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La decisión tomada, en 1969, impactaría en Coahuila y Piedras Negras

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

Si usted, lector amable, ha seguido los escritos de las dos semanas previas, recordara que al finalizar el anterior le mencionábamos acerca de un evento ocurrido, en octubre de 1969, el cual  don Rafael Villarreal Martínez nunca imaginó que habría de revertirle los tiempos adversos en la política, y de cómo aquella decisión, la del candidato, habría de impulsar el crecimiento y desarrollo de Coahuila y Piedras Negras. La perspectiva sobre aquello nos la relató en Piedras Negras, Destino y Origen. 80 años una narración para mis nietos,” (2005) y “Piedras Negras, Destino y Origen: Personajes. Sitios y Recuerdos,” (2010).  Partamos a esos recuerdos.

En aquel octubre de 1969, se dio el destape como candidato presidencial de Luis Echeverria Álvarez, el cual como siempre sucedía, despertaba expectativas, pero don Rafael ni idea tenía de lo que vendría. Llevaba seis años, y durante los cinco siguientes continuaría  participando en la política de manera marginal. En esas estaba cuando llegó 1974 y en ese año habría de decidirse la sucesión del gobernador Eulalio Gutiérrez Treviño. Quien mayor presencia tenía en la entidad era Oscar Flores Tapia, entonces Senador y líder de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) del PRI. Flores Tapia era un hombre que durante muchos años vivió en Piedras Negras, en donde en alguna ocasión se desempeñó como agente de tránsito. Era alguien con profundas raíces populares y de una cultura amplia. Su carácter fuerte, como es el de todos aquellos que tienen que abrirse camino en la vida sin tener tras de sí abolengo alguno, hacía que para algunos resultara demasiado rudo y áspero en el trato. Sin embargo, tenía bien definido lo que deseaba para Coahuila. Sus cuatro amigos en la política de la ciudad eran Oscar Pope Jiménez, Saúl López Aldape, Eduardo Luis Barrientos Lucio y Humberto Flores Garza, después se agregarían otros. Lo que don Rafael desconocida, y de lo cual nosotros nos enteramos a través de nuestro maestro Xavier N. Martínez Aguirre, era la gran amistad que don Oscar tenía con el profesor Fausto Zeferino Martínez Morantes, misma que se inició a partir de una recomendación del profesor Federico Berrueto Ramón. Realizada esta acotación, retornemos a la mitad de los 1970s.

Entre los muchos instrumentos que utilizó don Oscar para consolidar su precandidatura, estuvo el dejar sentir su presencia en las colonias populares de toda la entidad. Para ello, instrumentó un programa de cooperativas de consumo a instalarse a lo largo y ancho del estado y ahí don Rafael se incorporó a la actividad proselitista en favor de Flores Tapia cuando, en Piedras Negras, esa encomienda, la de instalar cooperativas de consumo, le fue asignada y ahí, don Rafael reconoce como en esta forma tuvo su  primera responsabilidad política de cierta importancia. Sin mayor herramienta que el encargo mencionado y el poder de convencimiento, nos dice, me dediqué a recorrer una por una las colonias populares de la ciudad, entrevistándome con sus líderes naturales a quienes explicaba en qué consistía el proyecto y los beneficios que les traería. La fórmula era simple, a través de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO) se les abastecería de productos de consumo básico a precios bajos para que con una pequeña utilidad fueran vendidos en esos sitios, ahorrándose así el trasladarse más allá de su entorno y a la vez economizar unos pesos, que ayer como ahora siempre son valiosos. El requisito era contar con un local y tener la aprobación de los vecinos. El programa fue todo un éxito, en Piedras Negras instalamos 25 cooperativas de consumo.

Finalmente, la candidatura se decide a favor de Flores Tapia dada su amplia aceptación en todo Coahuila. Había logrado, como pocos, un alto nivel de consenso a su favor. De cómo se dio su destape, don Rafael lo narra  en otro apartado de sus libros y en este espacio lo hemos comentado anteriormente. Cuando se inicia el proceso para nombrarlo candidato de cada uno de los tres sectores en la entidad, toca a Piedras Negras ser la sede para llevar a cabo la convención del Sector Popular. Era marzo de 1975 y las calles de Piedras Negras desde la entrada, a la altura del edificio del Seguro Social, hasta el Cine Rodríguez en la calle Allende, entre Xicoténcatl y Padre de las Casas, estaban repletas de vehículos y personas que esperaban a Flores Tapia. El entonces precandidato arriba con su comitiva en autobús y al llegar a la altura del Hotel La Quinta al ver el entusiasmo reinante decide completar el recorrido caminando. Aquello fue apoteótico, en todo lo que recuerdo jamás la población se ha manifestado en forma tal por candidato alguno. Aun cuando don Rafael no lo menciona, ahí estaba él en la primera fila acompañado al precandidato en su recorrido, las imágenes publicadas en Zócalo dan fe de ello. Flores Tapia, quien había vivido días muy difíciles durante sus años en Piedras Negras, no cabía de felicidad al ver aquello. Su entrada al Cine Rodríguez, donde se desarrollaría el acto, fue tumultuaria, el sitio estaba repleto no podía entrar nadie más. El discurso de Flores Tapia fue pleno de emoción y conceptos claros de hacia dónde quería llevar a la entidad, el resultado fue todo un éxito.

A principios de 1976, una vez que Flores Tapia gana las elecciones y toma posesión como gobernador, en diciembre de 1975, a través del Recaudador de Rentas en Piedras Negras, se me invita a colaborar como Oficial Mayor Contador en esa dependencia. Después de casi veinte años volvía a trabajar en Piedras Negras. El camino había sido largo y la responsabilidad era todo un reto. Entre lo aprendido en la universidad de la vida y el talento propio pude sortear la nueva encomienda, lo cual desde mi punto de vista lo hice con bastante atingencia. Para don Rafael no había cargo pequeño, todos implicaban responsabilidad y había que enfrentarlos con toda seriedad.

Coahuila vivía una época de trabajo y transformaciones bajo la dirección de Flores Tapia, las ciudades evolucionaban, Saltillo dejaba de ser la capital del adobe y se convertía en ciudad  moderna. Únicamente  Piedras Negras, bajo el desgobierno de Tomás De Los Santos Medina, quedaba rezagada, las calles eran un desastre, los servicios públicos dejaban mucho que desear, la inseguridad reinaba, la ciudadanía se preguntaba: ¿Donde quedaron las promesas de Flores Tapia?,  la respuesta pronto la tendrían. En 1978, por fin se da lo que por tanto tiempo habíamos luchado, se obtiene la presidencia municipal. Se me invita a colaborar como Tesorero Municipal, para algunos que me habían visto desempeñar los trabajos más difíciles basados solamente en la fuerza física, yo no reunía los requisitos para estar ahí. Para aquellos que me vetaron de manera no oficial para que pudiera desempeñar trabajos bien remunerados en la ciudad, mi nombramiento era un revés y no les quedaba sino esperar que fracasara para sentirse satisfechos. Y acto seguido, don Rafael hace un reconocimiento a quien fue su gran apoyo, doña Estela.  Nos dice que los inicios fueron muy difíciles, de no haber sido por el apoyo de ella  que [era] muy tesonera y quien toda su vida [se distinguió] por ser  infatigable e invencible ante la adversidad, hubiera mandado todo al diablo, pero poco a poco las actividades se fueron normalizando. Al arribar a su oficina, aparte de deudas, lo único que encontró fue una caja fuerte vacía en al que solamente estaba un fémur de vaca perfectamente barnizado, el cual conforme a la tradición había sido poseído por quienes me antecedieron en el cargo. Ese famoso hueso lo heredaría a quien me sucedió en el puesto. Cuando las hordas panistas incendiaron el edificio de la presidencia municipal, en aquel aciago diciembre de 1984, el hueso junto con la mencionada caja fuerte fue a parar a la mitad de la calle Abasolo, afortunadamente algún acomedido lo rescató y me lo hizo llegar. Actualmente lo conservo en la biblioteca de la casa. 

Al inicio de la administración, los ingresos eran escasos y los compromisos crecientes, debo de reconocer que en varias ocasiones a finales del mes el presupuesto del municipio no alcanzaba para cubrir las necesidades de la nómina de la presidencia. Varias veces fue necesario solicitar crédito al banco para cumplir puntualmente con esa obligación. Afortunadamente, siempre se cumplía a tiempo con el adeudo y el préstamo quedaba liquidado. Asimismo, el ambiente laboral era poco disciplinado. La primera encomienda fue poner orden hacia el interior, la segunda mantener un riguroso control sobre los ingresos y egresos públicos. En esta labor fue muy importante el apoyo, de Humberto Villarreal Rodríguez en la Asesoría Jurídica; de Rodolfo Fernández González como Contralor; de Manuel Neavez Ríos como encargado de los sistemas informáticos; de Horacio Chávez Zapata y Juan Martínez como inspectores municipales y por supuesto de la ciudadanía nigropetrense quien siempre tuvo las puertas de mi oficina abiertas para ser atendidos. El trabajo en conjunto fue un éxito, tras de tres años las finanzas se sanearon y  el presupuesto municipal que, en 1978, era de 27 millones de pesos, al finalizar 1981, alcanzaba los 300 millones de pesos.

Con el apoyo de Flores Tapia y la generación de recursos propios fue posible hacer obras en la ciudad, una nueva imagen se proyectaba, el trabajo era intenso pero muy satisfactorio. Los recursos municipales empezaron a crecer, la ciudadanía en general pagaba sus impuestos al ver que se reflejaban en obras. Una de estas que mayor satisfacción me produjo fue la edificación del Auditorio Santiago V. González. Permítanme platicarles cómo surgió la idea. Durante todos los años que le dedicamos al basquetbol, uno de nuestros sueños fue el contar con un sitio que tuviera las condiciones para que este deporte se desarrollara de manera más adecuada. Administraciones municipales se sucedían y ninguna hacia realidad aquello. Así un buen día, don Santiago se comprometió a donar un millón de pesos si el municipio otorgaba cantidad similar para la construcción del mencionado Auditorio, la oferta fue aceptada y al final el costo fue de 90 millones de pesos. Se decidió que la duela fuera similar a la del Madison Square Garden, se contara con aire acondicionado, la más moderna de las  pizarras eléctricas, butacas que permitieran el mayor confort al espectador, en fin, convertirlo en el mejor de Coahuila. Aquel dia,  del 12 de diciembre de 1981, cuando se inaugura la obra, es para no olvidarse. De las canchas de la Federal, pasando por las de la Escuela Modelo, la del Cinelandia, la de los Bomberos, la  de la Escuela Secundaria Benito Juárez, y el Gimnasio Municipal, por fin Piedras Negras contaba con un sitio  para practicar el basquetbol sobre la duela que lucía esplendorosa y las tribunas pletóricas, había valido la pena los esfuerzos para administrar el dinero público y concretar aquello que, como lo recordaba esa noche, fue en una época el sueño de un grupo de románticos del basquetbol quienes sin más interés que el puro amor al deporte le dedicaban tiempo y dinero, ellos eran: José Cruz Castellanos Garza, Matías Mendoza Perea, Víctor Manuel Rueda, Timoteo González, Roberto Rosales, Francisco Vielma, Jesús Gutiérrez, Jesús Maldonado Rebollosa, Antonio González Ríos, Fidel Castillo, Rubén Rodríguez, Raúl Estrada García, José Víctor Villarreal, Salvador Humberto Ramírez y Ramiro Peña Guerra. Dejemos esta remembranza de la remembranza y volvamos al asunto de la política. 

Justo unos meses antes de que terminara el sexenio de Flores Tapia, a quien los poderosos de Saltillo que nunca le perdonaron el que hubiese sido no solamente  gobernador sino uno [de los tres] mejores en la historia del estado, armaron singular problema con el fin de expulsarlo de la gubernatura. Lograron su propósito, dado que el presidente de la república José López Portillo también tenía una deuda con Flores Tapia quien había apoyado la precandidatura de Mario Moya Palencia en 1976. Cien días antes de terminar su gobierno Flores Tapia se iba. Una vez ya fuera de la gubernatura y cuando las aguas se volvieron a aclarar, Flores Tapia se convirtió en un personaje singular que podía transitar sin el menor temor por las calles de Coahuila recibiendo el cordial saludo de los ciudadanos con los cuales era frecuente verlo entablar conversación sin importar el grado o condición social, era uno de ellos y no les había fallado cuando fue gobernador. Recuerdo que, en alguna ocasión, aun siendo gobernador, me preguntó acerca de alguna actividad específica, a lo que traté de dar respuesta con lujo de detalles, interrumpió mi hablar y dijo “ni des respuestas que no te piden, ni tomes encomiendas que no se te encargan” fue una buena lección. La última vez que tuve oportunidad de saludarlo, era un domingo por la mañana en la primavera de 1987. Fuimos de compras al Mercado de Coyoacán en la ciudad de México y de pronto veo aproximarse a la inconfundible figura de Flores Tapia en compañía de su esposa, doña Isabel, y le digo ¿cómo le va Señor Gobernador? con su peculiar forma de mirar cuando dudaba de algo o alguien trataba de endulzarle el oído, respondió “¿por qué me dices gobernador, si ya no lo soy?”. A lo cual le contesté, porque usted será siempre mi jefe y gobernador. Una vez comprobada la sinceridad de mis palabras, contestó a mi saludo “puede que digas bien…

Cuando falleció Flores Tapia, el 11 de julio de 1989, Francisco Juaristi Septién  envió uno de los reporteros del diario Zócalo para que me entrevistara respecto a lo que opinaba del difunto gobernador. La entrevista ocupa toda una plana, en ella hay conceptos que tal vez a muchos no gustaron, pero lo que expreso es producto de la admiración y el agradecimiento que siempre he tenido hacia este personaje singular.

Cuando el proceso de selección para suceder a Flores Tapia se presenta, nos la jugamos con el Lic. José  De Las Fuentes Rodríguez y volvimos a acertar, el panorama lucía prometedor. Aquí, al igual que en el destape anterior, don Rafael tiene algo que narrar y lo hace en otro apartado de su libro. Entre 1982 y 1987, nos comenta, serví a mi estado en el área de finanzas desempeñando los cargos de asesor económico y financiero, juntamente con el de subdirector de pensiones, secretario particular, y el sexenio lo terminé al frente de  la Dirección General de Egresos en la Tesorería General del Estado. Al inicio de la administración, la primera encomienda que se me asignó  fue revisar cada una de las dependencias y verificar quienes realmente eran trabajadores de estas y quienes solo aparecían en nóminas, pero no tenían presencia física, los resultados se tradujeron en una considerable cantidad de dinero ahorrada al erario. Si en algo me distinguí, durante el tiempo que estuvo a mi cargo la administración de fondos públicos, fue por mi estricto apego a las normas para hacer uso de ellos. Esto me creó una fama de ser un funcionario de los considerados “duros”, la cual pronto se hizo del dominio público. En este contexto, me enteré como en una alguna ocasión cierta dama líder de un grupo de colonias populares, acudió con el gobernador De Las Fuentes a solicitar un respaldo económico para sus representados. El gobernador le respondió que lo más adecuado era que se dirigiera a mi oficina para que ahí se tramitara su petición. La dama en cuestión respondió: “Mire señor, si me va a otorgar el apoyo démelo usted, pero no me envíe con ese viejo prieto amargoso, a ese no se le saca nada”. Nunca recibí la mencionada visita en mi oficina. Esa actitud era adoptada no solamente con los requirentes externos,  en lo general así se  comportaba. Veamos lo que nos narra a continuación.

Uno de los momentos más difíciles como director general de egresos lo enfrenté cuando el director de uno de los programas más importantes en la estructura de gobierno [y él en lo personal muy influyente], se presentó ante mí. Llegó a reclamarme unos recursos que, conforme a sus palabras, estaban pendientes de entregarse al área a su cargo. Mi respuesta fue en el sentido que ya se habían radicado pero que me permitiera llamar al subdirector encargado de ese asunto para mostrarle los comprobantes que respaldaban mis palabras, mencionándole que seguramente se hallaba confundido. Acto seguido, procedí a mostrarle la documentación que me trajeron, sin que ello satisficiera al mencionado solicitante. Por respuesta obtuve una amenaza y salió de mi oficina para ir a acusarme con mis superiores inmediatos. Nada logró, mis argumentos eran respaldados con documentos. Esta forma de actuar me ganó la antipatía de ciertos personajes… Aparte del manejo cuidadoso de los recursos financieros, hubo una encomienda muy particular que se le asignó a don Rafael. Reproduzcamos lo que al respecto escribió.

Al anunciarse, en marzo de 1982, la visita del candidato del PRI a la presidencia de la república, Miguel de la Madrid Hurtado, el gobernador De Las Fuentes detectó que en la Región Lagunera existía descontento e inquietud. Como político experimentado que [era], no iba a permitir que en su estado se presentaran situaciones anormales. Inicialmente encomendaron al subsecretario de gobierno, Rodrigo Sarmiento, y al hijo del gobernador, Arturo de las Fuentes Hernández, coordinar la llegada del candidato. Sin embargo, transcurridas apenas 24 horas, Arturo se regresa a Saltillo, al no estar de acuerdo con los métodos poco ortodoxos empleados por Sarmiento. Expuso al gobernador De las Fuentes sus razones y este determinó que era necesario enviar alguien distinto para realizar el trabajo. Se preguntó acerca de quién podría ir a desempeñar la encomienda, recayendo ésta en mi persona. Una vez recibidas las instrucciones y definidos los lineamientos a seguir, me dirigí a Torreón, acompañado de un par de personas como apoyo. Al arribar a esa ciudad, me encontré con que Sarmiento, [quien empacaba maletas para regresar a Saltillo, pero] oficiosamente y con el afán de dificultar mi accionar, ya había dispuesto que me hospedaría en  un hotel de los llamados de mala muerte. Ignoré tanta “amabilidad” y fui a alojarme al mejor hotel de Gómez Palacio, Durango.

Hubo momentos en que consideré que el gasto era excesivo y no proporcionaba el recurso económico solicitado, algunos se molestaban y buscaban intimidarme con la cantaleta de que presentarían su queja al gobernador. Sin embargo, las instrucciones del gobernador De Las Fuentes habían sido muy claras y a ellas yo ajustaba el criterio para gastar. Las jornadas fueron extenuantes, los días empezaban y terminaban en la madrugada, poco tiempo quedaba para el sueño, aquello eran reuniones con los líderes de campesinos, obreros, grupos de colonos y con periodistas, la gama era amplia y a todos había que convencerlos.

Un incidente al calce ocurre cuando poco antes de la llegada del candidato De La Madrid, se estaba presentando un espectáculo en el que participaban diversas figuras de la farándula, entre las que se encontraban David Reynoso y Eulalio González, “El Piporro.” Habían actuado, pero el arribo del aspirante presidencial se había retrasado, siendo necesario mantener el interés de los concurrentes, me aproximo a los dos personajes para solicitarles repitieran su presentación, encontrando como respuesta que no lo harían a menos que se les garantizara el pago de esta. A esas alturas cualquier cosa podría ser problema menos la disponibilidad de recursos, se les entregó la cantidad solicitada y acto seguido repitieron su número. Al final, el acto de campaña fue un éxito. La sabiduría política de José De Las Fuentes Rodríguez evitó que sucediera lo que seis años más tarde acontecería a Carlos Salinas De Gortari, la agresión física al candidato.

Hoy algunos lo olvidan, y otros no lo saben, pero aquella decisión de 1969 tuvo un impacto positivo en Coahuila y Piedras Negras. El reconocimiento, entonces, era tal que  los prohombres del pueblo siguieron al presidente Echeverria Álvarez por varios lugares del mundo y del país; orgullosos, se mostraban a su lado. Famosa fue la manta con la cual lo recibieron cuando arribó al Japón, Zócalo daba información oportuna sobre todo aquello.

No podíamos  concluir esta serie de artículos sin antes abordar lo que don Rafael narraba sobre la política y los personajes que en ella participaban en el  Piedras Negras de aquel ayer que hoy luce muy [email protected]  

Añadido (22.43.162) Esa es una muestra de que los panistas han avanzado. En otras épocas, ante ese atuendo azul entallado, habrían pedido la excomunión y posteriormente mandado cantar diez misas para salvar el alma de la pecadora.

Añadido (22.43.163) ¿No tendrá cosas mejores de que ocuparse la Suprema Corte de Justicia de la Nación en lugar de andar persiguiendo Nacimientos? Ni siquiera quienes no practicamos religión alguna podemos estar de acuerdo con esa soberana tontería.

Añadido (22.43.164) Hace ocho años que partió, pero en cuanto se les recuerda su nombre y la obra que dejó, quienes trataron de negarle méritos, se ponen muy nerviositos.  ¿Cuál es su temor?

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