Arte

Publicado el lunes, 8 de mayo del 2023 a las 04:10
Arteaga, Coah.- Hace 25 años unos pequeños stands de libros se plantaron en el Hotel Ramos Arizpe y poco a poco crecieron con fuerza a lo largo de dos décadas y media para ser, ahora, un tronco fuerte en el que las hojas de su copa no son solo metáforas de un frondoso árbol, sino hojas literales de libros que dan sombra a los sedientos de literatura bajo un nombre: Feria Internacional del Libro de Coahuila.
Ayer, esta edición llegó al final después de 10 días y más de 200 actividades entre las que participaron Chile, como país invitado, Durango como estado y la institución que es la Universidad Autónoma de Nuevo León. En esta ocasión, Salvador Álvarez de la Fuente, director de la Cultura Escrita de la Secretaría de Cultura le tocó apagar las luces en la fecha especial del aniversario de plata de este evento, del cual espera más años.
Según apuntó “fue una Feria muy especial. A lo largo del tiempo cada feria ha tenido componentes que las ha hecho únicas, sin embargo para esta edición 25 en el que conmemoramos, no solo un cuarto de siglo de existencia de una feria que nos llena de orgullo y emociones, que nos permite acceder al libro y la lectura, pudimos constatar que la Feria no es solo una iniciativa de las instituciones, sino una retroalimentación con la sociedad, con los lectores, con los niños que se van formando y que traen a sus papás, pero también con aquellas personas que se formaron con ella y que ahora se mueven en el ámbito literario y cultural, la siguen disfrutando y nos siguen exigiendo. Eso le augura a la Feria una larga vida”.
Es en ese sentido, en el que los más de 138 mil visitantes de esta ocasión, permiten ver que la FILC puede avanzar hacia otra estrategia de creación. Al ser un ser vivo que se permite el crecimiento de forma natural.
Según señaló Álvarez de la Fuente, se podría plantear incluso, para la siguiente Administración que viene “una entidad que tiene vida propia, y que merece un reconocimiento en la sociedad que ya tiene. La Feria está lo suficientemente consolidada como para ir más allá de las crisis, y en ese sentido podríamos comenzar a pensar en una iniciativa que, en un futuro, se presente de manera más autónoma.
“
Creo que vale mucho la pena que se reflexione sobre eso, y que quien pueda tomar esa decisión lo logre, y nos garantice que esta feria que es tan exitosa lo siga siendo”, apuntó a Zócalo en entrevista.
Esto puede verse en los números oficiales que ofreció la Secretaría de Cultura, los cuales son 20 millones de pesos en derrama económica, 100 toneladas de libros y más de 560 sellos editoriales. Así como 5 mil niños diarios de escuelas.
Finalmente, Álvarez de la Fuente ve en esta FILC un sitio en el que cultura y preocupación social se unen, permitiendo focalizar problemáticas que como comunidad deben hablarse y reflexionares, esto son “los ejes temáticos de las Ferias son importantes, como el de migración o la salud mental en donde todo mundo somos muy concientes de la necesidad de hablar sobre eso y tomarlo en cuenta como un tema que sí afecta a la sociedad. Creo que sigue siendo una buena iniciativa tener un tema específico que además pueda relacionarse con lo que hacemos aquí, porque todos los libros tienen todos los temas, todas las reflexiones y todas las partes del alma humana”, así el funcionario también señala que “muchos hemos entregado gran parte de nuestro tiempo, de nuestras familias, y eso se refleja en un punto de encuentro que es esta Feria que otorga tantos beneficios”.
Adiós a los libros
El concierto de cierre de esta edición 25 de la Feria Internacional del Libro de Coahuila unió dos cosas importantes: la tradición folclórica de Durango, con el canto cardenche de Las Cardencheras, y la experimentación y el juego moderno de la música de un país como Chile, gracias al intérprete Chinoy.
Llevado a cabo en la explanada de la FILC en el Centro Cultural Universitario de la UadeC en Arteaga, el concierto dio un cierre de fiesta y sonidos variados, extraños en ocasiones por esa sensación de reconocerlos pero no saber de dónde venían. Un llamado atávico a las regiones del desierto norteño y el desierto de los Andes.
Un viaje por los sonidos y las texturas rasposas, como arena, de las voces cardencheras, pero también por las visiones a futuro de las mezclas sonoras de Chinoy.
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