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Coahuila

La música, esa fuente inagotable

Por Joel Almaguer

Hace 6 años

Como saben algunos de ustedes, una de las actividades que realizo dentro del campo de la divulgación es la de impartir diplomados y seminarios sobre música y apreciación. Pues bien, este semestre que termina, he tenido la oportunidad de compartir con los miembros del grupo que dirijo, un seminario sobre compositores de la segunda mitad del siglo 20 y hasta la actualidad.

El resultado ha sido revelador para todos: La cantidad de compositores que viven sus años productivos hacia la segunda mitad del siglo, y aquellos que nacen en esta segunda mitad, es asombrosa. No solamente por su número, que ya es de por sí muy grande, sino por la calidad de sus obras. Es claro que nos enfrentamos aquí a una revelación: hay tantos compositores que no podríamos escucharlos cabalmente a lo largo de nuestra vida.

Y no solo esto, sino que se han derrumbado algunos clichés y prejuicios al rededor de la música del siglo 20 y es que no nada más existe ruido y música que no vale la pena escuchar. Nada más alejado de la realidad. Existe una gran cantidad de autores que vale la pena escuchar.

Para muestra varios ejemplos de los que hemos escuchado: El polaco Henryk Górecki es quizás el más conocido de esta lista, y aún así poco escuchado; Peteris Vasks, un compositor de texturas sonoras complejas, pero fascinantes para escuchar y que nos hacen pensar en la simplicidad como algo verdaderamente complejo de lograr; John Adams y sus obras operísticas y sinfónicas que usan el minimalismo y lo llevan a un nuevo nivel.

Nils Frahm, Ólafur, Johannes Jóhannsson, compositores que tienen en común la profundidad musical del conjunto de cámara, la música electrónica y las texturas sedosas de pianos intervenidos. Judd Grennstein y los polirritmos que provocan un movimiento singular; Mason Bates y la música de DJ en el ambiente sinfónico.

Cheryl Frances-Hoad y las melodías dulces, divertidas y escalofriantes en ocasiones; Anna Thorvaldsdóttir y la complejidad que nos demanda antención, pero que no es hueca, sino llena de significado; Ann Cleare y sus ambientes casi cacofónicos que nos recuerdan a los experimentales Berio o Nono, pero con una cualidad muy refinada.
La dulzura de Alma Deutscher, Missy Mazzoli y sus maravillosas obras vocales en conjunto orquestal; Dobrinka Tabakova y la música que nos lleva al infinito y nos eleva; Nico Muhly y la música de múltiples influencias que conviven armoniosamente. En fin, la música, esa fuente inagotable de vida y asombro.

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