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Coahuila

La desglobalización selectiva

Por Francisco Tobías

Hace 10 meses

Desde la prehistoria, la humanidad inició un proceso, al principio demasiado lento, pero cada vez más rápido de globalización. Ya para finales del siglo 20, la globalización se presentó como un proceso inevitable y del cual casi todos los países o economías deseaban participar.

La apertura comercial, los tratados de libre comercio, la integración de mercados, las comunicaciones, el internet y la fragmentación de las cadenas productivas a escala mundial parecían que, por lo menos al inicio, generaban economías más eficientes, con mercados en los cuales encontrábamos mercancías más baratas, ocasionando un mayor crecimiento económico.

Sin embargo, en los últimos años ese consenso empezó a parecer mentira; el Brexit, las pandemias, aunado a los conflictos geopolíticos, sin olvidar de las tensiones comerciales han dado lugar a un “nuevo” fenómeno que hoy está en boga de las discusiones y debates económicos: la desglobalización selectiva.

Esto no significa que la globalización termine aquí, pero sí que cambie de forma y fondo; es como un proceso de actualización del software de un celular. Hoy el mundo y la economía están cambiando, redefiniendo con quién, cómo y en qué sectores se integra; el resultado es un nuevo orden económico más fragmentado, estratégico y políticamente condicionado.

La desglobalización selectiva busca y logra reducir la interdependencia en sectores considerados estratégicos, la dependencia de ciertas economías sin abandonar por completo el comercio internacional. Podríamos decir que es una globalización “con pies de plomo”.

La desglobalización selectiva tiene tres pilares fundamentales: el nearshoring, que consiste en trasladar la producción a países cercanos al mercado; el friendshoring, refiriéndose a producir en países aliados política, y la reindustrialización para recuperar capacidades productivas nacionales.

En este contexto, México podría ser uno de los grandes beneficiarios potenciales del nearshoring gracias a la frontera que tenemos con Estados Unidos; su red de tratados comerciales y su experiencia manufacturera lo colocan en una posición privilegiada para atraer inversión. Pero esta enorme oportunidad no está garantizada, pues tenemos grandes retos estructurales que solventar como lo son infraestructura, energía, seguridad, el Estado de derecho y el capital humano. La desglobalización selectiva no beneficia automáticamente, exige políticas públicas coherentes y visión de largo plazo.

Los posibles ganadores de esta nueva faceta de la globalización serán aquellas economías que cuentan con estabilidad, que estén cerca de los grandes mercados y que cuenten con capacidad de producción. Siendo fundamental que la Iniciativa Privada logre adaptarse a cadenas de suministro más cortas y diversificadas.

Desafortunadamente también habrá economías perdedoras, siendo estas las que tengan una gran dependencia a las exportaciones de poco valor agregado o aquellas excluidas de los nuevos bloques comerciales.

 

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