La devoción hacia el Santo Cristo del Ojo de Agua de Saltillo nació por un accidente que una lugareña de nombre Manuelita sufrió cuando, a bordo de un burro, cayó con uno de sus hijos de meses de nacido. Ambos sufrieron lesiones severas.
Ella desciende de una familia muy saltillense de apellido García, que el mayor tiempo de su existir habitó en una casa ubicada en el primer barranco de la calle General Cepeda, al sur de Práxedis de la Peña.
Una de sus tías, conocidas en el barrio como las señoritas García, le recomendó que hiciera oración y que pidiera a Dios por la salud de ambos. Por las noches colocaron recipientes con sebo para iluminarse, pues todavía no se conocían las veladoras, así se organizó un novenario dedicado al Santo Cristo y durante nueve días, hombres y mujeres de la barriada elevaron sus oraciones en favor de los lesionados. Ambos sanaron.
Ahí nació el propósito de los vecinos de contar con una iglesia dedicada al Santo Cristo del Ojo de Agua y lo lograron.
Luego dentro de esa misma armonía lucharon y cooperaron para la construcción de la imagen que actualmente se ubica en la iglesia. El Cristo es único en el país y tal vez en América. Es una joya de la artesanía italiana mandado construir por Brígida García y Guadalupe Fuentes, vecinas de la barriada, en auténtica madera de los Alpes italianos, con un costo de 4 mil liras.
Llegó a la ciudad en plena época cristera procedente del puerto de Veracruz a la Estación del Ferrocarril de Saltillo, en un tiempo en que el Gobierno federal impuso restricciones a todo mundo sobre la veneración de las imágenes religiosas.
Los feligreses actuando de noche hicieron un simulacro. En un sarcófago introdujeron pedazos de telas e hicieron el viaje hacia la casa de las señoritas García en la calle de General Cepeda 735.
Al comprobar que no corría peligro, regresaron y colocaron al Cristo y los trasladaron a la casa de Las García. Permanecía en la iglesia solo en situaciones especiales y era resguardado en esa vivienda de General Cepeda. Iba y venía, hasta que en 1957 se decidió que ya no viajara y se quedara para siempre en su iglesia, la iglesia del Santo Cristo del Ojo de Agua.
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