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Coahuila

La falacia del obradorismo esplendoroso al que se le atravesó Guadiana en Coahuila

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

En 2017, cuando el obradorismo recobraba fuerza luego de los fracasos electorales de 2006 y 2012, Armando Guadiana tuvo su primera oportunidad en Coahuila ya con un partido político recién constituido. Un espacio propio, unipersonal, absolutista, sin rendir cuentas.

En pocas palabras: un traje a la medida de su dueño, quien posteriormente derivaría en autócrata, y un proyecto narrativo en mente que –más tarde se sabría– quedaría solo en el membrete: la cuarta transformación. Fracasó.

El esplendor de un movimiento cuyo emblema es en realidad un cascarón, una coartada, ya lo vivimos. Por principio de cuentas en 2018, donde un tsunami barrió con el tablero político y destruyó las bases del sistema. En esa marejada Guadiana Tijerina se subió a la ola y logró la senaduría de mayoría, y casi al mismo tiempo colocó a su asistente personal –y senador suplente– en la entonces súper delegación en el estado, hoy simplemente Delegación de Bienestar.

Ambas posiciones le auguraban posibilidades altas de hacerse con la candidatura a Gobernador otra vez debido a la relevancia de los cargos, aunque principalmente gracias a la inclinación y propensión del Presidente (y su dedito disfrazado de encuestas) por senadores y delegados estatales como candidatos a gobernadores en los estados.

Aunque sus mejores años ya pasaron. Conforme fue avanzando el sexenio federal y los errores fueron acumulándose, se acercaban en paralelo elecciones definitorias en Coahuila. Así en 2021 y sin mayor oposición interna, se agenció la candidatura a la Presidencia Municipal de Saltillo. Fracasó también.

En vía por separado se gestaba una profunda pulsión antidemocrática, pues lo suyo desde que tomaron el poder en 2018 no es competir contra otras corrientes políticas en igualdad de circunstancias, sino alterar estas mediante ventajosos planes electorales identificados con las letras del abecedario (fallidos todos hasta el momento) colusión con el crimen organizado en vastos territorios del país (ampliamente documentada, particularmente durante las elecciones estatales de 2021 y 2022), y cooptación de gobernadores de oposición salientes vía ofrecimientos de cargos diplomáticos en embajadas y consulados (como sucedió en Sonora, Sinaloa, Campeche o Quintana Roo, por citar algunos ejemplos) a cambio de que cedan el paso.

Llegó el 2022 y como último recurso, tres semanas previo a la designación de candidato de Morena disfrazada de coordinador de Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en Coahuila, en octubre del año pasado, el Senador publicó un desplegado a una plana en varios periódicos de los denominados “de circulación nacional”, dirigido al Presidente de la República, para quejarse amargamente de las intrigas palaciegas en su contra, titulado: Ricardo Mejía Berdeja Utiliza las Instancias del Gobierno Federal con Fines Electorales.

Pero además incluía un párrafo esclarecedor: “Desde el año 2012 he creído en usted, señor Presidente, lo he apoyado, y en 2017, cuando nadie quería ser candidato en el norte del país, decidí participar por la Gubernatura de Coahuila, y a mucho honor luché por Morena recorriendo con usted el desierto coahuilense y todo el estado”.

 

Cortita y al pie

El próximo 4 de junio dista mucho del tsunami de 2018. La doctrina del pobrismo, eje único y trasversal de Morena, no permeó lo suficiente en el ánimo social en todo ese tiempo para ganar en los norteños Durango, Chihuahua y Nuevo León, a diferencia del Pacífico y el Golfo, rutas de trasiego.

Tampoco hizo mella exaltar el resentimiento, su combustible, para triunfar en el Bajío y Occidente (Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro) durante su mandato presidencial.

Es simple: hay una correlación entre productividad estatal derivada de la industrialización, como es el caso de las entidades arriba mencionadas, y el rechazo a su oferta política.

Dicho de otra forma: la estrategia de Morena va contra la naturaleza de Coahuila, un estado que tiene a Ramos Arizpe como ejemplo de tradición federalista; una historia contra el centralismo. Por tanto, el intervencionismo de la capital choca en el norte.

 

La última y nos vamos

Por ello cargarle a Guadiana Tijerina el muerto de la campaña en Coahuila es un recurso facilón que pretende ocultar una realidad política estatal. Básicamente, disfrazar su incompetencia.

La elección de Gobernador ocurre cuando acumulan cinco años en la Presidencia de la República como 4T, es decir, con todo el poder y recursos a su favor. Y pese a la enorme ventaja que ello supone, en ese tiempo su trabajo político y mérito en la entidad ha sido nulo, pues en 2020 perdieron 16 a 0 las elecciones de diputados locales, y en 2021 perdieron 30 a 8 las votaciones de ayuntamientos, ambas estatales.

Además, en ninguno de los dos procesos electorales pudieron siquiera formalizar una coalición o alianza con otros partidos por errores propios. De rutina. Básicos. Tampoco lo lograron en 2023.

Por lo demás, ¿Guadiana se le atravesó al obradorismo, o lo atraviesan para perder con conocimiento de causa? Ni una ni otra. No fracasa Guadiana por ser quien es, sino Morena por no ser lo que no son.

 

 

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