Coahuila
Hace 8 meses
El viento sopla, qué frio hace afuera Las hojas secas tapizan la vereda”. Cirino Paniagua
Al fondo y hacia el oriente de la calle Ojo de Agua, la que colinda con el lado sur del edificio de la Iglesia del mismo nombre del barrio, cuna de la ciudad, se localiza una casita de adobe derruida por el tiempo y por la falta de mantenimiento.
Ahí, “prendida con alfileres”, la rudimentaria construcción está ubicada al pie del cerro que ahora resguarda a la Plaza México y que en 1847 fue “el fortín de los americanos”, donde acampó parte del grupo de cientos de soldados estadunidenses que invadieron nuestro país para quedarse finalmente con la mitad del territorio nacional.
La vivienda, construida con el milenario adobe, hecho con masa de barro y paja, fue por muchos años la casa de un famoso músico a quien, en el barrio del Ojo de Agua, sólo conocimos como don Pablito, ya fallecido, quien todos los días, sentado en un banquillo de madera, tocaba su acordeón a un lado de la vidriera que daba a la calle de Ocampo de la Ferretera de Norte, donde inició todos sus negocios el patriarca de Grupo Industrial Saltillo, don Isidro López Zertuche.
Don Pablito era invidente y cada mañana era llevado por uno de sus hijos, que ahí lo dejaba hasta el atardecer cuando regresaba por él. Fue simbólica su presencia para los habitantes de este terruño como yo, entre las décadas de los años 50 al 80 del siglo pasado. Repentinamente, yo no vi a don Pablito; el hombre había muerto. Los vecinos dicen que tiene descendientes en el barrio de Santa Anita y en la colonia Guayulera; no he podido dar con ellos.
En la casita de adobe vive una de sus nietas, cuyo nombre ignoran los vecinos y dicen que la dama es “algo especial”, que poco plática con ellos y que sale de mañana, regresa por la tarde, y se encierra en su vivienda.
Es una de las pocas edificaciones de adobe que hay en el entorno. El antiguo terreno que sirvió como campos deportivos para practicar el beisbol, y donde a principio de la década de los años 20 del siglo pasado, se distinguía por una enorme antena, “la torre inalámbrica” que sirvió de base para una de las primeras radiodifusoras que tuvo la ciudad, ahora fue poblado de modernas casas, algunas con cierto lujo, pero todas de ladrillo y otros materiales.
La casa de don Pablito tiene casi 200 años; sus paredes descarapeladas muestran el adobe que firme aún sostiene la antigua edificación. El zarpeo es el original, cal viva, nopal, arena fina de arroyo, agua y poca sal, con su debido reposo hasta que el nopal soltara la baba y se encalmara la cal. El uso del adobe es una práctica arraigada en la historia de la ciudad. En los años 50 del siglo pasado, la revista National Geographic publicó un artículo que mencionaba a Saltillo como “la urbe de adobe”, que forma parte integral de la arquitectura de la ciudad y distintivo de su identidad histórica.
Dato curioso
Se dice que en Saltillo hay más de mil de casas de adobe, algunas en deterioro por el tiempo y la falta de mantenimiento.
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