Arte

Publicado el martes, 21 de mayo del 2024 a las 04:13
Saltillo, Coah.- Uno debe de pensar todo en función de la historia”, dice Carlos Velázquez. “Saber qué sí y qué no debe ser narrado, porque no todo vale la pena contarse”, agrega. Es por ello que “antes de enfrentarse a la página, un escritor debe de tener todo pensado sobre su historia, un mapa”, así los personajes podrán estar al servicio de la trama, porque “hay escritores que tienen muy buenos personajes pero muy malas historias”.
En su caso, apunta, siempre se acerca al personaje para conocerlo aunque con una distancia que le permita seguir moviéndolo por su universo narrativo. “Es difícil encontrar el punto medio en el que te acercas a tu personaje, pero que también te alejas de él, porque él no soy yo. Él tiene sus propios problemas”.
Así puede leerse en su más reciente libro de relatos El Menonita Zen (Océano, 2023), en el que sus personajes excéntricos, periféricos y raros se encuentran de frente con un mundo que los bloquea con un muro de silencio, que no les habla pero que tampoco los escucha, así que buscan escucharse a sí mismos o, en su defecto, obligar a que alguien más los oiga.
Compuesto por siete relatos, el libro más largo hasta ahora de Velázquez, pone a sus personajes a intentar dialogar con los otros por medio de la estridencia. En El Fantasma de Coyoacanistán, cuento que abre el libro, por ejemplo, el fantasma de un rockero acosa a una pareja que no puede entenderse conforme pasa el enamoramiento. En el segundo cuento, El Código del Payaso, Velázquez lleva al límite a su personaje central al presentar a un hombre bulleado por su hermano mayor a tal punto que este termina casándose con la esposa del primero, en un sórdido cuento de humor negro que se cierra con ruido blanco, un zumbido sordo como banda sonora del fracaso; o también en La Biografía de un Hombre es su Color de Piel, en la que un músico busca el exilio ante los excesos de la fama.
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Estos personajes son un reflejo de lo que pasa en nuestra realidad en cuanto al hecho de la incomunicación, pero no viendo la comunicación como una virtud. En este caso, creo, están respondiendo a los impulsos de la época porque ahorita el individualismo no es una manera de aplastar al otro, sino una forma de ver que en medio de este barullo estamos solos y tenemos que salir adelante a través de nuestra propia circunstancia; eso está en estos personajes.
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Creo que lo que ocurre con mis textos es que hay una especie de clarividencia inconsciente de que el mundo deja cada vez menor para la experiencia colectiva aunque parezca lo contrario. Y los personajes tienen que sobresalir a través de sí mismos a pesar de su circunstancia personal”, comentó Velázquez a Zócalo.
Esos seres que gritan sin que nadie los escuche se mueven por un mundo que tampoco busca escuchar, pues está sumido en un delirio personal. Si en La Biblia Vaquera, libro que le dio relevancia nacional a Velázquez, la locura del norte de México se desbordaba, en este libro apuesta por un universo más concreto y conciso, en el que realidad y ficción se mezclan llevando las situaciones al límite.
Así funciona en, por ejemplo, Discos Indies Unidos S.A. de C.V., en el que la mala suerte de un productor musical desgarra la felicidad de sí mismo, sus amigos y su familia, o La Fitness Montacerdos, en la que una mujer es adicta a dos cosas: el gimnasio y a los hombres obesos. Mostrando así algunas de las obsesiones de Velázquez que permiten unir a este libro con los otros de su universo, como La Marrana Negra de la Literatura Rosa o Vendedor de Pollo Frito.
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El relato tiene la capacidad de sintetizar toda una vida en unas cuantas páginas. Contar la vida de uno de esos sujetos es lo que me gusta del cuento. Pero también creo que lo que ofrecen los universos así es la posibilidad de no perder la capacidad de asombro, ni la de observación. Porque hay que mirar al rededor para ver que historias sobran. Creo que hay muchos escritores que cada vez están más negados a utilizar la imaginación”, comentó el también cronista.
Volar sobre otros géneros
Por último, El Menonita Zen es, también, un libro que abre el cerco para que Velázquez paste por nuevos géneros del cuento. Si ya había trabajado el western de fantasmas en el cuento El Resucitador de Caballos, ahora aborda la ciencia ficción rural con Sci Fi Ranchera, en el que un hombre enfrenta a invasores del más allá, o lo fantástico en el cuento que da nombre al libro, en el que un menonita se desplaza por los cielos de Chihuahua. Géneros que le permiten a Velázquez continuar con su humor punzante, corrosivo y acelerado como canción punk.
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Es algo curioso porque soy un consumidor casi del 90% de literatura realista. Soy muy mal lector de ciencia ficción, he leído todo Philip K. Dick y algunos libros de Ray Bradbury, pero quizá es lo único. De la literatura de fantástico también soy pésimo, quizá alguna antología. Pero sí he leído mucho a Borges, que es donde encontré la capacidad de desdoblarse y trastocar la realidad. Y por una cuestión que no tengo presente he ido dando estos giros, pero es porque no he querido caer en los mismos huecos que ya están ocupados por los relatos anteriores. Entonces si en la página me funciona poner a un menonita volar, lo voy a hacer”, concluyó Velázquez, quien apunta que este libro inaugura su nueva etapa con editorial Océano, en donde se reeditarán todos sus libros, incluyendo el primero, Cuco Sánchez Blues, hasta su siguiente libro de relatos.
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