Coahuila
Hace 3 años
Para bien o para mal, la revelación del proceso electoral 2022-2023 en Coahuila se llama Ricardo Sóstenes Mejía Berdeja. Y no, de acuerdo con la encuesta de Berúmen y Asociados para Grupo Zócalo publicada el jueves pasado, no ganará la elección de Gobernador.
La muestra final observa un 12% de preferencia electoral a su favor, que no es poca cosa, pues equivale a 170 mil votos estimados con una participación del 60% de la lista nominal. Pero es insuficiente.
Particularmente cuando del 15 al 19 de mayo, fecha del levantamiento y recolección de datos, es decir, a escasos 15 días de la jornada electoral, su desconocimiento en la entidad era del 65%. En otras palabras: 65 de cada 100 ciudadanos no lo identificaba ni había escuchado hablar de él.
En seis ejercicios realizados por la firma demoscópica para la casa editorial, el primero de ellos en junio de 2022, se midió el mismo factor. Así pasó de un 11% inicial de conocimiento, al 35%. Un crecimiento de sólo 24 puntos en 11 meses pese a los actos anticipados de campaña y propaganda personalizada que cometió el año anterior.
No hay que ser una lumbrera para concluir que los 17 años sin residir en el estado, pese a su origen torreonense, resultaron un pesado fardo.
Sin embargo, sin así desearlo, su papel en todo ese tiempo como recalcitrante opositor sirvió de pegamento para indignados y catalizador de resentidos, gestando un fenómeno social que bien podría tomar forma como corriente política minoritaria, aunque ruidosa, y trascender la coyuntura de la elección actual: el Berdejismo, nombrado así bajo la lógica de que toda corriente populista invariablemente adopta el nombre de su líder providencial (Estalinismo, Chavismo, Obradorismo) y una fe religiosa en él.
Y aquí viene lo interesante: su ideología. Si el Obradorismo es en esencia fanático, el Berdejismo es fundamentalista; va más allá. Si los Obradoristas desconocen sistemáticamente las reglas, pues el régimen les inflama la vena autoritaria, los Berdejos dicen quítate, que ahí te voy.
Así la secta color guinda encontró en Mejía la horma de su zapato. A su némesis. No hay piso parejo en la comparativa, desde luego, aunque tampoco se le sobredimensiona por una razón: vació de contenido al emblema, despojándolo de sus características intrínsecas, dejándolo sin sustancia ni materia aglutinante. Si es incapaz de avivar el resentimiento, su combustible social, Morena no es más que clientelismo rapaz.
La cruzada de Sóstenes todo el tiempo, durante los últimos 16 meses desde que emprendió su incursión, ha sido la misma: someter a las circunstancias, no someterse a ellas.
Es la teoría encarnada del politólogo argentino Ernesto Laclau, quien en “El futuro de la democracia radical” (2005) escribió que “el pueblo es un significante vacío, sin fundamento en ninguna estructura social, y está basado exclusivamente en la capacidad del líder de explotar la insatisfacción de grupos diversos y movilizar la voluntad de las masas, las cuales creen que carecen de representación adecuada porque los partidos políticos existentes ignoran sus reclamos”.
Justo lo que sucedió en el proceso electoral 2022-2023 de Coahuila. El PT sólo tuvo que prestarle su cascarón rojo con amarillo.
La política, no obstante, es circunstancia. Y aplasta. Una vez fue desplazado por Morena en la contienda interna para designar candidato a Gobernador, a los pocos días creó en paralelo al plano nacional un membrete que le serviría de coartada para mantener viva la idea que había sembrado ya en un colectivo: el “Movimiento Coahuilense por la Cuarta Transformación”.
Luego de ser reconvenido en un par de ocasiones públicamente por el Presidente de la República para no usar la marca que considera propia, quitó el apellido insignia y acortó el nombre a ‘Movimiento Coahuilense’.
En ese sentido la inercia y las condiciones están dadas para su permanencia en Coahuila por lo menos hasta la coyuntura electoral de 2024, la cual representaría entonces un punto de quiebre para su causa: o se consolida y logra posiciones políticas, a partir de las cuales pueda construir un proyecto a futuro, o se desvanece la flama con el paso de los días y entre 2025 y 2026 poco a poco desaparece, ya que no habrá elecciones esos dos años.
Cortita y al pie
Socarrones, los Berdejos habían evitado en todo momento dirigir sus críticas al Mandatario presidencial a sabiendas de ser el artífice de la estrategia que dejó fuera de toda posibilidad a Ricardo, encauzándolas de manera sistemática contra la dirigencia estatal y nacional del partido; todavía con la esperanza de que cambiase la decisión en alguna fase del proceso, apostando a que el hilo siempre se rompe por lo más ‘”Delgado”. Mario Delgado, en este caso.
Nunca bajaron el tono y por el contrario, conforme avanzó el calendario, fueron aumentando las diatribas hasta llegar al residente de Palacio Nacional, en quien hoy se centran en el entendido que no hay marcha atrás en su postura y el tiempo se agota.
La última y nos vamos
Por lo demás, ya para que tenga que intervenir el titular del Ejecutivo y desacreditar a su estilo públicamente al líder de los Berdejos, es que ha escalado el conflicto a niveles insospechados. Y ya para que Morena parezca moderado a lado del Berdejismo, es que tenemos un grave problema.
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