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Coahuila

La difícil vida de un boxeador

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

Si le digo a personas de mi tiempo que su nombre es Antonio Marcelo Piña Cortez, no sabrían de quién se trata, pero si preguntó ¿se acuerdan del boxeador profesional “El Zurdo Piña”?, seguramente sabrán quién era.

No sé de qué barrio de la ciudad es o de que otra ciudad llegó a Saltillo. Repentinamente lo vimos viviendo en El Ojo de Agua, pues se casó con una linda morena, miembro de una familia distinguida del lugar, descendiente de los famosos Ramírez, que habitaron algunas casas en el costado sur de la Iglesia del Ojo de Agua.

Su esposa María Guadalupe Ramírez García, con quien tenía más de 50 años de ser pareja, afirmaba que el Zurdo Piña, bebía sangre de toro, “Por eso era muy bravo como boxeador”.

Era un tipo atrabancado, alebrestado, broncudo y corajudo con sed de grandeza y hambre de triunfo, que siendo un chamaco lo llevó a incursionar en la Ciudad de México, donde convivió con peladores famosos de la época como José Ángel “Mantequilla” Nápoles y “El púas” Olivares, entre otros, campeones mundiales de boxeo de quienes fue sparring, o sea, la persona que se enfrente en una pelea informal con un boxeador profesional, antes de un combate.

Ambos eran poseedores de una descomunal pegada, que el chamaco Piña tenía que aguantar, por unos cuantos pesos. Quien le dio asilo en la gran metrópoli fue el presidente del Consejo Mundial de Boxeo José Suleimán Chagnón.

Piña Cortez era hijo de Ernestina Cortez Gutiérrez, una señora dura y malhablada, de mal carácter, igual que él. Ambos eran como un cerillo, se encendía de inmediato ante cualquier mirada o provocación. Su padre Manuel Piña Vélez, soldado revolucionario, murió a los 102 años.

Desde chamaco le gustaba pelear con los niños de la barriada.

Regresó a Saltillo para hacer una impresionante carrera boxística y como entrenador de buenas figuras de este brutal deporte.

Algunos coterráneos le decían “El Loco Piña”, porque como boxeador casi era un suicida, no media las consecuencias.

Tuvo un récord impresionante, superado por muy pocos, poquísimos boxeadores: 136 peleas profesionales, 114 ganadas.

Cuando se retiró del pugilismo trabajó en varias panaderías de Ramos Arizpe, en la Coca–Cola, de repartidor; en Artefactos Laminados de Saltillo y en Rutas Urbanas de chofer, y rescató por medio del boxeo a muchachos metidos en pandillas y en las drogas.

A consecuencia de los golpes sufrió una embolia y un infarto cerebral que lo dejó casi ciego, sin poder caminar, con el lado izquierdo de su cuerpo paralizado y la memoria extraviada.

A consecuencia de ello murió el famoso boxeador Antonio Marcelo Piña Cortez, “El Zurdo Piña”, gloria del boxeo saltillense.

 

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