don Ricardo Villarreal, con su agencia de automóviles Chevrolet. Por esa misma calle se encontraba la oficina federal de Hacienda, que comandaba Antonio Espinoza Falcón, así como el nuevo edificio construido por don Miguel Dainitín, para su agencia de automóviles, muy cerca de los hoteles Urdiñola y Arizpe de los señores Blanco y Arizpe. Igualmente, la oficina de Correos, antes de trasladarse al actual edificio donde opera desde hace más de medio siglo.
En los bajos del Hotel Coahuila, don Juan de León, su famosa peluquería, que era centro de reunión de políticos y ricos, del ya para entonces, considerado por Óscar Flores Tapia en su libro Herodes, “viejo edificio sin más perspectiva que la del derrumbe inmisericorde”.
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