Y los buitres de la Narro
En aquel Saltillo apacible de los años 50 del siglo pasado: 100 mil habitantes, dos diarios, seis neverías, dos semáforos, tres o cuatro cines, casi todo entre el panteón de Santiago y la calle Abasolo, entre el Ojo de Agua y el Ateneo Fuente.
Se fumaban cigarrillos Monte Carlo Extra y Veinte, Belmont, Delicados, Alas y Faros; circulaban por sus calles todavía automóviles Hudson y De Soto, Packard, Pontiac y Studebaker, y para viajar a México había que tomar el tren Águila Azteca.
Los desfiles de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro por Acuña, Ramos, Allende y Victoria, hasta la Alameda.
“Vengan a verme nenas; no se pierdan el desfile. Y las admiradoras aplaudían embelesadas, según los galanes de la Narro, y más tarde compraban fotos tomadas por “Mora y García, los amos de la fotografía”
Pedro Infante triunfaba en aquel frío febrero del 52, con El Plebeyo, y cerró en diciembre del 56 con Violetas Imperiales (Luis Mariano), Amor Mío (Lucho Gatica), Cariñito Azucarado (Virginia López), y Only You (Los Platters). Para entonces, sin embargo, ya venía el rock, y Elvis hacía furor con Alrededor del Reloj. El Hit Parade de Saltillo lo daba la XESJ, donde predominaban las voces de Toño Escobedo y Jorge Ruíz Schubert.
Las rocolas del Centro Alameda, “La Guacamaya”, “El Élite”, “El Tena”, refrescos, café, nieve, boleros, instrumentales y rancheras.
Los chavos bailaron en Saltillo los últimos mambos. Se movieron al compás del chachachá, el charlestón y vieron llegar el rock avasallador. Los enamorados arrastrando los pies en los pisos de la Sociedad Manuel Acuña, al ritmo de las orquestas de Lorenzo Hernández, Tapia y Yeverino y las que venían de la Ciudad de México. También había bailes en Obreros del Progreso, el Deportivo Ojo de Agua, Zarco de Artesanos, la Cinsa, El Parque Azteca, El Álamo, y por supuesto en fiestas familiares, a donde nadie nos había invitado y amenizaba la orquesta de La Agujita, (el tocadiscos).
-¡¿Bailamos señorita?!
-No porque se enoja “Món”, dice la suegra.
-Yo cené cabrito y no presumo tanto.
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