Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Histórico revés a operativos migratorios, ordenan a agentes federales parar redadas basadas en discriminación racial Decomisan 47.44 kilos de droga y detienen a cuatro Propone Gabriel Elizondo dar certeza jurídica al traslado de combustible para maquinaria Cae en Matamoros líder de los ‘Ciclones’ La Cámara de Diputados rendirá homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas

Zócalo

|

Ciudad de México

|

Información

| La "Nueva Ciudad Perdida" está en construcción para sustituir las viviendas irregulares por unas que cumplan con la ley de construcción. Fotos: Agencia Reforma

Cd. De México

La Ciudad Perdida en Tacubaya

  Por Agencia Reforma

Publicado el domingo, 9 de enero del 2022 a las 10:23


Aunque en la Ciudad Perdida, en Tacubaya, se prometieron casas para habitantes del asentamiento irregular, hay quienes se quedaron sin ella

Ciudad de México.- Aunque en la Ciudad Perdida, en Tacubaya, se prometieron casas para todos los habitantes del asentamiento irregular, hay quienes se quedaron sin ella.

Es el caso de Antonio Encarnación Rodríguez, “El Indio”, quien ahora vive en la batea de una camioneta prestada desde agosto de 2021. Al morir su madre, él heredó la vivienda en Miguel Hidalgo, en la cual nació y ha vivido durante 59 años.

Camina todos los días junto al proyecto Tacubaya Sur viendo la evolución diaria de la construcción, a la expectativa de la habitación de departamento que su hermano le prometió, pero conformándose con ser el velador de la “Nueva Ciudad Perdida”.

El predio de unos 6 mil metros cuadrados había sido descartado por autoridades anteriores para edificar viviendas regulares, debido a que se encuentra en una zona de minas y presenta problemas de inestabilidad del suelo. En el área había casas de hasta 100 años de antigüedad, en las que vivían alrededor de 185 familias.

“El Indio” no tiene casa: se la quitaron, le expulsaron, la demolieron y lo despojaron.

Tenía que viajar a Nicolás Romero, Edomex, para cuidar la casa de su padre en ocasiones, en una de esas visitas, el Gobierno de la Capital levantó el censo en Tacubaya y, al no estar presente, su hermano fue quien se apuntó y ahí perdió la titularidad de la casa.

También perdió la credencial del INE y el registro que lo avala como beneficiario. De los 4 mil pesos de renta que el Gobierno entrega como apoyo a los vecinos, a Antonio le prometieron 2 mil, pero su hermano sólo le llega a dar mil pesos.

Tiraron “la jacalera” para hacer departamentos, demolieron sus recuerdos, su cuarto, el lugar donde nació, creció y donde espera morir.

“ Hay veces que sí me pongo a pensar y a veces me dan ganas de llorar. Yo de aquí tengo que salir muerto”, indicó.

Es ambulante, pero no comerciante: vive deambulando desde hace un año, cuando dejó su hogar en el predio de casas de madera y jacales apilados conocido como la Ciudad Perdida, aun así, todos saben dónde encontrarlo.

“ ¿El Indio?, él siempre está aquí, en la esquina”, resaltó María del Rosario, quien tiene una tienda frente a la Ciudad Perdida.

Estoico bajo la lampara de Padierna y Héroes de la Intervención, el hombre aguanta el frío de la noche en el Barrio de Tacubaya, con la intención de hacer unos últimos mandados y ganarse unas monedas para comprar un pan, una torta, un refresco: algo para cenar.

Ahí trabaja, como delivery local para vecinos, negocios y hasta obreros de la “Nueva Ciudad Perdida”; pero siempre vigilando las obras del lugar a donde espera regresar.

Al igual que Antonio, su madre nació en la Ciudad Perdida y hace 5 años falleció.

La casa se la dejaron a “El Indio” y la habitó solo hasta 2019, cuando su hermano llegó con su familia.

“ La verdad yo no hice caso, pero cuando vinieron a censar, mi hermano fue el que se apuntó. Él fue, ahora sí que ya es el dueño”, narró.

Ni tenía INE, ni estaba en la Ciudad Perdida: perdió su casa, el registro que lo avala como beneficiario quedó a nombre de su hermano.

Desde entonces sobrevive a base de propinas y el micro gasto que le da su hermano.

Recuerdo de la jacalera

Cada 12, 24 y 31 de diciembre, la fiesta en Tacubaya empezaba en la noche y terminaba a las 3 de la tarde.

Le gente se iba a dormir, despertaba y a seguir bailando.

“ Ah, se extraña la algarabía de la jacalera”, dijo María Luisa Martínez, de 80 años, quien ha vivido toda su vida frente a la Ciudad Perdida; su abuela sí habitó el predio.

En el baile se enlonaba el centro de la Ciudad Perdida o se cerraban las calles aledañas, pero siempre con una constante: grandes bocinas, mezcladoras y sonideros.

“ Era adentro de todo. Era casi puros jacales con mucho lodo y todo eso. Cuando estaba lloviendo, así se ponían a bailar”, detalló Mario Hernández, “La Ley Poderosa de Tacubaya”.

El hombre es sonidero desde los 14 años y sus primeros bailes los dio en la Ciudad Perdida.

Con un equipo comprado en abonos y discos prestados, tocaba para los dueños de los jacales en fiestas improvisados durante los sesentas.

Se hizo llamar Sonido 64, por el año en el que consolidó su proyecto y, desde entonces, la fama superó la adquirida en el barrio y fue conocido por el ambiente sonidero de la república.

“ Como no había otro sonido más que yo, hasta me rogaban (cuando tocaba en otros lugares) y me decían: ya córtale, ¿no? Tocaba cinco horas y les decía que me ayudaran a llevar mi equipo (a la Ciudad Perdida)”, recordó.

Los vecinos destacaron que el lugar era conocido por su pobreza y sus bailes. La celebración del sonidero de cumbia, salsa, cha cha cha y hasta reggaetón, en tiempo recientes, era tan importante que así fue como la despidieron.

Agregaron que Víctor Hugo Romo acudió a bailar y tomar cerveza con los vecinos en su último sonidero.

“ La Ciudad Perdida era por, decir, Tacubaya. Donde vivía gente muy pobre, muy pobre, eh, muy pobre. Ahí vivía mucha gente pobrecita”, contó Hernández.

Parada obligada por el ambiente Sonidero, la Ciudad Perdida se hizo popular por la presencia no sólo por él, sino de sus invitados, como La Changa o Súper Grupo Colombia.

Una de las cosas que más ilusión le hace al hombre de 74 años es volver a tocar en la Ciudad Perdida en su inauguración.

Y, aunque no está muy seguro de tener permiso, él ya tiene preparada la canción ideal para la apertura.

“ Ojalá y que les den chance, para estar ahí, para recordar. Para ponerles esa de Casa de la Vecindad, para que se acuerden. Y estoy seguro que también se ponen llorar todos”, afirmó.

Así como en la canción de la Matancera describe la ropa de obrero colgada en los tendederos, los patios llenos de niños y la pobreza, así Mario recuerda a la Ciudad Perdida.

“ Hoy que te están derribando, mis recuerdos llorando morirán junto a ti”, relata la melodía.

Capillas, la identidad

La parte más difícil para algunos vecinos de la Ciudad Perdida durante su demolición y remodelación fue abandonar sus capillas.

“ Era lo que íbamos a ver, para ver si nos podían respetar las capillas, pero pues no hemos podido hablar de eso”, explicó Luisa Angélica Molina, ex habitante.

Había tres entradas principales con diferentes imágenes: un Sagrado Corazón, un Señor de Chalma y la central que lideraba la celebración de la Ciudad Perdida.

Recordó que toda la gente se hacía llamar como la imagen que le correspondía: “soy del sagrado corazón” y que la celebración en honor a la Virgen de Guadalupe arrancaba por la noche de cada 11 de diciembre.

Detalló que había bailes con sonidero, comida preparada por los colonos, alcohol de sobra y una fiesta que duraba hasta la tarde del día siguiente.

El último nicho en ser derribado estaba en la esquina de Padierna y Héroes de la Intervención.

Los “jacaleros” aún guardan la esperanza de que el Gobierno de la Ciudad de México no se oponga a la construcción de nuevos nichos para continuar con la identidad y tradiciones de la Ciudad Perdida.

 

Notas Relacionadas

Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2