Coahuila
Por JC Mena Suárez
Hace 9 meses
La historia del transporte público en Saltillo, capital de Coahuila, es un reflejo de su crecimiento urbano y de los sueños, a veces truncados, de modernidad. Es una narrativa que no puede contarse sin mencionar al poderoso ferrocarril, motor de su desarrollo económico inicial, pero que también está marcada por largos periodos de ausencia y adaptación, culminando en el sistema de autobuses y microbuses que hoy define la movilidad de sus habitantes.
Los cimientos; el rugido del ferrocarril (1883)
El punto de inflexión llegó en 1883. Fue entonces cuando los proyectos para consolidar el ferrocarril en Saltillo comenzaron a tomar forma tangible. La instalación de los primeros rieles sobre el trazo que hoy conocemos como “el bulevar Coss”, extendiéndose desde Emilio Carranza hasta más allá de Abasolo. Este hito no sólo conectó a Saltillo con el país, sino que trajo consigo un gran impulso económico, sentando las bases para la ciudad que conocemos. El tren se convirtió en su columna vertebral industrial y comercial.
Un vacío prolongado y el reinado del autobús
Sin embargo, la historia del transporte interno, el que mueve a los saltillenses dentro de su propia ciudad, presenta un capítulo de carencia significativa. Hacia 1904, y tras lo que parece haber sido una ausencia prolongada de transporte público organizado –y posiblemente desde la década de 1920–, los autobuses emergieron como la única solución para cubrir las crecientes necesidades de traslado urbano de pasajeros. Durante décadas, estos vehículos más grandes fueron los reyes indiscutibles del asfalto saltillense.
El sueño del Metro y la pequeña revolución de las combis (1977)
La búsqueda de alternativas y mayor capacidad surgió durante el Gobierno de Óscar Flores Tapia. Su visión apuntó alto: imaginó un sistema de Metro que uniera a Saltillo con la vecina ciudad industrial de Ramos Arizpe. Este ambicioso proyecto, lamentablemente, nunca prosperó. No obstante, fue precisamente durante su mandato como gobernador, hacia 1977, y con Juan Pablo Rodríguez Galindo como alcalde de Saltillo, que se introdujo una innovación que marcaría una época: las “combis”.
Estos vehículos compactos de la marca Volkswagen, ahora desaparecidos del mercado, representaron una revolución en la movilidad urbana. Eran unidades de menores dimensiones que los autobuses tradicionales, ofreciendo mayor flexibilidad para cubrir rutas nuevas o áreas con menor demanda. Así, hace casi 50 años, se añadió este segundo eslabón al sistema de transporte público.
La transición a los microbuses y la realidad actual
Las combis, aunque populares, fueron criticadas con el tiempo por sus precarias condiciones, descritas incluso como de “uso cuasi-ganadero”. Esta situación llevó a su progresiva sustitución hacia fines de la década de 1980. Su reemplazo natural fueron los microbuses, vehículos un poco más grandes y, en teoría, más cómodos y seguros que sus predecesores.
En décadas recientes, el sistema de transporte público saltillense ha respondido de algún modo, al crecimiento expansivo de la ciudad. La cobertura se ha ampliado y el parque vehicular ha ido cambiando, pero la esencia del modelo permanece. Hoy, tres décadas después de la desaparición masiva de las combis, Saltillo sigue dependiendo fundamentalmente de dos pilares: los autobuses, que iniciaron su reinado solitario a principios del siglo 20, y los microbuses, herederos de aquella innovación de los años 70. Juntos continúan siendo la columna vertebral, a veces frágil, que sostiene los traslados diarios de miles de saltillenses, escribiendo el capítulo actual de una historia de movilidad que comenzó con el eco de un tren hace más de 140 años.
Más sobre esta sección Más en Coahuila