Siglos de historia en fotografías, documentos, objetos y pinturas reúne la maestra Elida Aguirre Mendoza, en su bazar-museo San Esteban de la Nueva Tlaxcala, donde guarda celosamente un coleccionismo, que es más que una simple acumulación, es su propia vida y su identidad, además un ejercicio de la memoria y un refugio emocional.
Desde los 8 años, entró en la curiosidad de acumular cosas y, aunque parezca increíble, fue en algunos basureros donde comenzó a coleccionar, sin tener todavía conciencia de lo que ello significaría en su vida. Fueron unos anuarios de las Escuela Normal y del Ateneo los primeros documentos y, conforme pasaba el tiempo, más acumulaba.
Su padre, Juan de Dios Aguirre, maestro de profesión era quien la impulsaba; desde luego contaba con el respaldo de su mamá, Maurilia Mendoza.
Elida Aguirre nace y se hace coleccionista en una especie de mezcla de ambos. Desde niña nace en ella una predisposición natural hacia la curiosidad, dentro de una vocación y disciplina, así como la pasión por atesorar documentos y objetos.
Sería muy largo enumerar las cosas que conserva, que van desde fotografías de niños tlaxcaltecas, pinturas, documentos y objetos antiguos. A los 15 años es llamada para estudiar en el Instituto del de Capacitación del Magisterio, pero además recibe una plaza administrativa en la Dirección de Educación del Estado, específicamente, “como caída del cielo”, en la biblioteca de la institución, con la consabida frase: “Toda tuya”.
Luego, su área de acción sería el internado federal Guadalupe Campo Redondo, donde desarrolla una impresionante y positiva labor en beneficio de los alumnos de este recinto escolar.
Nada más para que usted se dé una idea del acervo acumulado, la señora Elida conserva más de cuatro mil fotografías que cuenta la historia de la ciudad de varios siglos.
Ella señala que coleccionar responde a una necesidad por establecer un orden y dotar de valor a lo inanimado, pero para que un acumulador se convierta en un coleccionista formal es necesario aprender sobre la historia del objeto, definir un criterio de búsqueda, y educar el ojo.
Ella habita una vieja casona del Centro Histórico de Saltillo, que abarca una superficie de mil metros cuadrados, donde se encuentra su bazar-museo, ahí acumula las cosas adquiridas a base de sacrificios económicos, donde los recursos también influyen decisivamente, pues dan margen a mantener la afición.
El local se localiza en la esquina que forman las calles Xicoténcatl y Lerdo de Tejada, en la antigua traza tlaxcalteca de la ciudad. No se me hubiera ocurrido preguntar “¿qué tipo de objetos, documentos, fotografías y pinturas guarda?”, porque me dio una cátedra de historia de la ciudad, “que ni el Archivo Municipal tiene”, dijo.
Al observar detenidamente las cosas ahí acumuladas, reflexiono sobre cada una las piezas de su colección a la vista y lo que representan, sin duda es un espacio que rescata, organiza y preserva, transformando lo ordinario en un patrimonio con valor cultural o sentimental.
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