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La Liga Mexicana de Beisbol en Saltillo, desde la óptica de las 6P

Por Federico Muller

Hace 10 horas

A la memoria de Orestes Gómez Ramos

 

 

Pagos

La temporada 2026 de beisbol inició con cambios notables para los aficionados habituales del Estadio Francisco I. Madero. Para adquirir bebidas y alimentos dentro del inmueble, el consumidor ya no tiene otra opción más que utilizar una tarjeta recargable o la aplicación móvil Mycashless. Una vez dentro del estadio, ni el efectivo ni las tarjetas bancarias de crédito o débito son aceptados como medios de pago. El sistema funciona mediante terminales punto de venta que registran la compra y descuentan el monto del saldo disponible en la tarjeta. Esta se adquiere en los módulos instalados en el estadio por un precio de 30 pesos y es recargable las veces que el usuario lo desee.

Mycashless es un sistema de pagos sin efectivo desarrollado por emprendedores mexicanos antes de la pandemia. Ha tenido especial éxito en eventos musicales masivos de la Ciudad de México y fue implementado por primera vez en un estadio de beisbol en Guadalajara. Los resultados han sido muy positivos: las ventas se incrementaron de manera significativa, lo que probablemente motivó a los dueños del equipo de Saltillo a adoptarlo. Equipos como los de Tijuana, Monterrey y Ciudad de México también han incorporado sistemas cashless en sus estadios, aunque con algunas variantes respecto al modelo saltillense. Al monopolizar las compras a través de un único sistema de pago, el club asegura un mayor control y potencial de consumo a lo largo de toda la temporada. No obstante, al finalizar la misma, los saldos restantes de las tarjetas son reembolsados a los aficionados.

 

Porra

Algunos aficionados -más refinados- prefieren llamar “sarape cheer” a la tradicional porra verde. Se trata de un grupo de jóvenes, muchas de ellas con figuras moldeadas por el gimnasio, el ejercicio constante y los ensayos realizados durante la semana, que permiten al público disfrutar de variadas coreografías a lo largo del juego. En ocasiones animan a la afición colocándose cerca de la almohadilla de tercera base.

En ese aspecto, el club es particularmente exigente en la selección de las integrantes de la porra: para portar el pantalón corto y el jersey verde resulta indispensable mantener determinada condición física, no rebasar los 30 años de edad y contar con una estatura mínima de 1.65 metros. La remuneración que reciben oscila entre los 500 y mil 500 pesos por presentación en el parque. La energía y pasión que transmiten en cada coreografía contribuyen de manera importante a la experiencia del espectador, ayudando a compensar -incluso en las tardes menos favorables- el desempeño de la novena saltillense, conocida también como el Dragón del Norte.

 

Pizarra

En la parte posterior del parque, a más de 400 pies de la caja de bateo, se levanta la pantalla–pizarra led, de manufactura oriental. Desde prácticamente cualquier rincón del estadio pueden apreciarse las imágenes y estadísticas que proyecta durante el desarrollo de los encuentros. Entre las innovaciones tecnológicas que la distinguen de las pizarras que le precedieron, destaca el registro inmediato de la velocidad -en millas por hora- de cada lanzamiento que recibe el receptor detrás del plato. Sustituyó así al antiguo radar de operación manual, utilizado antaño para medir la rapidez con que el pitcher enviaba la pelota al home. La pantalla también proyecta, en tiempo real, imágenes de los asistentes a cada partido. Aunque originalmente no fue diseñada para exhibir el comportamiento del público dentro del estadio, esta práctica extradeportiva ha despertado un creciente interés entre los aficionados. Quizá porque ayuda a compensar los inevitables tiempos muertos que se producen inning tras inning. Precisamente para reducir esas pausas -o al menos aminorarlas-, en la barda del jardín central aparece un reloj digital que contabiliza los segundos que el pitcher tarda entre lanzamiento y lanzamiento, reforzando la dinámica del juego.

 

Plaza

En los últimos años, la asistencia a los estadios de la Liga Mexicana de Béisbol ha mostrado un crecimiento sostenido. Durante el primer mes de la temporada 2023 se contabilizaron poco más de 1.1 millones de aficionados; para 2024 la cifra ascendió a un millón 346 mil, lo que representó un incremento superior al 20 por ciento. En plazas como Ciudad de México, Monterrey y Tijuana, el aumento en la afluencia confirmó el renovado interés del público por el beisbol profesional mexicano. En Saltillo, el Estadio Francisco I. Madero ha recibido entre 4 mil 500 y 6 mil aficionados por juego en las tres últimas temporadas, lo que coloca a la plaza saltillense en la mitad de la tabla de asistencia de la LMB. Las plazas con mayor población y dinamismo económico, suelen albergar a los equipos más competitivos y taquilleros del circuito.

 

Perfil

Los aficionados saltillenses reafirman, para algunos observadores, una cosmovisión provinciana y aspiracional al conservar -por herencia familiar o por imitación- el interés por las estrategias trazadas por el manager, la calidad del pitcheo, el desempeño de los novatos y las estadísticas del juego. Ese conocimiento técnico del deporte les permite comprender y disfrutar cada buena jugada producida tanto en el cuadro como en los jardines, independientemente de que sea ejecutada por el equipo local o el visitante. La tradición termina convirtiéndose en lealtad no sólo hacia el club, sino hacia el beisbol mismo, aunque sin renunciar a la crítica constante sobre el desempeño de la novena local.

Después del año 2000 comenzó a consolidarse otro tipo de asistente: el espectador que acude al parque buscando, además del juego, un ambiente agradable para convivir con amigos y participar del espectáculo que rodea al encuentro. Sin dejar de celebrar los batazos de vuelta entera, este nuevo público disfruta la ritualidad contemporánea del estadio, coronada cuando el pelotero que conecta un cuadrangular recibe, al pisar el pentágono, un sarape colocado a manera de huipil como símbolo distintivo de la novena saltillense.

 

Partidos

Son nueve jugadores quienes visten la franela verdiblanca y que, según la percepción de algunos aficionados de viejo cuño, suelen mostrarse en los encuentros disputados en el estadio de casa con escaso ánimo competitivo, excedidos de peso corporal y poco comprometidos con la defensa de los colores que portan en el uniforme.

 

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