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Coahuila

La etapa postelectoral en Coahuila, o el petate del muerto

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

A diferencia de la elección para Gobernador celebrada en 2017, donde hubo una etapa postelectoral de impugnaciones y ánimo colectivo de incertidumbre hasta siete días antes de concluir el sexenio saliente, en 2023 el resultado de la contienda homóloga en Coahuila no levanta pasiones de rebelión, ni siquiera las más utópicas e irracionales.

Existe una razón: la diferencia de 478 mil sufragios, 587 mil y 685 mil entre primer y segundo, tercero y cuarto lugar respectivamente. Tan abultada –y la mayor de la historia– que cualquier persona con dos dedos de frente aceptaría sin chistar el desenlace y consecuencias de la votación.

Sin embargo candidatos y partidos perdedores, específicamente PT jugando a la oposición, valiéndose del desconocimiento del proceso electoral, del nulo seguimiento posterior a depositar el voto en las urnas, y en franco desafío a la inteligencia colectiva, mantiene la cadena de impugnaciones con respirador artificial como si fuese obligatorio cumplirla, aún y cuando no tiene elementos de prueba en sus manos para que se declare una hipotética nulidad y se convoque a elecciones extraordinarias, como se publicó aquí el domingo pasado.

Más que una estrategia es un recurso de mal perdedor, pues mantiene vigente al denunciante ante la opinión pública, y así tendrá una coartada para presentarse como agraviado y azuzar durante un par de meses a otros indignados y resentidos, inconformes con el resultado, en tanto se acercan otras elecciones en el calendario.

Conserva viva la llama, reza el lugar común, aunque no sea tan efectiva como se piensa.

En esas andamos: en el trámite de agotar instancias. Primero la Sala Regional Monterrey, y eventualmente la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Actividad jurisdiccional frívola, por lo demás. No vaya siendo que unos magistrados vean de espaldas las demandas y otros de frente. Unos con gafas oscuras y otros con nitidez. Lo nunca visto: que tengan criterios contrapunteados de idénticos casos.

Cabe señalar que además existe una tasa de rechazo del 97%. Es decir, históricamente, la probabilidad de que la Sala Superior revoque sentencias impugnadas en lo local y lo regional que regularmente piden anulación de las elecciones, es del 3%. El 97% quedan firmes y en los mismos términos que fueron emitidas por el Tribunal Estatal Electoral. En este caso el de Coahuila.

Hasta aquí alguien podría decir: bueno, pues, apostemos a ese 3%; la esperanza muere al último. Pero para ello habría que aportar pruebas y esa oportunidad ya pasó.

Para demostrar lo anterior, un asunto que desmitifica leyendas urbanas: hasta el último reporte del INE, publicado días antes de concluir el periodo oficial de campaña, el PT acumulaba un 24% de cobertura de casillas con representantes de partido. De ellos, los registrados, habría que ver cuántos en realidad se presentaron en la jornada electoral, ya que, según la Unidad de Fiscalización, el PT no reportó gasto alguno el 4 de junio por concepto de pagos a representantes generales y de casilla. Ni siquiera por “alimentos”.

¿Qué significa lo anterior?

Que no tuvieron ojos en por lo menos 75 de cada 100 casillas instaladas en la entidad, de las 4 mil 47 totales. ¿Eso representa que se fraguó un fraude gigantesco con su colaboración al dar la espalda para no verlo?

No necesariamente. Por el contrario, significa que no puede alegar conteo deficiente, e irregularidades en casillas, como lo hizo en su escrito de demanda presentado al Tribunal Electoral de Coahuila y desechado el pasado 1 de agosto, cuando simplemente no tuvo siquiera representantes, de acuerdo con el “Informe sobre el avance en el registro de solicitudes, sustituciones y acreditación de representantes generales y ante mesas directivas de casilla de los partidos políticos para los procesos electorales locales ordinarios 2022-2023”, elaborado por la Comisión Temporal para el Seguimiento de los Procesos Electorales del INE.

 

Cortita y al pie

Todo se resume a un asunto de honestidad intelectual: hasta cuándo, o por cuánto tiempo más, van a seguir alentando mitos y falacias para la construir una oposición real en el estado. Lo irónico del caso es que no habría necesidad de mentir ni exagerar, pero la apuesta fácil es siempre la estridencia.

Se dijo aquí: en el fondo lo que buscan partidos y candidatos perdedores es zafarse de la responsabilidad. Aventar la bolita. Escurrir el bulto. Hacer ver ante quien quiera creerles que sí dan la batalla y, aunque pierden, meten las manos, sólo que las autoridades fallan por consigna en su contra pues no podría ser distinto cuando forman parte del sistema político y favorecen al status quo.

 

La última y nos vamos

No existen elecciones modélicas pues toda decisión política es una elección entre males. Ni siquiera el sistema es perfecto; lo único que salva a la democracia es que el resto de las formas de gobierno son mucho peores, como definió Churchill.

Por lo demás, tan falsa es la política sin conflicto como la que sólo es conflicto, como encarna el PT de Ricardo Mejía Berdeja en Coahuila.

 

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