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La frontera está en todas partes

Por Juan Latapí

Hace 3 años

Cuentan que la primera misa de gallo que en Navidad ofició el entonces obispo Vera -recién llegado de Chiapas-, ante la presencia de las principales familias de Saltillo reunidas en la catedral, al llegar a la homilía comentó que en la sacristía estaba un matrimonio en el que la esposa embarazada estaba a punto de dar luz, que venían cansados de tanto andar y estaban buscando donde pasar aquella fría noche.

El obispo preguntó si entre los fieles que asistían al oficio habría alguien que quisiera llevarse a su casa aquellos migrantes que venían de lejos les diera posada. Se hizo un incómodo silencio y nadie respondió; entonces Vera pidió que le trajeran a esos migrantes para que aquellos fieles de buenas familias los pudieran ver. Y para sorpresa de todos los asistentes, esos peregrinos eran unas figuras de cerámica artesanal de la Virgen, San José y el Niño.

No es de extrañar que seamos reacios a aceptar a quienes vienen de fuera, a los otros, a los diferentes a nosotros, a los migrantes, a esos que a diario los vemos cuando pasan por Monclova rumbo a la frontera. Familias enteras, en grupos y a veces solos, aquellos que son vistos con desconfianza, rechazados, ofendidos, a menudo maltratados y detenidos injustamente por la policía ante nuestra indiferencia.

En Monclova el pasado jueves el Doctor Mario Luis Fuentes expuso en una conferencia, titulada “La frontera está en todas partes”, la tragedia de ser migrante en estos días.

Diferente a lo que se piensa la mayoría de los migrantes no son centroamericanos. De acuerdo a cifras de la Patrulla Fronteriza de EU solo el 15 por ciento de los detenidos son centroamericanos mientras que el 33 por ciento son mexicanos y el resto procede de otros países y continentes. Actualmente se está viviendo un éxodo sin precedentes, con una movilidad inédita que está transformando la demografía.

Los migrantes que vemos pidiendo algún tipo de ayuda vienen huyendo de la pobreza ocasionada por la desigualdad, la injusticia y la inseguridad imperantes en sus lugares de origen. Son gente que se ha visto en la necesidad de abandonar su lugar de origen, a sus familias, sus hogares y que han decidido peregrinar en busca de una vida digna.

Todas las grandes civilizaciones son el resultado del flujo de seres humanos que se mueven de un lugar a otro y por eso la migración es parte de la historia y de la realidad que nos rodea. A veces migrar es una alternativa pero hoy en día es la única opción a sabiendas de que se enfrentarán a situaciones de vida o muerte, de desamparo total, que al migrar están decididos a perder su patrimonio, su identidad, su nombre, a no ser vistos ni reconocidos como si se trataran de fantasmas deambulantes.

Están decididos a arriesgar el todo por el todo, a enfrentar el racismo, a ser vistos como una amenaza, a ser víctimas vulnerables ante las diferentes redes criminales, y lo que es peor, a que absolutamente a nadie les importe como personas, como seres humanos.

Mientras que las organizaciones civiles o religiosas que se atreven a ayudar y proteger a estas personas, además de enfrentarse a la adversidad, son víctimas de ilícitos como el robo de información y de artículos diversos, declaraciones de desprestigio, intimidación, incursiones de sujetos desconocidos, amenazas de muerte, vigilancia y lesiones, entre otras injusticias. Son varios los ejemplos de las situaciones sufridas por los defensores de los derechos humanos de los migrantes y que se han hecho del conocimiento de las autoridades de Coahuila sin haber obtenido hasta el momento ningún tipo de respuesta.

Para el Doctor Fuentes las fronteras no solo son físicas, sino que también existen fronteras invisibles que separan a las personas en términos de clase social, género, raza y otros aspectos, no solo a los migrantes, sino también a los pueblos indígenas, a las personas que viven en la pobreza y a los vulnerables. Lamentablemente las políticas gubernamentales y económicas han contribuido a la creación de estas fronteras y debido a la discriminación y a la desigualdad han perpetuado la existencia de esas fronteras.

No se nos puede olvidar que migrantes somos todos aquellos que vivimos en Monclova y que venimos de fuera en búsqueda de un horizonte mejor. No se puede olvidar que el surgimiento de AHMSA hace 70 años fue gracias a migrantes -de diferentes lugares y niveles- que transformaron Monclova, personas que aportaron y otras que siguen aportando su mejor esfuerzo, que aquí han formado una familia y que seguramente sus restos algún día aquí descansarán. Y migrantes también son los jóvenes monclovenses que se van a otros sitios en busca de mejores oportunidades. Por eso, ser solidario con los migrantes en su peregrinar es un deber de quienes se precien ser gente de bien, y más aún, de quienes hemos sido migrantes o descendientes de migrantes y que no estamos de acuerdo con las diferentes fronteras que están en todas partes.

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