Internacional

Publicado el miércoles, 10 de junio del 2026 a las 01:08
Kiev.- Valeria Khimitch tenía 19 años cuando Rusia lanzó su invasión a Ucrania. Cuatro años después, esta joven de 23 años sobrevivió un intento de suicidio en una gélida noche de febrero, sola, en la oscuridad de un nuevo corte de luz.
Su historia no es un caso aislado. Según el Comité Internacional de Rescate, cerca de 15 millones de ucranianos —aproximadamente la mitad de la población— necesitarán apoyo psicológico en 2026.
Un quiebre acumulado
La psicóloga Tetiana Dzysyak, de la Asociación Nacional de Psicología, explica que tras más de cuatro años de conflicto, las tensiones acumuladas encierran a muchos ucranianos en un “túnel cognitivo” donde toda perspectiva desaparece. “La guerra priva al individuo de su confianza fundamental en el futuro”, señala.
El invierno de 2025 marcó un punto crítico. Con temperaturas de hasta -20 °C, Rusia intensificó sus ataques contra infraestructuras energéticas, dejando a Kiev sin calefacción, agua ni electricidad durante semanas. El aislamiento que provocaron los cortes de luz agravó el estado emocional de miles de personas.
Las cifras del colapso
Antes de la invasión de febrero de 2022, la línea de ayuda Lifeline Ukraine recibía alrededor de mil llamadas mensuales. Para septiembre de 2025, esa cifra había escalado a 6 mil 500. Sin embargo, el servicio tuvo que suspender operaciones por falta de financiamiento estadounidense.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que al impacto psicológico de la guerra se suma una grave escasez de personal especializado. El sistema sanitario, ya frágil antes del conflicto, se satura rápidamente. En abril, el Ministerio de Salud introdujo un protocolo para el manejo de conductas suicidas con el fin de alinearse con estándares internacionales.
La salud mental sigue siendo un tema tabú en el país, donde persiste la desconfianza hacia un sistema heredado de la época soviética. Valeria misma rechazó en un principio cualquier ayuda médica por temor a ser considerada “loca”.
Una recuperación posible
Hoy, Valeria camina bajo el sol de la primavera en un parque de Kiev y habla de proyectos, nuevos amigos y sus ganas de aprender a patinar. Encontró apoyo principalmente en el oído atento de una amiga. “Cuando estoy afuera, cuando veo a la gente, me resulta mucho más fácil”, dice. “No estoy sola en este mundo”.
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