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La guerra del fentanilo

Por Jorge Castañeda

Hace 5 años

Salvo por el caso Cienfuegos y las declaraciones recientes del exembajador de Estados Unidos en México, el tema del tráfico de drogas entre México y nuestro vecino del norte no ha ocupado las primeras planas de los periódicos, ni la atención de ambos gobiernos.

La migración, la puesta en práctica de –y las violaciones mexicanas a– el T-MEC, parecen dominar la agenda. Eso puede estar cambiando.

Hace unas semanas vino a México una delegación de nivel medio de funcionarios de seguridad de EU, para tratar explícitamente esos temas. Visitaron la Secretaría de Relaciones Exteriores, encargados del Consejo de Seguridad Nacional, de la DEA, de Homeland Security y del Departamento de Estado.

Gracias a la acostumbrada perseverancia, sagacidad y perspicacia de los medios mexicanos, no supimos gran cosa de qué hablaron los de Washington con sus contrapartes militares y de seguridad mexicanos, pero un medio extranjero nos dio tal vez algunas luces.

The Economist publicó un largo artículo sobre la nueva crisis de los opioides en EU. Empieza por las cifras.

Durante los 12 meses que concluyeron el 1 de octubre del 2020, fallecieron más de 90 mil personas de sobredosis de opioides en la Unión Americana, 30% más que el año anterior, y una cifra superior al número de víctimas mortales de accidentes automovilísticos y de ejecuciones con armas de fuego. Esto después de una caída (en 2018, a 65 mil decesos) frente a los años pico anteriores (2017, a 70 mil). De esos muertos, casi 60% fueron por sobredosis de fentanilo o de otros opioides sintéticos (a diferencia de heroína, una de las principales causas de deceso hace cinco años). El incremento fue de 57% en un año.

Ahora bien, esta sustancia, de enorme potencia, aún en microdosis, que comenzó a llegar a tierras norteamericanas, y a ser consumida sobre todo por varones blancos y mayores del noreste de Estados Unidos, provenía de China.

Era fácil de enviar por Fedex o DHL, incluso con cierta legalidad, ya que los ingredientes químicos que componen el fentanilo podían reclasificarse por las autoridades chinas, cada vez que los estadunidenses presionaban para prohibir algunos productos. Pero ya en el último año del Gobierno de Trump, Beijing decidió cerrar por lo menos un frente con Washington y aceptó prohibir todos los envíos de fentanilo a EU.

Los productores chinos vieron el mapa y concluyeron lo mismo que millones de migrantes, contrabandistas y narcotraficantes desde hace más de un siglo. Había que mandar el fentanilo o los químicos para fabricarlo en México, para de allí despacharlo a EU, utilizando, de ser posible, las mismas rutas, los mismos cárteles, las mismas redes dentro de EU.

Todo esto lo sabía López Obrador (en parte por eso metió a la Marina a administrar los puertos). Pero Trump se hizo siempre de la vista gorda; a Biden le cuesta más trabajo. Y las consecuencias para México serán mayores: primero porque Washington no puede ya ignorar el tema, a pesar de la ayuda de López Obrador contra los centroamericanos.

Y segundo, porque como en los 80 con la cocaína, y en la segunda década de este siglo con la heroína, la aparición de un nuevo mercado allá, genera un nuevo impulso aquí.

O por lo menos eso dice The Economist.

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