“El falso ecologismo es un pensamiento reaccionario funcional al imperialismo, una de las formas más perversas del antidesarrollo.”
C. Scaletta
La soberanía energética es un proyecto vinculado al desarrollo nacional que permite a cada país definir de una manera autónoma la ruta para el desarrollo y abasto en la materia.
Desde las declaraciones hechas por la candidata Xóchitl Gálvez en Cadereyta, Nuevo León, anunciando el cierre de esta refinería y la de Tampico, se hace evidente el entreguismo disfrazado de ambientalismo por parte de los conservadores. Los datos son otros y contrastan con el legado de sus gobiernos que desmantelaron el patrimonio público y entregaron a empresas extranjeras, la administración y gestión de la energía por un lado y por otro desconocieron derechos laborales, como es el caso de los trabajadores de luz y fuerza del centro.
No hay manera de afirmar que la refinación de petróleo sea la mayor fuente de contaminación en México. De acuerdo con el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, este genera 1.2% de las emisiones contaminantes, mientras que el transporte y la generación de energía a través de combustibles fósiles como el carbón representan el 40 por ciento.
Primero hay que diferenciar las partículas PM 2.5 con más facilidad de llegar al torrente sanguíneo de las partículas PM 10 en este rango de contaminación. Respecto de las primeras, la refinería de Cadereyta representa el 6.4% de las emisiones contaminantes y del segundo el 8.2% contra, por ejemplo, el 87% de monóxido de carbono, del cual son responsables los transportes de pasajeros. Además del costo millonario de una reubicación o del simple cierre habría que agregar el impacto para la vida de 3 mil 500 familias que dependen de ella, así como del 15% de la producción nacional de refinación que, sumada a la de Tampico, sería el 25% de la producción nacional.
El discurso pseudo ambientalista viene desde hace cuatro décadas; inició con el informe del club de Roma y la conferencia de Estocolmo de 1972, fueron desvaneciéndose durante las conferencias mundiales de la cumbre de Rio dos décadas después.
El conservadurismo es una guerra contra la humanidad y la naturaleza, llevada a cabo por una minoría neoliberal que oculta la doble explotación, parecería en principio contradictorio que la agenda ultraconservadora sea compatible con la agenda ambiental; y es que el propósito es frenar los proyectos de soberanía energética, como el de la cuarta transformación, que está llevando a cabo un proceso de rescate y modernización, donde también se incluye el impulso a la transición energética. Así, el plan Sonora, la nacionalización de litio, la explotación responsable del petróleo, como ejercicio de un derecho de la nación y del pueblo de México, a tomar sus propias decisiones respecto a la generación, distribución y consumo de energía.
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