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Coahuila

La historia de un visionario saltillense

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 11 meses

Invitado por el candidato a presidente municipal de Torreón, el doctor Samuel Silva, a participar en su planilla, Nazario Silvestre Ortiz Garza pidió tiempo para pensarlo. “No tiene que pensarlo”, objetó el político.

“Tengo que pensarlo”, insistió el joven Ortiz Garza, “pues quiero dejar bien organizados mis negocios, porque me quiero dedicar por entero a la política y quiero ser gobernador de mi estado y, si se puede, Presidente de la República”.

El doctor Silva sonrió y se rascó la cabeza, diciendo “¡Ah qué Nazario!”. Corría 1921, la primera cuarta parte del siglo pasado.

Don Nazario se postuló para las siguientes elecciones y fue alcalde de la ciudad de Torreón, luego fue presidente municipal interino en Saltillo, cargo al que renunció para lanzarse como candidato a Gobernador del Estado y ganó la elección en 1929. Recibió un telegrama del doctor Silva, cuyo texto decía: “yo no pensé que usted lo lograría, ¡lo felicito!”.

Esta es una parte de la historia de un hombre que, como los grandes, comenzó desde abajo y llegó a la cumbre, debido a su pasión por el servicio público.

Él formó parte de aquellos muchachos empleados del dueño de una ferretería saltillense, don Dámaso Rodríguez, entonces la empresa de mayor prestigio y surtido en el estado y en el norte del país. Entre otros figuraban Isidro López Zertuche, que luego al cierre de este negocio puso su propia ferretera, pilar de lo que ahora conocemos como Grupo Industrial Saltillo, así como Segundo Rodríguez Narro.

Fue uno de los gobernadores que mayormente se recuerdan en Coahuila, por su obra pública. Autor de los edificios del Atento Fuente, la Escuela Coahuila y la Escuela Álvaro Obregón, la carretera Saltillo-Piedras Negras y otras que sería largo enumerar a lo largo y ancho del territorio coahuilense. Fue secretario de Agricultura, diputado y senador de la República; primer director del antecedente de la Conasupo, una especie de reguladora del comercio de abarrotes, cuando algunos productos alimenticios, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, escaseaban en el país.

Su prestigio como empresario, agricultor y vinicultor, lo llevaron a ocupar cargos no sólo en el ámbito político nacional, sino en la Iniciativa Privada, como cuando fue electo presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, de los vitivinicultores del país o de los artesanos.

Creo que le hice tal vez la última entrevista de su vida, contaba él con 97 años y muy lúcido contestó a todas mis preguntas, me dijo que desde 1920 inició su carrera política y empresarial, que la mayor satisfacción le quedó cuando fue gobernador del estado.

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