Los baños de vapor de la Sociedad Manuel Acuña en Saltillo fueron un icónico y tradicional espacio de relajación y convivencia, de cientos de ciudadanos, que acudían periódicamente en un ambiente de camaradería.
Algunos después del baño, se quedaban un rato más por las tardes para “echarse” una o varias partidas de dominó, en el vestíbulo del ya desparecido edificio de la calles Morelos, en el Centro Histórico. Por ahí pasaron personajes ilustres de la sociedad saltillense, aficionados a este juego, entre ellos Óscar Flores Tapia, antes, durante y después de que fuera Gobernador del estado.
Ubicados en la calle José María Morelos, número 186 en la Zona Centro, los baños contaban con áreas privadas y generales donde generaciones de saltillenses disfrutaban de saunas y masajes.
Entre otros masajistas y empleados de los baños, recuerdo a quienes apodaban “El Cheroque”, “La Flecha” y “El Ceguetas”, seguramente porque utilizaba uno lentes con demasiado aumento, pero la figura indiscutible por muchos años fue Humberto García Romero, alias “Firpo”, carismático individuo y dueño de una gran fortaleza.
Acudían políticos, empresarios, periodistas y público en general. Contaba con seis baños privados y uno general. Además, al fondo del complejo se encontraba un bar. En su época más reciente, el área de vapor fue renovada y bautizada en honor a Humberto García Romero.
La Sociedad Mutualista y Recreativa Manuel Acuña, marcó una época histórica como un centro de recreación, cultura y deporte.
El emblemático recinto se encuentra en la memoria de los saltillenses tras su misteriosa demolición, sin que los miembros del Patronato del Centro Histórico, dijeran “ni pío”.
En la época “gloriosa” de este recinto, recuerdo a “La Flecha”, que, además de masajista, preparaba unos ricos lonches de ternera, para los asistentes al juego del dominó. Era un hombre muy servicial, honesto y humilde.
El poeta y literato Julián Herbert aseguraba que había que ser saltillense o estar enamorado del Centro Histórico de la ciudad para conocer este espacio. “Su bar era la casa simbólica de Manuel Acuña, donde estaba vivo todavía el poeta, el único lugar donde podías brindar y conversar con su fantasma”, solía decir.
Con la caída de la Sociedad Manuel Acuña, se cerró un capítulo en Saltillo con construcciones que ya no teníamos, como Los Portales o el banco y Hotel de Coahuila, más reciente el Cine Palacio, que sólo conserva su emblemática fachada y el restaurante Eno’s, de gratos recuerdos, por citar sólo algunos.
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