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Coahuila

La figura del capellán hospitalario

Por Federico Muller

Hace 3 años

“Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”.

Marcos 2: 17

 

Hablar de la figura de capellán en México no es común, y menos del que presta sus servicios profesionales en un hospital que administra el Gobierno, y todavía más extraordinario, para propios y extraños, el que lo haga para una institución de salud que pertenezca al municipio o condado.

Al norte del estado de Texas, con más de 100 años de vida organizada, se encuentra el nosocomio municipal más grande del estado con alrededor de 850 camas para la atención de enfermos, desde aquejados por trastornos siquiátricos hasta aquellos que requieren cuidados intensivos y paliativos; aunque su área de especialización ha sido la atención a personas que sufrieron algún accidente traumatológico, o de quemaduras de tercer grado por ello, es el que recibe a este tipo de accidentados de la región.

El nombre de este hospital fue noticia internacional en los años 60, por haber atendido en su agonía al presidente J.F. Kennedy (1917-1963), después de que lo balearon.

Entre la gama de profesionales que demanda para la atención de sus numerosos pacientes, se encuentran traductores (intérpretes), trabajadoras sociales y capellanes, además de los médicos y enfermeras, plenamente identificados en todo el mundo como trabajadores indispensables en el funcionamiento óptimo de clínicas y hospitales.

Las funciones del capellán. Generalmente tienen estudios de licenciatura en alguna disciplina teológica y un posgrado en divinidades, además de una certificación que les permita ejercer la labor del cuidado emocional y espiritual del paciente. El ejercicio de su ministerio no solo está reservado para pacientes cristianos a través de la ayuda de pastores protestantes y sacerdotes católicos, sino que es más amplio y diverso porque incluye otras religiones como la judía o musulmana. De acuerdo con el credo religioso que profese cada hospitalizado, se le busca un asistente espiritual idóneo. Están entrenados para no invadir la privacidad de las creencias del enfermo, en otras palabras no, deben imponer credos ni aprovecharse de la situación de vulnerabilidad por la que atraviesa el paciente. Por ello lo escuchan y consideran su opinión.

La razón de ser de la capellanía se valida por la propia filosofía médica que impera en ese hospital texano, que parte de la premisa que la naturaleza del ser humano es tricotómica: cuerpo-alma-espíritu. De la primer área se encargan los médicos, los medicamentos y las terapias, mientras que de las restantes es el capellán quien las acoge.

De acuerdo con la evidencia médica que tienen los administradores hospitalarios, la recuperación de la salud del paciente evoluciona mejor cuando se le atiende de manera integral, no solo la parte sicosomáticamente. Que lo confirman en la opinión satisfactoria que con frecuencia expresan los pacientes, en la encuesta de salida que les aplican al dejar el sanatorio.

Siempre es mejor en las horas de enfermedad y dolor tener al lado de la cama a alguien que se preocupe y ocupe por mejorar la situación anímica. También se encargan, cuando así lo pidan, de atender a los trabajadores del mismo hospital. Otra de las tareas que realizan en el hospital es acompañar en el duelo a los familiares de la persona que falleció en el hospital mientras estaba internado y estos esperan la entrega del cuerpo, proceso que por ley demanda trámites administrativos que también quedan en manos de estos cuidadores de la salud no física, desde la morgue hasta la entrega a los trabajadores de las agencias funerarias.

El hospital trabaja en una torre construida de 17 pisos o niveles y 10 clínicas distribuidas en la ciudad en donde se asienta. Y da empleo a más de 30 mil trabajadores, los cuales están sujetos a evaluaciones periódicas, que salvo los puestos de trabajo de mantenimiento, aseo y otros de apoyo logístico, el resto del personal, se autoevalúa, su jefe inmediato les ofrece la libertad de fijar sus metas, que se revisan si las cumplió después de un semestre o al año. En caso de incumplirlas se pone en evidencia su capacidad para desarrollar las tareas que demanda su puesto de trabajo.

Llama la atención que recientemente se implementó un programa en donde intervienen los capellanes y el área de recursos humanos, con el que se busca retener al personal de enfermería que tiene menos de un año de antigüedad en el desempeño de sus actividades.

Quizá su larga permanencia en la ciudad se deba al conocimiento de sus directivos del mercado de la salud texano, y que han mantenido una buena administración de los recursos humanos y monetarios, apuntalados por los siguientes ejes: a) el sistema permanente de evaluación a su personal, cotejado por la opinión que emiten los pacientes al dejar el hospital; b) los recursos que reciben de fundaciones no gubernamentales y particulares, que se han distinguido por manejarlos honestamente y racionalmente; c) la continua capacitación técnica que recibe su personal; d) la modernización constante del equipo médico e infraestructura clínica; e) el sistema de pagos que ha diseñado para la remuneración de los servicios que recibió el paciente.

Por ser un hospital público a nadie se le debe negar el acceso, desde un indigente anglosajón hasta un migrante haitiano sin seguro médico. El perfil socioeconómico del paciente determina el monto de la subvención por el servicio.

 

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