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La mujer dormida

Por Guadalupe Loaeza

Hace 3 dias

Gisèle Pelicot pasó 10 años dormida mientras la violaban más de 50 hombres con el consentimiento de su marido. Las pancartas, los lemas y las bombas de humo de las activistas feministas regresaron, esta vez frente al tribunal de Nimes. Una vez más, la gente hacía fila para entrar a la audiencia, incluyendo algunos espectadores del primer juicio que habían venido de la cercana Aviñón, donde se celebró el juicio inicial. Las cámaras y los micrófonos frenéticos habían regresado, mantenidos a distancia por la policía. Y allí estaba de nuevo Gisèle Pelicot, con su flequillo recto, gafas de sol, elegancia y discreta sonrisa. Fue recibida con aplausos y gritos de “¡Gracias, Gisèle!” a su paso. La apelación en el caso emblemático de violación masiva en Francia se abrió el lunes 6 de octubre, más de nueve meses después del veredicto.

Su esposo no cobraba dinero a los hombres que invitaba para violar a Gisèle, de 73 años y madre de tres hijos, sin embargo ponía pequeños anuncios en las redes. A estos hombres violadores los llamaba “participantes” y mientras violaban a su mujer completamente drogada, él filmaba la escena. Antes de pasar al acto, les ofrecía una copa de vino y platicaba con ellos largo rato. En seguida los hacía pasar a la recámara donde yacía su mujer totalmente inerte. Fue así que acumuló centenas de filmaciones, fotografías y hasta comentarios obscenos de los supuestos agresores.

Para sus amigos y familiares, los Pelicot, casados desde hacía 50 años, eran la pareja ideal, armoniosa y espléndidos padres, pero un día le llamó el guardia de seguridad de un supermercado a la señora Pelicot para avisarle que habían pescado a su marido filmando por debajo de la falda de tres clientas. La policía le confiscó su celular y su computadora y es allí cuando estalla el escándalo. El señor Pelicot tenía centenas de fotografías y hasta recados obscenos. Cuando se lo comunicaron a su mujer, éste se angustió de tal manera que no le quedó más que admitirlo con el rostro cubierto de lágrimas. Una vez más su abnegada mujer lo perdonó porque para ella su pareja era una persona buena e impoluta.

Afortunadamente, Gisèle Pelicot acaba de publicar, junto con la periodista Judith Perrignon, un libro titulado: Et la joie de vivre (La alegría de vivir), un best seller que ha sido traducido en 22 idiomas, un testimonio íntimo donde se refiere a todo lo que padeció a lado de un hombre violador, explotador, pero sobre todo abusador de una mujer que no se daba cuenta que estaba siendo abusada, sin percatarse de absolutamente nada puesto que su marido la drogaba todas las noches.

El 2 de septiembre del 2024 fue el primer día del proceso, ella lo recuerda así: “cuando llego, donde se lleva a cabo el proceso público, me siento relajada, tengo la impresión de que soy muy digna, pero en realidad siento una angustia terrible, porque voy a descubrir por primera vez quiénes fueron los individuos que me violaron. Fue un momento muy doloroso y muy complicado de afrontar. trataron de desestabilizarme porque el 2 de septiembre descubrieron que me oponía a un juicio a puerta cerrada”.

Y explica por qué tomó esa decisión: “Atravesé la vergüenza en el momento de la revelación de los hechos el 2 de noviembre 2020 cuando me di cuenta de todo el horror que tuve que padecer. Me di tiempo de reflexionar a lo largo de cuatro años y pensé que no se trataba nada más de mí, había que pensar en las otras víctimas de violación que no se atreven a oponerse a un juicio a puerta cerrada porque sienten vergüenza y para nosotras esta es una pena doble, un sufrimiento que nos infligimos. Nunca imaginé que mi palabra encontraría un eco enorme y que sería comprendido más allá de las fronteras” (France Culture).

Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de cárcel. Gisèle no lo ha visto aún, sin embargo dice que quiere encontrarse con él cara a cara y preguntarle por qué. Cuando se refiere a él, lo sigue llamando “Monsieur Pelicot”, porque dice que es el padre de sus hijos y porque tuvo con él épocas muy felices. A raíz de todo este asunto se ha acuñado su frase célebre en un lema mundial contra la violencia sexual: “La vergüenza tiene que cambiar de bando”.

 

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