Coahuila
Hace 3 años
Todo inició hace 15 meses con una pretendida imposición desde la Ciudad de México, utilizando como coartada la revocación de mandato: Mejía Berdeja, quien acumulaba entonces 17 años de no residir en Coahuila, se convertía en emisario plenipotenciario en Coahuila del binomio Morena-4T.
Y todo acabó ayer, a 24 horas de concluir la campaña electoral para Gobernador, irónicamente con otra pretendida imposición desde la Ciudad de México: el mismo Ricardo Mejía fue abandonado a su suerte mediante un acuerdo del binomio PT-4T con efecto en Coahuila.
El que a hierro mata, a hierro muere. Pero el protagonista de la historia ni mató ni murió, solo encarnó un episodio más que revela la trama y trasfondo de la elección en el estado: el centralismo disfrazado de oposición al status quo. Es una creencia estigmatizante y ampliamente difundida, pero falsa: que fuera de la cosmopolita y progresista CDMX, todo es provincia rural y retrógrada.
Por tanto los más avezados, capitalinos (en este conveniente caso para su causa, pues la teoría la crearon ellos), pueden y deben opinar sobre lo que suceda en otros lares a fin de interceder y salvar de sí mismos a los rústicos y analfabetas funcionales que habitan en las 31 entidades federativas del país.
Bajo esa hipótesis los únicos despiertos son ellos, quienes viven en la otrora Ciudad de los Palacios, y el resto de la República está dormido, o peor aún, en letargo. Como la ilustración del mexicano de sombrero alado que descansa recargado en un cactus.
Esa larga tradición oral, cuyo esplendor fue la Revolución Mexicana, se repite hoy con mayor fuerza sobre Coahuila, a propósito de la intersección de dos circunstancias: su elección para Gobernador dentro del sexenio de la fallida cuarta transformación, y el centralismo regresivo emprendido por ésta con todas sus fuerzas.
El resultado del choque cultural explica entonces un proceso electoral que todo el tiempo se ha tratado de lo mismo, independientemente de los actores y los partidos participantes: decisiones tomadas por chilangos (es decir, no nativos en el Valle de Anáhuac), quienes tratan de imponer a distancia una forma de organización política y autoridades en un territorio semidesértico del Norte de México en la frontera con Texas. Sin conocimiento de la idiosincrasia, o a pesar de él. Ignorando la dinámica local, o pasando por encima de esta. Allá se decide, acá se acata.
Esa serie de actos concatenados entre sí se dirige a minar su autonomía y convertir a la entidad en una delegación como fin último. A socavar el Pacto Federal. Como botón de muestra figuran los 22 gobernadores emanados del emblema Morena y sus aliados, quienes han sido reducidos a rúbricas que se utilizan para cualquier fin avieso, publicadas en desplegados virtuales que lo mismo apoyan o rechazan cuestiones ajenas a su competencia y atribuciones.
Alfiles de un tablero donde juegan pero no forman parte.
Cortita y al pie
Otra bola de humo: ayer el mismo PT afirmó en la conferencia de prensa donde se desvincularon de Mejía Berdeja que la declinación del partido a favor de Morena en Coahuila “no tiene efectos legales” pues “los plazos para sustituir un candidato ya concluyeron”.
Así los votos que reciba el Partido del Trabajo para la Gubernatura no serán trasvasados automáticamente a Guadiana Tijerina como hipotético beneficiario, sino que seguirán contando a favor de Ricardo Mejía, quien fiel a su papel de opositor recalcitrante dijo al respecto que “solo muerto” se baja de la contienda.
La manita de puerco, por tanto, es virtual. Se la aplicaron a Mejía Berdeja, como a Lenin Pérez el Partido Verde Ecologista hizo lo propio el fin de semana previo. Sin ser informado, mucho menos tomada en cuenta su opinión. Los partidos antes que las personas.
El valor de la suma es simbólico, por no decir inexistente. Otro acto de sometimiento al poder central. Simple cálculo político de cara a las elecciones presidenciales de 2024.
Se publicó aquí el domingo pasado: ya sucedió en 2017. En aquél año 10 días antes de la jornada electoral el entonces candidato del PT a la Gubernatura de Coahuila, José Ángel Pérez declinó en favor de Guadiana Tijerina, a la sazón candidato de Morena, ya con las boletas impresas con su nombre y sin la posibilidad legal de que sumaran sus votos.
Ningún impacto tuvo la maniobra sobre el resultado final. Tal como ahora ocurre, solo que cinco días antes de la cita con las urnas.
La última y nos vamos
En la referida conferencia del PT, para dimensionar su conocimiento del estado, confundieron Coahuila con Oaxaca, y a Ricardo Mejía con Ricardo Anaya. Por su parte, en el primer debate organizado por el IEC, moderado por chilangos parciales, varias preguntas realizadas a los candidatos ninguna relación tenían con el estado.
En la segunda emisión, a su vez, llamaron en múltiples ocasiones “Unión Democrática de Coahuila”, a Unidad Democrática de Coahuila (UDC), y “Manolo Mejía”, a Manolo Jiménez, por mencionar algunos gazapos que revelan el profundo desconocimiento de la entidad allende las fronteras, desde donde se pretende influir sin embargo.
Ayer Grupo Reforma publicó una encuesta donde sobresale un dato interesante: solo al 8% de ciudadanos en Coahuila influyen las campañas para cambiar el sentido de su voto. El restante 92% lo define antes de iniciar estas.
En otras palabras: la inutilidad del circo político.
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