Mientras encuestas y sondeos “patito” están a la orden del día, las encuestas serias proyectan hoy una cerrada contienda electoral en Coahuila, en la que, al final del día, solo una estructura política tendrá cabida: la del Gobernador Riquelme o la del presidente López Obrador
Cada quien habla de su encuesta según le fue en ella.
Se trata de emboscadas auspiciadas para sorprender al ciudadano, al votante. Frente a la urgente necesidad de posicionarse frente al electorado, los aspirantes encontraron un camino: encuestas confeccionadas a modo.
Cada día una encuesta “patito” le da el triunfo a un precandidato solo para que al día siguiente un sondeo “fantasma” haga ganador a otro. Un traje a la medida para cada tirador: yo te doy los números y tú facturas y publicas.
En el río revuelto, algunos medios nacionales han dado seguimiento al proceso electoral de Coahuila con instrumentos de medición sólida. Es el caso del periódico El Financiero. Sus encuestas de este año han mantenido sus metodologías y sus resultados han sido consistentes.
Los resultados de la encuesta de fines de septiembre de ese diario ofrecen, por su solidez, una fotografía del panorama y las tendencias electorales de este momento en Coahuila.
El operador de la encuesta no es un fantasma. Tiene nombre y apellido: Alejandro Moreno, director de Encuestas y Estudios de Opinión de ese diario, maestro del Departamento de Ciencia Política del ITAM y ex director de Investigación y Encuestas de Grupo Reforma.
A diferencia de los sondeos por encargo, la encuesta de Moreno y El Financiero es seria. Por lo mismo, permite deducir cuestiones relevantes para el escenario político de Coahuila. Veamos:
– Si hoy se llevarán a cabo, las elecciones se disputarían palmo a palmo entre la llamada alianza opositora del PRI, PAN y PRD y el bloque de Morena y sus aliados. Priistas, panistas y perredistas suman en conjunto 46 por ciento de los votos contra 43 del partido del presidente López Obrador y sus satélites, el PVEM y el PT. Se trata de un empate técnico. Considerando el margen de error, cualquiera puede ganar.
– Una fractura de la alianza en Coahuila sería la debacle de la oposición. Si PRI, PAN y PRD no van de la mano, no tendrán posibilidad alguna de sacar la elección: el PRI suma 30 por ciento de las preferencias electorales; el PAN 14 y el PRD apenas 2. Morena saca 40 sin la ayuda de sus satélites.
– Aunque Manolo Jiménez aparece como el candidato más posicionado de la alianza opositora con 28 por ciento de las preferencias, una mínima desbandada lo dejaría desprotegido. El panista Guillermo Anaya y los priistas Jericó Abramo y Román Alberto Cepeda aparecen con 15, 11 y 10 por ciento, respectivamente. Si cualquiera de ellos no se compromete, las posibilidades de la alianza y de Manolo podrían quedar comprometidas.
– Del lado de Morena, un dato mueve las aguas: el subsecretario federal de Seguridad Pública, Ricardo Mejía Berdeja, aparece apenas en el tercer lugar de los precandidatos morenistas con mayor aprobación popular. Antes que él están el senador Armando Guadiana Tijerina, con un 29 por ciento, y el ex panista Luis Fernando Salazar, con un 21 por ciento. Mejía tiene sólo 14 por ciento de las preferencias electorales.
– Apalancado en su cercanía con López Obrador, el proyecto electoral de Mejía no termina de cuajar. Los años fuera de Coahuila, su vida política en Guerrero y los magros resultados en materia de seguridad terminaron pasándole factura. Antes de dar la batalla por la gubernatura, el gallo presidencial tendrá que dar una dura pelea al interior de Morena. Guadiana y Salazar ya han hecho sonar sus tambores de guerra.
– A pesar de todo, no se puede descartar a Mejía. Si López Obrador se empeña en hacerlo candidato, lo hará. No hay poder dentro de Morena que pueda contener al Ejecutivo. Las cada vez más frecuentes pasarelas del subsecretario en las conferencias “mañaneras” del mandatario revelan la necesidad presidencial de posicionarlo. Los anuncios espectaculares de Mejía y la propaganda desplegada en franco desafío al orden electoral caminan en esa misma línea.
– Aunque pareciera más una referencia del pasado, Guadiana, con sus botas, sus años, su Stetson y su bigote ranchero, tiene una fuerte popularidad dentro y fuera de Morena. De hecho, en la pregunta sobre por quién votaría en el escenario hipotético de que Guadiana y Manolo fueran candidatos a la gubernatura en el 2023, el senador de Morena le lleva dos puntos al priista: 45 por ciento contra 43. Se trata de un empate técnico, pero la respuesta habla de la presencia del empresario minero en el electorado.
Falta mucho tiempo para sacar conclusiones definitivas, pero las encuestas serias hablan de una elección tan competida y cerrada que un mínimo error de cálculo equivaldría a la derrota.
Se tratará de una disputa de partidos y candidatos, pero también de una lucha entre el gobernador Miguel Ángel Riquelme, quien se ha echado a cuestas la tarea de sacar adelante la alianza opositora, y el presidente López Obrador, el gran operador de Morena.
Las estructuras políticas, gubernamentales y presupuestales del Estado y la federación, es decir, las estructuras de Riquelme y la de AMLO, podrían ser, al final del día, las que inclinen el fiel de la balanza para la alianza o para Morena.
En el juego de vencidas, la diferencia podría ser el aparato territorial y de movilización del PRI y de Riquelme, que en el 2020 logró carro completo en los distritos locales, y el año pasado mantuvo Saltillo y recuperó Piedras Negras y Torreón, a pesar de los pronósticos y las proyecciones electorales que favorecían a Morena.
El papel que jueguen el gobernador y el presidente serán fundamentales en la arena electoral del 2023. Los dos se disputan las simpatías de la gente. De acuerdo a la encuesta de El Financiero, el mandatario coahuilense tiene un 49 por ciento de aprobación en el estado y el presidente un 48.
Más cerrado, imposible.
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