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Coahuila

La condición nacional

Por Juan Villoro

Hace 5 años

La política decide el presente; la cultura, el porvenir. Vale la pena recordarlo después de unas elecciones que volvieron a demostrar nuestra capacidad para protagonizar narrativas paradójicas. ¿Cómo contar una historia de terror con final casi feliz?

Decenas de aspirantes fueron asesinados, el INE recibió amenazas y muchos candidatos parecían haber sido seleccionados en un casting de incapacidades. Pero al final, la pluralidad salió fortalecida, el INE confirmó su importancia en el ejercicio democrático y los votantes descartaron a quienes no tenían más currículum que su relativa notoriedad (el actor Alfredo Adame estuvo por debajo de los votos anulados, lo cual demuestra que los errores son más populares que la “fama”).

Con todo, el saldo no es color de rosa. Acusado de violación, Félix Salgado Macedonio se salió con la suya. Gobernará a la sombra de su hija Evelyn, que en vez de programa de Gobierno ofreció una playlist: su campaña podría llamarse Bailando por un sueño (ajeno).

Ciertas escenas condensaron el horror. René Tovar, candidato en Cazones, Veracruz, fue asesinado 36 horas antes de la contienda. No pudo ser sustituido en la boleta y ganó la elección. En el país de Pedro Páramo, los muertos se imponen a los vivos.

¿Cuál es la esencia resistente de nuestro momento? En su ensayo “¿Qué es lo contemporáneo?”, Giorgio Agamben repara en la paradoja que define a los testigos de una época. Inmersos en su realidad, le descubren un error y toman distancia para entender lo actual “en una desconexión y en un desfase”.

En sus Consideraciones intempestivas, Nietzsche señala que el pensamiento intempestivo “intenta entender como un mal, un inconveniente y un defecto, algo de lo cual la época, con justicia, se siente orgullosa, esto es, su cultura histórica”. En un sentido profundo, lo contemporáneo escapa a la norma, la costumbre, la opinión generalizada. Alguien es “de su época” por una virtuosa oposición a esa época. Los representantes del Renacimiento o la Ilustración estaban en contra de su momento. Agamben señala: “Es en verdad contemporáneo aquel que no coincide a la perfección con su tiempo ni se adecua a sus pretensiones y es, por ende, en este sentido, inactual; pero justamente por eso, a partir de ese alejamiento y ese anacronismo, es más capaz que los otros de percibir y aprehender su tiempo”.

A la larga, nos representa mejor un poeta que un político. A propósito del centenario de López Velarde, Christopher Domínguez Michael publica un brillante ensayo en Letras Libres centrado en la contradictoria condición del “poeta nacional”. Neruda, Yeats y Victor Hugo, que merecen ese rango, se opusieron a la tradición con un ideario que solo se impondría después: “Para triunfar como poeta nacional se requería, para empezar, ser una fuente de conflicto”, escribe Domínguez Michael. “Los verdaderos ‘poetas nacionales’ de México fueron los muralistas”, y agrega: “Prefiero leer La Suave Patria como el canto de un derrotado”.

¿Es López Velarde nuestro poeta nacional? En dos versos resumió la riqueza y los riesgos del subsuelo: “El Niño Dios te escrituró un establo / y los veneros del petróleo el diablo”, y el destino nacional cabe en estas letras: “En piso de metal, vives al día / de milagro, como la lotería”.

Muerto a los 33 años, no vio la publicación de La Suave Patria, que el Gobierno de Obregón convirtió en canto cívico a pesar de que el poema critica la Revolución, juzga que Cuauhtémoc es el “único héroe a la altura del arte” y hace más alusiones al catolicismo que a las gestas nacionales.

“Navegaré por las olas civiles”, anuncia el poeta, pero lo hace “con remos que no pesan”. Para sobreponerse a las convulsas aguas de la historia, navega en forma leve. Ajeno a todo afán patriotero, concibe un país intensamente personal. La extraordinaria paradoja es que así reinventa el sentido de pertenencia. Su voz, que no aspira a captar “lo nacional”, está misteriosamente cerca de nosotros.

López Velarde contempla el tiempo que repudia y lo atrapa en forma crítica. En el sentido de Agamben, es contemporáneo.

“Suave Patria: te amo no cual mito / sino por tu verdad de pan bendito”, escribe el creador de una provincia íntima. A 100 años de su muerte, ese país es más auténtico que el de los textos de civismo.

La suerte de una época pasa por la política, pero se define en la cultura, el pan del porvenir.

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