Nacional
Hace 2 horas
POR: MAURICIO MESCHOULAM
Distinguir las potenciales repercusiones de una guerra cuando las hostilidades están en pleno desarrollo es complicado: nos falta perspectiva y desconocemos no sólo la duración del conflicto, sino también sus resultados finales. Aun así, ya es posible dar dos pasos atrás e intentar observar un plano más amplio. Acá algunas primeras lecciones.
Tácticas de guerra y errores de cálculo en la era actual. La capacidad de los drones para infligir daños en conflictos asimétricos no era desconocida, pero Irán fue subestimado en este rubro. EU y sus aliados del Golfo se prepararon principalmente con sistemas como los misiles Patriot (de muy alto costo y abasto limitado) para defenderse de drones iraníes (mucho más baratos y fáciles de producir). No fue sino hasta varias semanas después de iniciada la guerra que se solicitó apoyo a Ucrania al respecto y aun así, EU e Israel están lejos de eliminar la amenaza de los drones (y misiles).
El poder de la asimetría. Aquí, el factor central consiste en la capacidad que ha mostrado Irán para elevar los costos de la guerra no sólo para esos actores sino a nivel global. Esto incluye provocar disrupciones en la energía, generar un sentimiento generalizado de caos y riesgo, y, con ello, exhibir su determinación para resistir frente a enemigos muy superiores.
Globalidad, dependencia de recursos y cuellos de botella geopolíticos. Lo anterior se vincula también con el grado en que nuestras economías globalizadas e interconectadas dependen hoy de recursos, rutas de abasto, cadenas de suministro, tráfico de datos y posiciones geográficas estratégicas. En ese contexto, se producen cuellos de botella geopolíticos que resultan críticos para el funcionamiento de esas economías, y que otorgan un enorme poder a quien controla esos espacios.
El petróleo y el gas. En concreto, la posibilidad de un cierre del Estrecho de Ormuz ha existido desde hace años, pero tras varias semanas de conflicto, el mundo parece estar despertando a una realidad que no fue suficientemente sopesada. La guerra en Medio Oriente está recordando que, además de temas como los minerales críticos o semiconductores, el petróleo y el gas continúan teniendo un peso determinante.
Más allá de la región. Si esta guerra buscaba exhibir la determinación de EU para desplegar su vasto poder, y enviar un mensaje a otros rivales de Washington como Moscú o Beijing, ese propósito deberá ser examinado en el futuro. Hasta ahora, es posible que el mensaje transmitido esté siendo muy distinto al que se pretendía enviar, por decir lo menos. Por lo pronto, podemos hablar ya de Rusia como una de las principales beneficiarias por los precios de la energía sin mencionar el efecto negativo que la guerra está teniendo sobre la OTAN. China resulta impactada negativamente por las alzas y el posible desabasto de energía, pero, en otro plano, Beijing está observando y estudiando con detenimiento las vulnerabilidades estadunidenses: la velocidad con la que Washington está consumiendo proyectiles y recursos en una región lejana a la suya, los vaivenes en la definición de victoria por parte de EU, su inmersión en un conflicto sin una estrategia de salida clara y, ligado a ello, la tolerancia de Trump para sostener una guerra prolongada, asumir sus costos económicos y políticos, o bien, si su aversión al conflicto termina ocasionando su retirada sin haber obtenido la victoria total que ha prometido.
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