Fueron dos científicos sociales a los que se les atribuye el haber puesto nombre a dos acontecimientos socioeconómicos que alteraron la vida urbana y económica de las familias y empresas. Fenómenos asincrónicos que surgieron en los países desarrollados y que posteriormente, ya tropicalizados, se extendieron al resto del mundo capitalista.
El primero de ellos es la gentrificación, término introducido a la planificación urbana por la socióloga alemana R. Glass (1912-1990) para definir un cambio en el comportamiento ciudadano. Ella observó con detenimiento la sistemática llegada de familias de clase media y alta a sectores urbanos londinenses que eran habitados en su mayoría por obreros fabriles, quienes, al no tener la capacidad económica para solventar los aumentos en alquileres de vivienda, impuestos prediales y servicios públicos, ocasionados por la demanda de suelo de los recién llegados, lamentablemente no tuvieron otra alternativa más que desplazarse hacia la periferia de la ciudad. La zona se renovó y presentó un paisaje urbano más atractivo y rentable para las inmobiliarias. A pesar de lo lejano del suceso, pues se remonta hasta la década de los 60, actualmente se sigue replicando en las grandes ciudades, desde luego con ciertos matices y pequeños cambios en la forma de responder de la ciudadanía.
El segundo fenómeno es más reciente (se puede fechar a finales de 2020), pero ahora fue el sicólogo organizacional estadunidense A. Klotz, quien analizó el comportamiento de los trabajadores estadunidenses en los años previos a la contingencia sanitaria por la Covid-19. Se dio cuenta de que un porcentaje de la fuerza laboral se separaba de sus empleos en forma voluntaria sin que mediara algún conflicto laboral aparente con el empleador. Le bastó esa información, acompañada de otros indicadores de carácter conductual, y así, en plena pandemia, vaticinó una gran renuncia a las fuentes de empleo en el corto plazo. Pasó el confinamiento y sus pronósticos se cumplieron a cabalidad.
En Estados Unidos, de acuerdo con la Oficina de Estadística del Trabajo, a finales de 2021 el abandono de la faena laboral formal ascendió a 20 millones de trabajadores, que ocuparon puestos en los sectores de ocio, servicios y comercio, más de 12% de la población trabajadora del país, que en ese mismo periodo fue de 154 millones de empleados, asalariados y trabajadores que laboraron por su cuenta. Así, la frase “la gran renuncia” se volvió un referente en la literatura organizacional y económica, teorías que tratan de explicar los factores conductuales, económicos y sociales que incentivan a la población productiva a dejar sus trabajos.
La gentrificación y la gran renuncia habían permanecido “aletargadas”, pero gracias a la pandemia se visibilizaron y se convirtieron en acicates para revisar las políticas salariales y de prestaciones sociales formuladas por los gobiernos y empresas.
Los factores más comunes en el abanico de demandas sentidas de los trabajadores, y que se han recabado en las encuestas aplicadas en el mercado laboral estadunidense, se pueden sintetizar en buscar el equilibrio entre la jornada laboral y las actividades dedicadas a la atención personal y familiar, por supuesto, fuera del centro laboral. Otra de las expectativas de los trabajadores tiene que ver con el salario emocional, que apela a un trato respetuoso y de reconocimiento de parte de los empleadores. El reconocimiento al que aspiran no es solo monetario, sino más amplio y ambicioso, pues comprende horarios flexibles, teletrabajo y autonomía en la toma de decisiones sobre el lugar de trabajo y la forma de realizarlo. ¿Peticiones inalcanzables?
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