Un tema que no es menor aunque ha sido poco explotado periodísticamente hasta hoy, es el negocio de la caridad y donaciones en Saltillo, el cual involucra causas nobles como coartada y fachada para obtener millones de pesos, en su mayoría efectivo de difícil auditoría y fiscalización.
¿Quién en su sano juicio podría siquiera dudar de alguien que se presenta con un propósito altruista y noble ante la opinión pública? ¿Por qué alguien habría de cuestionar o indagar su proceder sin ser tildado de incrédulo, o peor aún, de malpensado?
En el padrón de los Organismos de la Sociedad Civil inscritos en el Registro Único Estatal (Reuni) existen 140 en la Región Sureste de Coahuila.
Como ninguna otra en la entidad, pues La Laguna registra 98 en tanto que la Región Centro 36, la Carbonífera 35 más y finalmente hay 25 en la Región Norte. Legalmente constituidos o en proceso de legalización, cabe señalar.
Alguien podría obviar que, por número de habitantes, es lógico que existan más OSC en la capital y su área metropolitana que en cualquier otra zona.
Eso o que estas han encontrado una veta poco explorada, y conectada con la Feria Saltillo como si esta fuese una mina de oro a cielo abierto. Dicho en otras palabras: un modus operandi.
Hace décadas que las asociaciones civiles de la Región Sureste forman un patronato, y este obtiene las ganancias del evento anual como recompensa por organizarlo.
Así por un lado expían culpas con la beneficencia, y por el otro figuran en una sociedad que les trata de prohombres. De ahí se sirven.
Sin embargo, a juzgar por lo sucedido en la edición del presente año, habita en el fondo un desprecio por las necesidades sociales y en la superficie un aprovechamiento vil de las circunstancias. De la superioridad moral a la doble moral. Agua que se estanca se pudre.
Naturalmente sin generalizar, pues habrá quienes sean –como dijera Jean Paul Sartre– “mitad víctima, mitad cómplice, como todo el mundo”.
En cuanto al espectáculo, leitmotiv de la Feria, la tendencia es expoliar a los saltillenses, tratarles como público de segunda categoría, ofrecerles lo mismo, y lo mínimo a cambio de su dinero. En una ciudad que linda el millón de habitantes el modelo ya caducó.
Lo administrativo y operativo, como demuestra un reportaje publicado hoy en las ediciones de Grupo Zócalo y Tele Saltillo, es injustificable.
Que nadie se confunda: no son particulares haciendo tratos con particulares desde un plano comercial a gran escala, sino sujetos de responsabilidades civiles y penales.
No obstante la concesión vitalicia que usufructúan funge como pararrayos ante cualquier eventual disputa de poder en el seno de la Feria, o reclamo externo debido a su ínfima calidad.
¿Alguien puede asegurar que lo ocurrido en la Feria 2023 se trata de un caso aislado y no el denominador común de cada año?
Todavía mejor: ¿que no volverá a pasar el próximo 2024?
Cortita y al pie
A escasos 24 días transcurridos desde la clausura oficial, deliberadamente con las cuentas pendientes por entregar en tanto se enfría el interés público y avanza la alquimia financiera para maquillarlas y rasurarlas, el asunto es muy claro: existe un saqueo sistemático y premeditado valiéndose de simulaciones, clonaciones, extorsiones, desvíos, abuso de confianza, tráfico de influencias y un moderno pandemónium. Es difícil encontrar tantos vicios al mismo tiempo en un solo lugar, considerando incluso los tres órdenes de Gobierno.
La última y nos vamos
Por lo demás, cuál causa. Van tras la feria de La Feria. Tan simple y burdo como eso.
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